Vigésimo sexto Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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VIVIR SIN APARIENCIAS NI APARENTAR

 

Dice el profeta Isaías que la Palabra de Dios es viva y eficaz, y no volverá vacía, pues parece que se cumple constantemente; sólo hace falta estar atentos para descubrirlo. Así lo vivo y lo descubro en la Palabra de Dios de hoy, que quiere hacernos caer en la cuenta de lo importante que es vivir la vida sin aparentar, sino desde la profundidad del corazón y desde el compromiso profundo que supone dar tu palabra y corresponder con los hechos a esa palabra dada; pero, tengo la sensación de que esto nos cuesta mucho hacerlo siempre y que se nos quiere enseñar a vivir aparentando aquello que no somos ni hacemos, para quedar bien socialmente, aunque no sea lo correcto, porque nos produce miedo manifestarnos tal cual somos, pensando que así seremos más vulnerables. Solemos decir que haremos algunas cosas y, sin embargo, hacemos otras diferentes, porque queremos ser mejor que los demás y porque nos preocupa el quedar bien, las apariencias.

 

San Pablo exhorta a “no obrar por rivalidad ni por ostentación” –sino- “dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás” (Flp 2,1-11) y buscad el interés de los demás sin encerrarnos en nuestros propios intereses. Todo ello porque así fue el proceder de Cristo que “no hizo alarde de su categoría de Dios” (Flp 2,6), no utilizó su divinidad para ser más que otros, sino que pasó como un hombre cualquiera que busca hacer el bien a cuantos más mejor. A Jesús no le importaban las apariencias, sino la profundidad del corazón (Mt 21,28-32) y la fidelidad total, porque no le valen las medias tintas ni las falsas adhesiones. Ante su persona no cabe aparentar un seguimiento y adhesión que no se traduce en la vida práctica. Son las obras las que dan razón de nuestra fe, “por sus frutos los conoceréis”. También es esta la propuesta que hoy nos hace el profeta Ezequiel (18,25-28): es necesario convertirse a la justicia de Dios para acogerse a su promesa de vida. Y, conscientes de que esto no es nada fácil, pedimos al Señor, con el Salmista (Salmo 24) que nos enseñe a caminar por sus sendas ya que sabemos a ciencia cierta que su ternura y su amor son eternamente estables.

Caminar por las sendas del Señor supone fidelidad y valentía a una palabra dada, supone hacerse cargo de sus mismas opciones de vida, aunque en ello nos cueste la vida; supone mantenerse fiel en todo momento y cumplir con obras la palabra confesada; supone descubrir que los últimos serán los primeros, que “los publicanos y prostitutas –de cada momento histórico- nos llevan la delantera en el Reino de los Cielos”. Supone caer en la cuenta que vivir desde las apariencias y el quedar bien socialmente no nos lleva a ninguna parte ni llena de sentido la vida.

 

Por todo lo expuesto, descubro que la Palabra de Dios de hoy quiere hacernos caer en la cuenta de algo muy importante y serio. Así también lo entendió la comunidad de San Mateo: es el hecho de que hoy y siempre se hace necesario acompañar la palabra con obras, porque la palabra ha perdido mucha credibilidad, ya que se dice mucho, pero se hace poco o lo contrario a lo dicho. Si en otros tiempos la palabra dada era como un documento escrito, hoy, lamentablemente, nos fiamos poco o nada de ella si no la vemos por escrito y firmado, pues fácilmente se cambia de opinión y “donde dije digo, digo Diego”, sin preocuparnos de mucho más. Hemos llegado a tal situación que nos cuesta creer lo que se nos dice.

 

Jesús, consciente también de esta situación en la sociedad de su tiempo, entra en conflicto con aquellos que dicen mucho, pero hacen poco. Se enfrenta a los dirigentes religiosos y a los ancianos porque profesan una fe en Dios y hablan de un Dios amor que no se traduce en obras en esa dirección, sino en todo lo contrario, hasta tal punto, que llegan a deformar bastante la experiencia de Dios.



José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿Mi vida es coherente con la fe que proclamo de palabra?

 

 

 

  • ¿Qué esperanza despierta en mí la Palabra de Dios de este domingo?

 

 

 

  • ¿Quiénes son los “publicanos y prostitutas” en nuestra sociedad actual? ¿Creemos que nos llevan la delantera en el Reino de Dios?