Décimo quinto domingo del tiempo ordinario. Ciclo B

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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CAMINAR POR LA VIDA CON MUCHA COMPASIÓN Y MISERICORDIA

Este domingo, toda la Palabra de Dios, nos habla de llamada, elección y envío. Son tres aspectos de una misma vocación que se vive en el desapego radical y en el servicio; y la fidelidad a esta llamada de Dios compromete toda la vida.

Quizás por ello, hoy en día, descubrimos la escasez en todo tipo de vocaciones que comprometan la vida entera. Eso de “para siempre” y “en todo momento” no es algo que se lleve mucho en la cultura actual. Más bien estamos acostumbrados a pequeños momentos, a cosas rápidas y que no me compliquen mucho la vida.

Así las cosas, estar atentos a la llamada de Dios se nos ha vuelto algo complicado; dedicar un tiempo de calidad al voluntariado, escasea en todo tipo de asociaciones; comprometerse para algo con estabilidad y persistente en el tiempo, se hace difícil, etc.

Y sin embargo, Dios, sigue llamando y sigue exigiendo comprometerte para toda la vida. Dios no hace rebajas. La oposición que Jesús ha encontrado en su pueblo, como vimos el domingo pasado, no frena el anuncio de la Buena Noticia y siempre está en búsqueda de un pueblo que acoja la dinámica del Reinado de Dios. Para eso, ahora, Jesús, que ha llamado y elegido a sus discípulos, los envía a hacer fundamentalmente lo mismo que él ha venido haciendo: predicar y curar, proclamar el Reino de Dios con palabras y con obras, teniendo como modelo al mismo Jesús y siguiendo fielmente sus instrucciones: de dos en dos, ligeros de equipaje –sobriedad-, libres y dispuestos para la misión, disposición a ser rechazados… (Mc 6,7-13).

Los Doce discípulos (como las tribus de Israel) que Jesús reúne siempre le acompañaban y entre incomprensiones y dificultades le van conociendo y le van siguiendo. También este “es el programa para todo cristiano: elegidos gratuitamente en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1,3-14), hemos sido llamados por Jesús para estar con él y conocerle cada vez mejor, compartiendo su amistad. Esto es lo primero y fundamental de todo miembro de la Iglesia; después, en cuanto que amigos y testigos de Jesús, deben compartir su tarea al Servicio del Reino de Dios, yendo a la misión de acuerdo con las normas del Maestro. El cristiano no es un seguidor de una doctrina y menos de una ideología, sino de una persona y de su misión (Am 7,12-15). Sus dos tareas básicas deben ser crecer en la amistad y conocimiento de Jesús, y compartir su misión, trabajando por el Reino de Dios y sus exigencias en nuestro mundo, como miembro de un pueblo de profetas. Anunciar el Reino de Dios es invitar a los hombres a vivir como hijos de Dios y hermanos entre ellos, libres de la esclavitud del egoísmo, la avaricia, la lujuria… Estos son los “demonios” que deben expulsar con el poder recibido de Jesús, que igualmente los capacita para “curar enfermedades” acompañando a todos los que sufren por distintas causas”...

Así, en la celebración de la Eucaristía el pueblo de Dios realiza su tarea más importante: alaba y agradece al Padre por Cristo la gracia de haber sido elegidos para estar con Jesús y conocerlo mejor; junto a esto recibe el alimento para ir a la misión como testigo del mensaje que debe anunciar, dispuesto a recibir el rechazo” (Antonio R. Carmona), pidiéndole al Señor que nos muestre su misericordia y nos dé su salvación (Sal 84).

Como decía en el título, caminamos por la vida con mucha compasión y misericordia, viviendo el mensaje de Jesús y dando a conocer el amor de Dios Padre a cada uno de nosotros. Antes de la creación del mundo ya pensó con amor en cada uno de nosotros, amor que ya actuaba antes de nuestro nacimiento, creando nuestra identidad única y personal con un destino y una tarea. Nos hizo por amor, pues, si odiara a alguno, no lo habría creado ((Sab 11,24). Y nuestro destino final es ser transformados por el Espíritu Santo en hijos de Dios para poder compartir la gloria de Jesús resucitado, en el cielo.

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

 

  • ¿Qué rasgos caracterizan a todo misionero cristiano según la Palabra de Dios escuchada? ¿Qué rasgos concretos serían necesarios para el momento histórico en el que vivimos?
  • ¿Desde dónde y cómo anunciamos hoy la Buena Noticia de Jesús?
  • ¿Qué dificultades encuentro hoy a la hora de evangelizar?