Trigésimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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ARRIESGAR LOS TALENTOS Y TOMAR DECISIONES

 

En el trabajo con personas que están rehabilitándose de las drogas, se les dice, con mucha frecuencia, que en este momento en el que se encuentran –y siempre- es muy importante arriesgarse y tomar decisiones nuevas lejos de las drogas; que experimenten una nueva forma de vivir y que se arriesguen a vivir sin drogas, que pierdan el miedo a hacerse cargo de su propia vida y a salir del túnel donde se encuentran. Se pide que sean responsables de sus actos y de sus decisiones sin culpar a nadie. Esto es así, porque la persona que no es capaz de tomar decisiones ni de arriesgarse, vive en continuos miedos y tensiones que no conducen a nada. El que no se arriesga, quizás se evite el sufrimiento y el dolor, pero no puede amar, no puede aprender, ni sentir, ni crecer, ni cambiar, es por eso que aquél hombre del Evangelio que repartió sus talentos a los obreros, no le merece confianza el que vive en el miedo continuo, sin asumir sus responsabilidades ni arriesgarse, por lo que “se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil, echadlo fuera” (Mt 25,14-30).

 

Posiblemente nos suene muy dura esta afirmación, pero es una realidad que vivimos con demasiada frecuencia y no la podemos ignorar. Si no ayudamos a las personas a asumir sus responsabilidades y a tomar decisiones acordes con sus talentos, no estamos siendo fieles a nuestra condición de personas ni a nuestro ser de cristianos a los que Jesús nos ha dado su confianza y su mismo Espíritu para que nos conduzca hacia la verdad plena y nos haga totalmente libres y decididos.

 

La parábola escuchada es toda una lección de sabiduría: sólo el que es capaz de arriesgar lo mucho o poco que tiene, es quien realmente produce. Es sabio el que habiendo recibido el don, apuesta por él y lo pone al servicio de otros. De aquí que el apóstol San Pablo nos invite a estar vigilantes y despejados (1Tes 5,1-6) para que cuando venga el Señor –“sabéis perfectamente que el día del Señor llegará”- nos encuentre haciendo lo que nos corresponde hacer según los talentos recibidos y “como hijos de la luz y del día” que somos. También el libro de los Proverbios va en esta dirección (Prov 31,10-13.19-20.30-31) con la propuesta de un modelo clásico, “la mujer hacendosa que con la destreza de sus manos multiplica los bienes de su casa y su familia, y abre sus manos al necesitado y al pobre”.

 

En el horizonte de todo trabajo bien hecho en nombre de Dios, siempre aparecen los pobres y necesitados como aquellos a los que se ha de prestar una atención especial porque son las preferencias de Dios, como bien sabemos. De ahí esa propuesta del Papa Francisco de celebrar, en esta fecha, la I Jornada Mundial de los Pobres, con carácter de continuidad para años sucesivos.

 

Y el Salmo 127 proclama “dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos”, es decir, el temor del Señor (respeto y atención) no bloquea las iniciativas, sino que las incentiva y las hace crecer; nos invita a aprovechar cada segundo del momento presente y entender que lo que se exige es siempre poco en comparación con lo mucho que se recibe. La pasividad, la pereza y el miedo, son duramente descalificados en toda la Palabra de Dios hoy escuchada. También nosotros tendremos que criticarlas.

 

Quizás, todo esto nos haga pensar y también reflexionar sobre nuestra vivencia del cristianismo cuando da la sensación de que estamos saturados de un conservadurismo y unas prácticas religiosas que nos dicen poco, así como que nos da miedo el abrirnos a nuevas experiencias, a entender los signos de los tiempos y descubrir qué es lo que quieren decirnos. Mantener ciertas prácticas y vivencias de la fe, por el simple hecho de que siempre se ha hecho así, posiblemente ayude poco a nuestra apuesta cristiana que ha de vivirse “como si Dios no existiera”, con la mirada puesta en el Señor que llega y pide responsabilidades personales ante el trabajo realizado a favor del Reino de Dios y su justicia, con una dedicación especial a los pobres concretos de cada tiempo.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿Qué imagen tengo de Dios? ¿Cómo la vivo?

 

 

 

  • ¿Qué miedos nos impiden multiplicar los talentos recibidos?

 

 

 

  • ¿En qué hemos de ser más productivos los cristianos?

 

 

 

  • ¿Qué hacer con los pobres de mi entorno?