Domingo de Resurrección. Ciclo B

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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CRISTO HA RESUCITADO. RESUCITEMOS CON ÉL. ¡ALELUYA!

 

Lo viejo ha pasado. Ya no hay miedo. Cristo ha resucitado, y con este hecho misterioso y único en la historia, la humanidad da un giro enorme, todo cobra sentido abriéndonos a la esperanza. “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba donde está Cristo” (Col 3,1-4). Por eso, en todo este tiempo pascual que hoy inauguramos, centramos la atención en el Nuevo Testamento, leyendo y meditando la Palabra de Dios que nos habla de la vida y el testimonio de las primeras comunidades cristianas tras vivir la experiencia gozosa y desconcertante de la Resurrección de Jesús. Desde ahora, la Muerte y Resurrección de Jesús se convierte en el núcleo central de su fe y de nuestra fe. Dirá el apóstol Pablo que “si Cristo no ha Resucitado, vana es nuestra fe” (1Cor 15, 17). Sin Resurrección no hay fe ni Iglesia, es nuestra afirmación y testimonio. “Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Sal 117).

No podía ser de otra manera, pues el Dios de la vida en el que creemos, nos movemos y existimos, no podía permitir que en la historia humana, la última palabra la tuviera el fracaso y la muerte, sino que la última palabra sobre el destino del ser humano y el mundo es la vida, y la vida en abundancia (cfr. Jn 10,10). Dios está personalmente comprometido, defiende y guarda la vida de los que la dan por la felicidad de los hombres y mujeres de este mundo. “Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver” (Hch 10,34a.37-43). La alegría ha vuelto a renacer y la esperanza a florecer. Todo cobra sentido y todo nos invita a la vida a “pasar haciendo el bien” como Jesús, aunque ello también nos cueste la vida porque liberamos de ataduras injustas; porque denunciamos y nos manifestamos contra la violencia y el mal institucionalizado; porque exigimos seguridad y trabajos dignos; porque decimos no a la droga y a todo aquello que oprime o mata; porque imaginamos y empujamos otro mundo posible; porque apoyamos a las organizaciones solidarias con nuestro dinero o voluntariado; porque cooperamos con las asociaciones de vecinos que buscan la mejora de sus barrios donde todos puedan vivir con dignidad sin importar raza, sexo, religión o condición; porque no nos sentimos indiferentes ante cualquier injusticia humana; porque el grito de los pobres, lo hacemos nuestro; porque… “vete y haz tú lo mismo” nos impulsa a hacernos presentes allí donde se maltrata la vida o se produce muerte.

Esas mujeres que fueron corriendo al sepulcro y que ya antes permanecieron junto a la cruz de Jesús después de que sus discípulos lo abandonasen, encarnan los rasgos del auténtico discípulo, cuyas actitudes más importantes son el seguimiento y el servicio; dos actitudes que también a nosotros se nos ofrecen para que tomemos partido y optemos en libertad.

Como esos discípulos que van corriendo al sepulcro en busca de Jesús movidos por el amor y la cercanía, a nosotros se nos invita a hacer el mismo itinerario y descubrir a Jesús resucitado en medio de nosotros. Para ello, es preciso cambiar la manera de buscarle, pues si estamos pensando en un muerto, no lo encontraremos, pero si buscamos a un vivo, se hará presente entre nosotros.

Que nunca la Resurrección dé lugar a falsos triunfalismos que nos hagan olvidar la necesidad de seguir al Crucificado en los acontecimientos de cada día. Es por ello que el evangelista Marcos nos invitará a volver a Galilea (tierra de amigos), al lugar donde Jesús empezó su camino en servicio de aquellos que sufren, pero con la esperanza y experiencia de que el itinerario hacia la cruz, termina siempre con la Resurrección, con la vida plena tras el trabajo bien cumplido, “como siervos inútiles que hacemos lo que tenemos que hacer” (Lc 17,10) y mais nada.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

 

  • Siéntate tranquilo: ponte a escribir y proclamar un pregón pascual actual con palabras y sentimientos, con hechos y vivencias que muestren a Jesús de Nazaret que nos ha dado razones para vivir, creer y amar.

 

  1. ¿Qué significa para ti que el crucificado sea también el resucitado?