Tercer Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B.

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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DIOS ESTÁ CON LOS HUMILDES. FASCINADOS POR JESÚS

 

Sabemos que Dios hace sus opciones y Jesús las continúa. Así, empieza su misión en Galilea, tierra de gentiles e impuros, de pobres y marginados. ¡Ahí se hace presente la Buena Noticia por primera vez! Y aquí será el lugar al que se remite a los discípulos tras la Resurrección, porque sólo volviendo a Galilea (Mc 16,7) y prosiguiendo su causa, es posible ver a Jesús resucitado.

 

“Se ha cumplido el plazo, ya llega el reinado de Dios. Convertíos y creed en la Buena Noticia” (Mc 1,14-20). La causa del Reino aparece marcada, desde el inicio, por el conflicto –“cuando detuvieron a Juan”-, las tensiones, y las opciones personales enraizadas en los acontecimientos históricos. Este anuncio recoge y expresa toda la esperanza de los profetas y del pueblo: la implantación del derecho y la justicia, la paz, la igualdad, la libertad y la abundancia; la intervención salvífica de Yahvé, Rey porque, el rey era quien socorría y hacía justicia a los débiles, a las viudas, pobres y desheredados, el defensor de los oprimidos.

 

Y este reinado de Dios, es ya una realidad presente en las palabras y hechos de Jesús. Por eso es ya buena noticia. Una buena noticia que es ofrecimiento y don que requiere respuesta de todos y todas, también en el pobre y marginado. Una respuesta de acogida, expresada en dos actitudes. Fe y conversión.

 

Conversión de la mala vida como nos recuerda la primera lectura (Jon 3,1-5.10). Conversión de actitudes (1Cor 7,29-31): vivir en el mundo sin morada fija en él y revisar la propia escala de valores. Conversión porque está cerca el Reino de Dios: Para pertenecer al Reino de Dios es preciso cambiar de mirada y de actitudes y creer en el mensaje evangélico de Jesús fascinándose por su persona, dejando cualquier vida pasada, como los primeros discípulos que dejan su vida de pescadores para pescar en otros mares y vivir junto al Maestro. Afirmamos que el discípulo de Jesús no es alguien que ha dejado algo, sino el que ha encontrado a Alguien (Jesús) que crea en él una nueva personalidad que genera felicidad.

 

Cuando uno se reconoce llamado por Jesús, para la empresa del Reino, se descubre amado, valorado. El que cree en Jesús, le sigue; y el cristiano es el hombre o la mujer que se esfuerza por construir su vida siguiendo las huellas de su Maestro. No se trata de mera imitación, sino de “creer lo que Jesús creyó, dar importancia a lo que él le dio, interesarse por lo que él se interesó, defender la causa que él defendió, mirar a las personas como él las miró, acercarse a los necesitados como él se acercó, amar como él amó, confiar en el Padre como él confió, enfrentarse a la vida con la esperanza con que él se enfrentó…” (Florentino Ulibarri). En definitiva, Jesús se fijó metas que le dieron significado a su existencia. Su solidaridad supuso un enorme poder curativo y restaurador.

 

Y el Evangelio de Marcos nos invita a cada uno a que revivamos la llamada que también a nosotros nos ha hecho el Maestro. Que recordemos cuáles fueron nuestro lago, nuestras redes, nuestra barca y, que nos sepamos ver entre los compañeros íntimos de Jesús dejándonos instruir por él como nos recuerda el Sal 24. Nuestra propia vocación es vocación compartida y no se puede vivir en solitario, sino con otros que, también fascinados por Jesús, buscan dar respuestas a las realidades de este mundo para hacerlo más humano, más habitable, más justo… De aquí que ser cristiano implique vivir fuertemente implicados y complicados en este mundo, con sus gentes, sus luchas, sus alegrías y sus tristezas como bien nos decía el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes, 1: “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

 

  • Hacer un repaso de nuestra vida y concretar momentos, desde nuestra infancia, en que nos hemos sentido misioneros del Reino de Dios.

 

 

 

  • ¿Qué anuncia Jesús? ¿Qué consecuencias tiene ese anuncio para quienes lo escuchan?

 

 

 

  • ¿Qué significa hoy, para mí ser su discípulo/a?