Evangelio del Día

Ordinario - A - 33 19 noviembre 2017

 

Evangelio según Mateo (25,14-30)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

14 –Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: 15 a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. 16 El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 18 En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

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Primer Domingo de Adviento. Ciclo C

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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Primer Domingo de Adviento. Ciclo C

¡PREPARADOS…!, PORQUE ALGO NUEVO SE VISLUMBRA

¡Preparados, listos, ya!. Con estas sencillas palabras con las que empieza la reflexión, solemos dar la salida en multitud de juegos, competiciones, acciones y otras muchas cosas. Con ellas queremos expresar la necesidad de que para empezar a hacer algo hay un periodo de tiempo que nos va acondicionando para ello, situándonos con todas nuestras energías concentradas en la acción a realizar. Pues bien, ésta es la ocasión para volver a recordar esas palabras y hacer que nos conecten directamente con el nuevo año litúrgico que ahora inauguramos, donde, semana a semana, nos dejaremos iluminar y guiar en esta “carrera” del seguimiento de Jesús, por el evangelista San Lucas, compañero de San Pablo, posiblemente médico (Col 4, 14) y de Antioquia de Siria, para descubrir la ternura de Dios y al Dios de la misericordia. También descubriremos a Jesús como el amigo de los pobres, los enfermos, los proscritos, las mujeres, por los que nos pide atención y justicia como signo que comunica vida a la comunidad cristiana.

 

En este primer domingo de Adviento, decimos ¡preparados!, y miramos esperanzados hacia delante, poniéndonos en camino y siendo peregrinos hasta llegar a la Cueva de Belén. Salimos al encuentro del Señor que viene y le esperamos para que él nos escuche y atienda nuestras súplicas porque anhelamos la paz y buscamos la justicia (Jer 33,14-16). “A ti, Señor, levanto mi alma” respondemos con fuerza al proclamar el salmo en la celebración de hoy, porque Jesús también sale a nuestro encuentro, se hace el encontradizo, esperando de nosotros que cambiemos de actitudes y que cambiemos de vida. “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame porque tú eres mi Dios y salvador” (Sal 24,4-5). Dios justo, es el Dios que mantiene la promesa a favor de su pueblo. Es un Dios que no falta a la palabra dada. En el fondo, la justicia es el mismo rostro de su misericordia.

 

Y mientras nos preparamos, San Pablo, como a los fieles de Tesalónica, nos anima a vivir en el amor mutuo para que cuando venga el Señor, ¡que viene! “os presentéis santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre” (1ªTes 3,12-4,2), con actitudes de vigilancia y oración, “siempre despiertos, pidiendo fuerzas en todo momento para escapar de todo lo que va a venir y poder así manteneros en pie ante el Hijo del hombre” (Lc 21,36). Es la misma recomendación que hace Jesús a sus discípulos, en Getsemaní, para inmunizarlos contra el peligro de caer en la tentación (Lc 22,40-46). Así, los cristianos, impulsados por el Espíritu, damos testimonio de Jesús en medio de este mundo. Es el tiempo de la Iglesia, y la santidad para el cristiano consiste en la realización de un programa de amor. Viviendo la dinámica del amor, hacemos presente, visible, palpable, aquí y ahora al Señor. “Procurad que vuestros corazones no se emboten por el exceso de comida, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”… es una sabia recomendación que nos hace hoy el Evangelio y que viene muy bien en este tiempo que se acerca.

 

Con un lenguaje lleno de imágenes inquietantes (lenguaje apocalíptico) se nos hace ver cómo el universo entero se convulsiona ante la venida del Mesías, pero no provocando miedo en nosotros, sino animando la esperanza en medio de la tribulación, con lucidez y responsabilidad. Vivimos cada día en la espera vigilante, lúcida, consciente, comprometidos totalmente en la vida de aquí abajo, no perdiendo de vista el objetivo último, la orientación final. Así pues, la esperanza que nos acompaña en este camino, es una esperanza purificada, orientada y creadora de amor. No es una espera vacía, sino una espera en la que tenemos mucho que hacer, -nos hace optimistas-, pues caminamos hacia un futuro mejor.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Párroco de la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

  1. ¿Qué signos de esperanza descubrimos a nuestro alrededor?

  2. ¿Cómo nos preparamos ante la venida del Mesías?