Segundo Domingo de Cuaresma. Ciclo B.

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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LA CUARESMA NOS INVITA A CAMBIAR, A DARNOS LA VUELTA Y TRANSFORMAR NUESTRA VIDA

 

Estoy seguro que si, hoy en día, alguien, en medio de nosotros nos dice que ha vivido una experiencia profunda en su vida que casi es otra persona distinta, nosotros nos sorprendemos y hasta dudamos de esa persona, pues parece que hemos perdido la esperanza y la experiencia de que cada uno es responsable de su vida y puede hacer con ella infinidad de cosas buscando siempre su felicidad y la de aquellos que le rodean, aunque no se le entienda su acción.

 

Pues bien, algo de esto, imagino que le pasarían a los discípulos y seguidores de Jesús en muchos momentos de su vida y en muchas acciones de Jesús. Fueron tales las experiencias vividas, que sintieron, profundamente, que algo nuevo estaba ocurriendo en medio de ellos aunque, por el momento, no llegaran a comprender lo que ocurría. Pero, para ellos era diferente a nosotros, porque estaban acostumbrados a los relatos sobre teofanías (manifestaciones divinas). Y, esto ha sido así, a lo largo de toda la historia de salvación vivida por diferentes personas y por el pueblo escogido.

 

La primera lectura de hoy nos resalta la fe de Abrahán (Gén 22,1-2.9-13.15-18) que, Dios pone a prueba pidiéndole lo que más quería, su hijo Isaac. Abrahán se fía y se pone en camino, pero Dios, por esa confianza y obediencia, no permite el sacrificio del hijo querido, sino que premia a Abrahán con la bendición, una tierra y un pueblo numeroso hasta nuestros días.

 

El amor de Dios y de Cristo hacia el ser humano nos hace vivir y proclamar “si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?” (Rom 8,31b-34). La experiencia de Jesús Resucitado hace que los discípulos, Pablo y, también, nosotros, nos sintamos queridos y protegidos por un Dios que da su vida por amor, por la felicidad de cada persona. Pedro, Santiago y Juan, viven esta experiencia y, el Evangelio de hoy (Mc 9,2-10) nos la narra con el pasaje de la transfiguración de Jesús en el monte, donde, nuevamente, como en el bautismo de Jesús, se nos presenta la condición de Jesús –“este es mi Hijo amado”-, pero ahora se nos invita a “escuchadlo” y tenerlo como única norma de vida, porque él es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).

 

Con la lectura y meditación de la Palabra de Dios de hoy, os quiero invitar a vivir la celebración de la Eucaristía, y toda esta segunda semana de cuaresma, con un carácter gozoso, porque en toda ella, late el misterio del amor y la vida de Dios. Un Dios que rescata a Isaac, que resucita a Jesús y le pone en nuestro camino como compañero y modelo. Como a los discípulos, hoy Jesús nos anima a subir al monte (lugar de reflexión y descanso), ver todo lo que ocurre, escuchar a los que hablan a nuestro alrededor, experimentar lo que en cada momento vivimos y bajar a la tarea del día a día, sin grandes pretensiones.

 

Jesús coge en un momento de crisis, a sus discípulos y los alienta, sube con ellos al monte y se les revela tal cual es invitándoles a no quedarse en ese momento, sino a bajar y vivir en la tierra con ese gozo y plenitud que han experimentado. Es un momento de fortalecimiento de su fe y esperanza, de preparación para la lucha diaria, de descubrimiento de la solidaridad, de experiencia del amor que Dios les tiene, momento de hacer opciones, etc. Quizás hoy, tengamos que hacer lo mismo con muchos compañeros de camino que están desalentados, pensando que, cuando todo esto lo hagamos y vivamos, vendrá la transfiguración que, podría concretar en convertir este mundo en un mundo de hermanos en el que todos puedan vivir felices, aunque en ello se nos quite la vida.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿Dónde habla hoy Jesús para poderlo escuchar?

 

 

 

  • ¿En qué momentos de tu vida se te hace más difícil seguir a Jesús?

 

 

 

  • ¿A qué lugares has de “bajar” para continuar por el camino del seguimiento de Jesús?