Trigésimo segundo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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“SEÑOR, SEÑOR, ÁBRENOS”

 

Venimos diciendo en los comentarios anteriores que, el amor que Dios nos tiene, es un amor gratuito y que se nos da así porque sí, sin que nosotros tengamos que hacer nada. Pero, ¡por Dios! no se es bien nacido si uno no es agradecido, dice el refranero español. Por lo que no está de más, si también nosotros ponemos de nuestra parte y hacemos algo para corresponder a ese amor que Dios continuamente nos está dando. Esa es la actitud sabia y la sensata tan necesaria para muchos momentos de nuestra vida. Es la actitud que se alaba en las doncellas prudentes del evangelio de hoy (Mt 25,1-13) porque han sabido esperar en todo momento y no se han dejado vencer por la primera dificultad que se les ha presentado, sino que, más bien, han estado vigilantes, han mantenido la esperanza y la confianza en el Señor, en el esposo, que les había prometido que volvería en cualquier momento, aunque sin precisar la fecha exacta.

 

No importa que se duerman o no, pues “se puede y hasta se debe dormir, estando al mismo tiempo vigilantes. El abandonarse serenamente al sueño, dejando a un lado las ansias, preocupaciones, dolores, miedos, puede ser un signo de sabiduría”. El dormirse no es el problema, ya que las diez doncellas se habían dormido, sino que el problema es otro, es cuestión de vigilancia, para no dejarse sorprender, por lo que es muy necesaria la sabiduría de la que se nos habla en la lectura primera (Sab 6,12-16) y la que hay que buscar en todo momento, saliendo a la calle para encontrarla en lo imprevisible: “quien temprano la busca, no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada…”, es decir, “la sabiduría está pidiendo entrar en tu vida, formar parte de tu vida, ser acogida y custodiada por ti. Es buena porque te ayuda a comprender el valor de las cosas, el significado de los acontecimientos, la orientación de la vida”, te ayuda a reflexionar a pararse y garantizarse un espacio de soledad y de silencio tan necesarios en esta sociedad de las prisas y del usar y tirar las cosas como si no tuvieran valor.

 

El mismo Cristo, no pedirá que se renuncie al descanso, sino que se vigile, o sea, que se rompa con las actividades de la noche, con las obras de las tinieblas y nos revistamos con las armas de la luz, añadirá el apóstol Pablo. “Que nos abramos a la realidad del Dios de Jesús: un Dios alegre, que prepara un banquete de boda para recibirnos, capaz de comprender nuestras debilidades, que quiere nuestra felicidad”.

 

“Señor, Señor, ábrenos”, “no todo el que dice Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos”. ¡Claro que no!, es necesario poner de nuestra parte, tener una actitud permanente de ser responsables de lo que decimos y hacemos. Necesitamos corresponder a ese amor que Dios nos da siempre. Es importante madrugar, contemplar, recordar,… (Sal 62) para mantener una postura sensata ante todo lo que vivimos. No podemos pasar por la vida como si las cosas y las personas no nos importaran, sólo pensando egoístamente en nuestro bienestar. Es importante saber esperar y no envejecer en la espera, no endurecernos ni entristecernos, sino mantener la juventud espiritual permanentemente, la calidez del corazón y siempre dispuestos a la misericordia y al perdón para con todos, incluso para los que ya han muerto. “No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él” (1Tes 4,13-18). Todos somos redimidos por Jesús ante su muerte y resurrección. “Y así estaremos siempre con el Señor”, que es el deseo constante que fluye en nuestro corazón, el cual no descansará hasta que no hallemos paz en el Señor, porque hemos sido creados para él, nos dice San Agustín.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿Qué aceite necesitarías en este momento de tu vida para que no se apague la lámpara de tu fe?

 

 

 

  • ¿Qué actitudes necesitamos para poder ofrecer el Evangelio a otras personas a fin de que puedan entusiasmarse con él?

 

 

 

  • ¿Qué entiendo yo por vivir despierto y vigilante?