Adviento - B - 1 3 diciembre 2017

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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Evangelio según Marcos (13,33-37)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

33 –Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

34 Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. 35 Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: 36 no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos. 37 Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

¿Qué haré/haremos este Adviento para desarrollar la capacidad de atención, de acción, de oración, de esperanza?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

¿Qué testimonios he recibido de esperanza, de trabajo transformador en la dirección del Reino de Dios..., de atención a los demás (a la venida de Cristo en los demás)?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas sobre Adviento, tiempo de espera activa

  • Cristo ya ha venido. Creemos que está presente –¡resucitado!– en medio de la vida, en el mundo. Tan presente, tanto, que se identifica con los más pobres, como veíamos el pasado domingo: lo que hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis (Mt 25,40).
  • Y, creyéndolo, vivimos esperándole. Porque el Reino de Dios va haciéndose. Y quien lo hace, no lo hace sin nosotros, que vivimos en la limitación y en medio de contradicciones... Sin embargo, la cuestión básicamente es que lo hace desde los pobres, desde los impotentes... es su opción. Por lo tanto, toca esperar.
  • Pero esperar activamente. El apóstol Santiago nos ofrece una imagen bien expresiva del tiempo en el que vivimos: Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir las lluvias tempranas y tardías (St 5,7). Quiere decir que la espera es vigilante y activa. Vigilante, para descubrir en las personas, en el mundo, en la vida, la presencia del Resucitado, aquel que ya ha venido. Activa, porque el Reino, que comenzó a hacerse presente con la primera Navidad, sigue creciendo en las ‘navidades’ de cada acción, de cada hecho de amor, de solidaridad, de ternura, de vida nueva... que se dan en cada uno de los hijos e hijas de Dios.
  • En la espera activa tiene un papel importante la oración. Es la expresión del deseo del Amor pleno para todo el mundo. Con la oración expresamos, también, que en la acción contamos con Dios. Sin Él no podemos nada. Por eso la invocación «¡Ven, Señor Jesús!» es característica de este tiempo (1Co 16,22; Ap 22,20). Es la oración propia de la vida militante.

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Como los textos de Mateo de los últimos domingos, el evangelista Marcos sitúa estas palabras de hoy justo antes de narrar la pasión–muerte–resurrección de Jesús.
  • En la parábola de Marcos del “hombre que se fue de viaje” (34-36) se concentran los mensajes de lo que Mateo aporta en la parábola de los talentos (Mt 25,14-30), la de las diez doncellas (Mt 25,1-13) y la de los siervos (Mt 24,45-51). Jesús se refiere al futuro. Pero sobre todo a la actitud de los discípulos mientras no llega el final. Habla, por lo tanto, del presente. De nuestro presente.
  • La indicación de las cuatro partes (35), de tres horas cada una, en qué los romanos dividían la noche (el día estaba dividido de modo parecido), nos hace pensar en la importancia del tiempo, de cada momento de la vida. Por ello hay que vigilar, estar atentos a la vida.
  • La interpretación alegórica de este texto nos dice que “el dueño” que tiene que volver (35) es Cristo y que “el portero” que tiene que velar mientras espera (34), somos cada uno de sus seguidores. Y la “casa” (34) es la Iglesia. Por otro lado la noche (35) en la cual hay que velar, “no sea que os encuentre dormidos” (36), es, en la simbología bíblica, el dominio de las tinieblas, el ámbito del mal y la mentira. La interpretación alegórica, entonces, nos dice que el Señor, cuando venga, quiere encontrar su casa llena de luz –vida, justicia, paz, acción...–, aunque sea en medio de la noche.
  • Los que seguimos a Jesús, entonces, estamos llamados a hacer de este mundo, que es como es, un lugar en el que se pueda vivir a plena luz. Somos invitados a no dormirnos (36) en las noches del mundo, en las oscuridades que muchos sufren. Tenemos que velar –actuar y orar– en la esperanza que el Señor vendrá. Orar con el padrenuestro: “venga a nosotros tu Reino”. Y actuar con todos quienes creen que otro mundo es posible.