Ordinario - B - 20 19 agosto 2018

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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Evangelio según Juan (6,51-58)

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

52 Disputaban los judíos entre sí:

–¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

53 Entonces Jesús les dijo:

–Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. 55 Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. 57 El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. 58 Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Me planteo cómo acojo a Jesús y qué papel tiene la Eucaristía en esta acogida.

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

Me fijo especialmente en la comunidad cristiana que vive en medio del mundo: ¿qué frutos da la Eucaristía en la vida de nuestra comunidad (parroquia, movimiento...)?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas para seguir el hilo del Evangelio

 

  • Retomamos el capítulo 6 de Juan en el versículo 51, el último del fragmento del pasado domingo. Seguimos en el debate entre “los judíos” (52) y Jesús.
  • Antes de ponerse a trabajar este fragmento de hoy, puede ser bueno releer el capítulo desde el principio.

 

Algunas notas sobre la Eucaristía

 

  • Este discurso que Jn nos transmite en el capítulo 6, no es ninguna institución de la Eucaristía que Jesús hubiera hecho. Sin embargo, eso sí, utiliza un vocabulario sacramental. No olvidemos que en la redacción de los evangelios, con la narración de los hechos y las palabras de Jesús que llega a cada comunidad, se mezcla la experiencia que está viviendo la propia comunidad cristiana, la cual celebra la Eucaristía cada domingo.
  • Lo que sí que aporta este texto es el fruto que da la Eucaristía, porque es el mismo que da la fe. La Eucaristía es la expresión privilegiada de la fe, entendida como acogida de Jesús, la Palabra encarnada, y la adhesión a Él. Y el fruto de la fe –y, por lo tanto, de la Eucaristíaes la vida nueva del discípulo, unido a Jesucristo.
  • El/la cristiano/na no puede prescindir de la Eucaristía, siempre que la haya descubierto como esta expresión de la fe y la viva impregnada de la misma fe, que no es un conjunto de creencias sino, repetimos, la unión –o comunión– con Jesucristo, “enviado por el Padre que vive” (57) o “pan que ha bajado del cielo” (58). La Eucaristía vivida así cambia la vida, da una vida nueva, una vida de discípulo, da una vida “para siempre” (58): “yo lo resucitaré en el último día” (54).
  • El evangelista Jn, en la última cena, no narra la institución de la Eucaristía sino el lavatorio de los pies (Jn 13,1ss).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • En estos versículos de hoy abunda la expresión “carne” (51-56) que ya comenzaba a aparecer el pasado domingo. “Carne” es la misma palabra que en el capítulo 1 de Jn se suele traducir por hombre (Jn 1,14). No tiene que entenderse, por lo tanto, como la substancia del organismo humano. Su significado apunta a la naturaleza humana, a la humanidad. Aquí, puesta en labios de Jesús, es para afirmar su propia condición humana, limitada y mortal.
  • “Carne” es una palabra que nos habla de encarnación: la persona del Hijo de Dios se ha hecho hombre y, “dándose”, nos ha dado “vida” (51).
  • Lo mismo tenemos que decir de la palabra “sangre” (53-56): significa, también, el hombre total en su condición natural, terrenal. También significa la vida misma, de la que sólo Dios puede disponer.
  • “Dar a comer su carne” (52): el término “carne” ha substituido al término “pan”. El pan era metáfora del don de Dios que da vida.
  • En relación con esto, “comer” significa acoger plenamente el don de Dios, vivir de la Palabra, vivir del Dios que se da él mismo –muerto en la cruz– para que tengamos vida. Lo mismo podemos decir de “beber” (53ss). Se trata de la adhesión de fe al Hijo de Dios que da su propia vida.
  • “Los judíos” (52) –recordemos que el contexto de estos versículos es la sinagoga de Cafarnaún (Jn 6,17.24.59)– se oponen (52) al planteamiento de Jesús –a quien sólo ven como hombre diciendo que conocen a su familia (Jn 6,41-42)–. Según ellos, por la entrega de un hombre no se puede obtener la vida “para siempre” (58). Y es que ellos no confiesan que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios; creerlo sería creer que el Hijo tiene vida en si mismo (Jn 5,26).
  • “Habita en mí y yo en él” (56): la relación que une indisociablemente “al Padre que vive” con el Hijo que vive “por el Padre” (57), es la misma relación que se establece entre el Hijo que da su vida y el creyente que lo acoge por la fe. Este es el tema de estos versículos.