Domingo de La Sagrada Familia. Ciclo B

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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“POR LA FE OBEDECEMOS A LA LLAMADA DE DIOS”

 

Está bien que, al terminar el año, fijemos la mirada en la fe y en la familia. Dos realidades que se complementan y que se necesitan la una a la otra para desarrollarse, para crecer.

 

Por una pare, la fe en Dios es la que, a lo largo de la historia de la salvación, ha movido y sigue moviendo a muchas personas para que salgan de su tierra y se dirijan hacia la tierra que el Señor les quiere ofrecer, hacia las periferias que Dios les quiera llevar con la confianza puesta en que haciendo eso uno será feliz1 (Hb 11,8.11-12.17-19). Por otra parte, la familia, es la institución que nos acoge, nos protege, nos socializa, nos hace parte de una tradición, de una historia y, si se hace bien, nos transmite la fe como compromiso recibido en la celebración del bautismo. La familia es el lugar privilegiado para vivir la gracia y el amor de Dios. Por eso, decimos que las dos se necesitan y se complementan.

 

Jesús, el Hijo de Dios, desde la Encarnación, desde su nacimiento por obra del Espíritu Santo, también ha vivido esto en su propia historia; es decir, ha nacido en una familia de la que ha recibido una fe que él ha tenido que desarrollar y hacer suya para descubrir lo que Dios, su Padre, le estaba pidiendo. Él ha desarrollado la fe recibida y ha puesto su confianza en el Dios Padre de la Vida para ser el Señor con nosotros, el Emmanuel. Ha aprendido con el sufrimiento a obedecer la voluntad de Dios, su Padre. Y, “su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él” (Lc 2,22-40). Ellos han acompañado el crecimiento de su hijo. María lo acompañará hasta los pies de la cruz, convirtiéndose así ella en modelo de todo creyente que quiere ser fiel al Señor y en modelo a seguir por todas las familias cristianas.

 

Descubrimos en muchos pasajes del Nuevo Testamento que “María y José no lo tuvieron todo claro desde el principio. Fueron creciendo en la fe y dejándose ayudar por las personas que Dios ponía en su camino, como Simeón (Dios ha escuchado) y Ana (Dios concede gracia), representantes del pueblo fiel y pobre; profundamente religiosos, que mantienen viva, a pesar de su edad avanzada, la esperanza del Mesías y de la inminente liberación del pueblo. Así fueron configurando una familia abierta a la voluntad de Dios. Ellos son modelos excelentes para nuestra vida familiar y social, llamada a permanecer siempre atenta a la novedad del Espíritu”. Ellos nos enseñan un itinerario a seguir que no se desmorona ni se descompone ante las pequeñas o grandes crisis que van surgiendo a lo largo de la vida, sino que saben permanecer y buscar, entre dudas, lo que en cada momento concreto Dios les está pidiendo para que la historia de la salvación se vaya forjando.

 

Hacer familia, hacer comunidad parroquial que sea una auténtica familia en donde todos nos sintamos movidos por todos e implicados tampoco es tarea fácil en nuestro mundo actual, pero hay que intentarlo. Podemos pasas mucho tiempo de nuestra vida participando en grupos de todo tipo, pero no sentir la necesidad de pasar a ser familia que no sólo hace lo que tiene que hacer, sino que se preocupa por sentir a los demás como suyos. Creo que esta tarea de pasar de ser grupo a ser comunidad es algo vital para la vida de nuestras parroquias si queremos ser responsables y fieles a lo que el Señor nos está pidiendo en este momento de la historia.

 

“Sólo quienes se dejan guiar por el Espíritu pueden entender, descubrir y experimentar los caminos de Dios y su salvación”.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿De qué personas aprendemos para mantener viva nuestra fe? ¿Qué es lo principal que ellas nos enseñan?

 

 

 

  • ¿Cómo tiene mi fe implicaciones en mi vida diaria y en la vida de mi familia?

 

 

 

  • ¿Cómo me invita la familia de Nazaret a implicarme en la construcción y revalorización de la familia cristiana y en la construcción de una sociedad mejor?