Octava de Navidad. Santa María, Madre de Dios. 1 de enero. Ciclo B

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“EL SEÑOR SE FIJE EN TI Y TE CONCEDA LA PAZ”

 

Lo decíamos la noche de Navidad: la gran paradoja y novedad de la Navidad es un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Un niño al que visitan, primeramente, los pastores, los pobres de la época. Un niño, desvalido, manifestación de Dios, en un hombre como todos. Nada de signos y prodigios espectaculares como esperaban los judíos. A partir de aquí, Dios se hace cercano, presente en lo más corriente y sencillo de la vida y nos sitúa en una nueva perspectiva, personal y comunitaria, para acercarnos y presentar a Dios.

 

La Virgen María, mujer sencilla, se sorprende de esto y “por su parte, conservaba el recuerdo de todo esto, meditándolo en su interior” (Lc 2,16-21). No le queda más remedio, es su itinerario personal hacia la fe. Un itinerario dinámico que arraiga en lo más profundo del corazón; un itinerario que, como todo proceso, tiene sus momentos de claridad, de dificultad y de duda pero, no por eso deja de avanzar. ¿No nos ocurre a nosotros algo igual? ¿No nos inspiran los pastores y María la manera de encontrarnos y de acoger a Jesús, el salvador del mundo?

 

“Y le pusieron por nombre Jesús”, (Dios salva), cumpliendo todo lo anunciado por el Ángel. José y María han cumplido su parte y nos sitúan a Jesús dentro de la historia del pueblo judío, con sus tradiciones, sus leyes, sus ritos. Será el propio Jesús quien, a lo largo de su vida, irá descubriendo el significado de todo esto e irá concretando su misión salvadora, con su originalidad, sus opciones, sus dudas,… pero sintiendo siempre que Dios le ama; lo llama “Padre” y, nos invita a que nosotros también lo vivamos y sintamos así: “Y la prueba de que sois hijos, es que Dios envió a vuestro interior el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre! de modo que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo eres también heredero, por obra de Dios” (Gál 4,6s).

 

En la celebración de hoy hablamos y vivimos la novedad, comenzamos un año nuevo y nos felicitamos por ello. Dios nos felicita con su bendición, concediéndonos su favor y su paz (Nm 6,22-27.); y haciéndonos hijos suyos en su Hijo (Gál 4,4-7). Dios expresa su deseo sobre nosotros, es el signo de su amor paternal que nos deja a su hijo Jesús como la gran bendición para toda la humanidad. A nosotros nos corresponde prolongar esta bendición (bien decir) a toda la humanidad. Son buenos deseos que empiezan tal y como Dios ha querido introducirse en la historia: acercándose a los hombres y mujeres que la habitan. Por eso, el camino más corto para llegar a Dios será el acercamiento a todo ser humano. Un acercamiento que la Palabra de Dios de hoy, concreta en la Paz, “-shalom- que es armonía con Dios, con los hermanos y con la creación; es felicidad espiritual y material, consecuencia de la justicia, la libertad y el amor. Es un don de Dios, pero también una tarea de todos. Es responsabilidad común porque es una de las más hondas aspiraciones del ser humano: es consecuencia del respeto a la dignidad personal; es cultura solidaria, bienes compartidos, sociedad justa” (F. Ulibarri).

 

Coincidiendo el Año Nuevo y la octava de Navidad con la celebración del Día Mundial de la Paz, la Iglesia asume, en la celebración eucarística, los deseos de Paz profundos recibidos de la Palabra de Dios. A lo largo del año, podremos concretar oponiéndonos a todo acto de violencia, manifestándonos contra las guerras y contra el terrorismo venga de donde venga; denunciando la violencia de género y doméstica, exigiendo solidaridad y que se tengan en cuenta a los países empobrecidos y a los refugiados que llegan; participando en Ongs, en Caritas; diciendo no al abuso de menores, no a la explotación, no al tráfico de seres humanos,... Se nos invita a la humildad, a situarnos con los pies en el suelo, en la tierra (humus), sin pretender estar por encima o ver desde arriba, sino compartiendo y acompañando procesos que dignifiquen a las personas y las saquen de todo tipo de adicción o esclavitud. Así, la vivencia de la Eucaristía será más plena, más vital, porque todos y todas participamos de los mismos deseos de Cristo Jesús y comulgamos con Él.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Sacerdote. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

  1. ¿Cómo los pastores y María son modelos concretos para nuestra vida de fe? ¿Cómo nos comprometen?

 

  1. ¿Qué esperanzas concretas crees que trae Jesús a los hombres y mujeres de nuestro tiempo? ¿Cómo las concreto yo desde el inicio del año?