Vigésimo séptimo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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UN CANTO DE AMOR

 

Dice una canción del centro ecuménico de Taizé que “Dios no puede más que dar su amor”, es decir, Dios es puro amor y esta es la forma de revelársenos. Por amor, creó los planetas, por amor creo el universo, las aves, los peces, etc. y, por amor nos creó hombre y mujer en igual dignidad. Es un Dios que se mueve por amor y por misericordia que son su esencia. Y, este es el hilo conductor de las lecturas de hoy.

 

“Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña” (Is 5,1-7) nos relata el profeta Isaías para hacernos ver el cuidado y mimo que Dios ha puesto para con su pueblo, aunque éste no respondió a lo esperado: “Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos” (Is 5,7). Pero, Dios no desatiende su obra, sino que continuamente envía mensajeros para restablecer la comunicación y el amor dado. Dios no puede contradecirse y por eso quiere dar nuevas oportunidades a quien esté dispuesto a acogerlas (Salmo 79). He aquí la historia triste de un amor no correspondido, pero también la manifestación de la soberanía de Dios por encima de todo, que da su amor infinitamente.

 

Así San Pablo recomienda a los cristianos de Filipo que si quieren ser fieles al Señor, la comunidad estará abierta al futuro viviendo en paz y en la acción de gracias, y buscando siempre lo que es noble y puro, “todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta” (Flp 4,8). Tened en cuenta todo aquello que favorece el amor y el cuidado de unos por otros, porque este es el deseo expreso de Dios manifestado en Cristo Jesús, su Hijo, que nos dejó el Espíritu para que nos acompañe y nos guíe siempre.

 

Pero, las resistencias humanas, las envidias, la pereza, el egoísmo y otros muchos pecados humanos, hacen difícil la misión, por lo que Jesús ha de estar permanentemente corrigiendo con dureza para que cambiemos y actuemos en otra dirección. Es lo que nos quiere hacer ver el Evangelio escuchado (Mt 21,33-43).

 

Este evangelio mantiene el ambiente de hostilidad de los dirigentes judíos contra Jesús que ya veíamos el domingo pasado. Le cuestionan su autoridad. Dios es el dueño de la viña que la cuida con mucho amor, mimo, cariño y esperanzas. Los labradores que matan a los mensajeros son los jefes religiosos y políticos que buscando sus propios intereses contravienen el plan de Dios y ponen resistencias.

 

Y, ahora me toca a mí tomar partido “¿qué hará con aquellos labradores?” Me toca pronunciarme y sentirme responsable de la historia en el lugar concreto que me ha tocado o he elegido vivir. Soy yo el protagonista a quien le corresponde el cuidado y mimo de la viña y del hijo del dueño de la viña. Me corresponde a mí definirme y no permanecer insensible ante los problemas que me rodean. El hacer la opción por Jesús y el Reino de Dios que él anunció, supone preocupación por lo que a las personas les ocurra. No puedo permanecer ajeno a las dificultades que padecen muchos trabajadores que no consiguen un empleo digno y que se les trata como mercancía; no puedo desentenderme de las muertes injustas que muchos hombres y mujeres padecen; no puedo mirar hacia otro lado cuando cerca de mí se producen abusos, injusticias, desprecios, humillaciones y abandonos; no puedo celebrar los sacramentos y gozar en cada celebración si luego eso no me sirve para implicarme más en las cosas que diariamente viven las personas; no puedo malgastar mis dineros sin previamente tener en cuenta a tantos hermanos y hermanas nuestras que pasan hambre y tremendas dificultades; no puedo decir que amo a Dios a quien no veo y, no amar al hermano que sí lo veo, pues sería un mentiroso. Así pues, optar por el cuidado de la viña me compromete a mimarla y quererla en todo momento pese a las dificultades y conflictos que ello pueda traer.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿De qué manera están respondiendo nuestra Iglesia y nuestras comunidades al encargo de Dios de dar buenos frutos?

 

 

 

  • ¿A qué nos está invitando y cuestionando la Palabra de Dios de este domingo?