Navidad - B - 1 (Sagrada Familia) 31 diciembre 2017

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Evangelio según Lucas (2,22-40)

22 Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, 23 de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, 24 y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

25 Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. 26 Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

29 –Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. 30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador, 31 a quien has presentado ante todos los pueblos: 32 luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre:

–Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: 35 así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.

36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. 38 Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

39 Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Este Jesús que descubrimos, ¿es para mí “espada” de división? Es decir, ¿me hace decidir por unos caminos y rechazar otros? ¿o es un ‘adorno’ navideño que me deja igual?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

En lo que estoy viviendo estos días de Navidad y, sobre todo, en las personas que he tenido cerca, ¿he vivido alguna experiencia parecida a la de Simeón, de haber “visto” “al Salvador” de “todos los pueblos”?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...



Notas por si hacen falta

 

Notas sobre este domingo

 

  • El domingo entre Navidad y Año nuevo lleva el nombre de la Sagrada Familia. Pero a pesar de que el nombre puede sugerir otras cosas, lo que se pretende es hacernos contemplar el mismo ‘misterio’ que contemplamos a lo largo del ciclo navideño: el Hijo de Dios de ha hecho hombre, se ha hecho uno de los nuestros. Y lo ha hecho en lo concreto. Se ha hecho miembro de un pueblo concreto para vivir lo que vive este pueblo. Miembro de una familia concreta para vivir lo que vive una familia. Ha tomado carne humana en un hombre concreto para vivir en lo concreto los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de la humanidad.

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • “La purificación” y la presentación de Jesús (22): según la Ley, la mujer que había tenido un hijo varón tenía que ir al templo cuarenta días después del parto para someterse al rito de “la purificación” (Lv 12,1-8). Pero no era necesario llevar al hijo consigo. Lucas confunde “la purificación” de la madre y otro rito: la ofrenda del niño al Señor. Probablemente es una confusión intencionada: poner a Jesús en relación con el templo desde el principio del evangelio, ya que el templo era el centro de la vida religiosa de Israel y que Israel no se entendía a si mismo sin el templo. No tenemos que olvidar que Lc presenta el ministerio de Jesús como una subida a Jerusalén, donde será rechazado por los dirigentes del pueblo de Israel, morirá y resucitará. Así Él será el nuevo templo, para judíos y no–judíos.
  • Lo que se dice que tenían que ofrecer los padres de Jesús (24) es la ofrenda que presentaban las familias sin recursos (Lv 12,8).
  • Simeón “aguardaba el consuelo de Israel” (25), es decir, que llegaría el Mesías. El tema de la consolación recuerda a Is 40,1: Consolad, consolad a mi pueblo», dice vuestro Dios. Para Simeón Jesús es “el Mesías del Señor” (26). Como lo será para los discípulos (Lc 9,20).
  • El cántico de Simeón (29-32) recuerda, sin citas textuales, diversos pasajes bíblicos:
  • Que Simeón “se vaya en paz” (29) actualiza la alianza que Dios hace con Abrahán: En cuanto a ti, irás a reunirte en paz con tus antepasados y te enterrarán después de una vejez feliz (Gn 15,15). Dicho de otro modo: en Jesús la alianza llega a su cumplimiento.
  • El v. 30 actualiza al mismo pasaje de Isaías citado anteriormente: Una voz anuncia a gritos: «Preparad en el desierto un camino al Señor ... Aparecerá la gloria del Señor, y todo ser vivo podrá ver que ha hablado la boca del Señor». (Is 40,3-5).
  • todavía, y muy importante: la referencia a “todos los pueblos” (31) para las cuales el Señor preparaba al “Salvador” (30), es el reconocimiento de lo que estaba anunciado en Is 52,10: El Señor muestra su poder a la vista de todas las naciones, y verán los confines de la tierra la victoria que trae nuestro Dios. Esta es la primera vez que, en los escritos de Lucas, se dice que Jesús trae una salvación destinada a todo el mundo –el libro de los Hechos de los Apóstoles, del mismo autor que el evangelio de Lc, lo explicita (Ac 15,14;28,28)–.
  • El v. 32 también recoge lo de Isaías: luz de las naciones (Is 42,6;49,6). Esta misma expresión, el autor de Lc la retoma en Ac 13,47.
  • Y la “gloria de Israel” (32) actualiza a Is 45,25 y 46,13.
  • Lo que añade Simeón (34-35) es para anunciar que Jesús y su evangelio siempre provoca un juicio. La alegría de la buena noticia tiene el contrapeso de la tristeza porque no todo el mundo creerá. Jesús encontrará oposición y conocerá el rechazo de una parte de Israel (Ac 13,26-28). En este sentido, “la espada” (35) es la que discriminará, que distinguirá. También María, como israelita que es, tendrá que posicionarse ante Jesús, que trae la luz a todos los pueblos, no sólo a Israel.
  • En el ministerio de Jesús encontramos a María teniendo que posicionarse: su relación con Jesús –y la nuestra– no depende del parentesco biológico sino de la obediencia a la voluntad del Padre (Lc 8,19-21). Esta obediencia es discriminatoria. Jesús mismo es causa de división, de discriminación: no he venido a traer paz sino división (Lc 12,51-53). María no forma parte de los discípulos por derecho maternal sino porque responde afirmativamente a la voluntad de Dios (Lc 1,38). Esta respuesta hace que, para María, Jesús sea signo de afirmación, no de contradicción como lo fue para gran parte de Israel. La grandeza de María viene de haber dicho sí a ser discípula, oyente de la Palabra de Dios y practicante de su voluntad. Si María es proclamada madre de la Iglesia es porque creyó en la Palabra de Dios (Lc 1,41; 8,21; 11,28).