Pascua - 2 8 abril 2018

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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Evangelio según San Juan (20,1931)

19 Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

–Paz a vosotros.

20 Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21 Jesús repitió:

–Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

22 Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

–Recibid el Espíritu Santo; 23 a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidas.

24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Y los otros discípulos le decían:

–Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

–Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

26 A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llego Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

–Paz a vosotros.

27 Luego dijo a Tomás:

–Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

28 Contestó Tomás:

–¡Señor mío y Dios mío!

29 Jesús le dijo:

–¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

30 Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31 Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Pensando en la parroquia, comunidad o movimiento, me pregunto cómo el Resucitado nos da a nosotros lo mismo que vemos que da a los discípulos reunidos.

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

Y me fijo en como, a pesar de las puertas cerradas que pueda haber, Cristo Resucitado se ha hecho presente en medio de personas y situaciones.

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas sobre el contexto de Jn y sobre el concepto “los judíos”

 

  • Hay que tener presente que en el evangelio de Juan la expresión “los judíos” (19) no designa al pueblo de Israel como tal, sino a los dirigentes religiosos del pueblo de un determinado momento histórico.
  • También hay que tener en cuenta que la comunidad a la que va destinado el evangelio de Jn había vivido la experiencia de la ruptura total que habían provocado los fariseos –grupo que dominaba al judaísmo desde el año 70 dC–, quienes habían acordado expulsar de la sinagoga a todo aquel que confesase que Jesús era el Mesías (Jn 9,22).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Los discípulos están reunidos en un mismo lugar (19 y 26): son comunidad eclesial. Esto también lo expresa el “primer día de la semana” (las dos apariciones se producen en domingo), el día en qué nos reunimos para celebrar que el Resucitado está en medio de nosotros.
  • La importancia de la reunión: cuando Tomás no está (24) se pierde lo que sucede en ella.
  • El “miedo a los judíos” (19) lo habíamos encontrado en pasajes como Jn 9,22.
  • A pesar de “las puertas cerradas” (19), el Resucitado toma la iniciativa y se hace presente en medio de los discípulos. Las puertas cerradas dejan de tener sentido.
  • Jesús da la paz (19), su paz, no la del mundo: ya lo había anunciado (Jn 14,27).
  • Muestra “las manos y el costado” (20), es decir, las marcas de la muerte en cruz. Se remarca así que el Resucitado es el mismo que el Crucificado.
  • La expresión “como el Padre” (21) o, en otros lugares, como yo he hecho (Jn 13,15) indica lo que tiene que ser la vida del discípulo: dejarse modelar según Jesús, como él lo hizo según el Padre. No se trata tanto de imitar cuanto de dejarse modelar.
  • La misión que reciben (21), tanto Jesús como los discípulos, los define (Jn 17,18).
  • La Iglesia reunida, la paz, la misión... todo parte de la Pascua. Será el don del Espíritu quien lo active. La exhalación (22) de Jesús sobre los discípulos expresa que su resurrección abre el paso a una Creación nueva: Entonces el Señor-Dios formó al hombre... e insufló... aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente (Gn 2,7). Jesús había pedido al Padre que diese un “Defensor” a los discípulos (Jn 14,16), el Espíritu Santo que ha sido llamado para auxiliar, acompañar y ayudar, pero también para aconsejar y consolar y para interceder. Con Él llegan el recuerdo y el conocimiento (Jn 14,26) que marcan el comienzo de la fe (Jn 7,39). En Jn, el Espíritu es un maestro que ilumina. Y es quien da al creyente su identidad propia de testimonio de Jesús (Jn 15,26-27). Se puede decir que el Espíritu es el autor del evangelio, porque de él viene el recuerdo de aquello que Jesús dijo y la comprensión de este recuerdo.
  • Las palabras de Jesús sobre el perdón (23) nos recuerdan las que recoge Mateo dirigidas a Pedro (Mt 16,19) y a toda la comunidad (Mt 18,18), en donde atar y desatar significa excluir o admitir a la comunidad. El Resucitado deja este don precioso en las manos de la comunidad de los discípulos, portadora para el mundo de la Vida Nueva y, por tanto, con la responsabilidad de hacer un buen uso de este don.
  • En la figura de Tomás (24ss) encontramos el retrato de todo discípulo de Jesús que tiene que hacer su propio proceso antes de poder decir lo que ya dicen los otros hermanos: “hemos visto al Señor” (24). Al final del proceso él también confesará: “¡Señor mío y Dios mío!” (28). No se resiste a creer sino que hace preguntas, pide ayuda, necesita signos, como aquel hombre que había sido ciego (Jn 9,35-48).
  • La bienaventuranza (29) dirigida por el Resucitado a los creyentes que no hemos conocido al Jesús histórico, da sentido al evangelio y al hecho de evangelizar: dar testimonio a quienes no han visto a Jesús para que puedan abrirse a la fe. Quienes reciben el evangelio son “dichosos” (29) porque la fe les permite “ver” lo que antes nunca habían visto. Este es el “Ver–Juzgar” de la Revisión de Vida, que lleva al “Actuar”, es decir, a la Vida Nueva.