Vigésimo primer domingo del tiempo ordinario. Ciclo B

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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HA LLEGADO EL MOMENTO DE TOMAR UNA OPCIÓN

¿Te has visto alguna vez en la necesidad de tomar una decisión importante por algo? Seguro que sí, y seguro que, si se ha hecho con toda la seriedad que ello requiere, han ocurrido cosas importantes en tu vida y en tu entorno tanto antes como después de tomar la decisión. Y, es que la toma de decisiones es una cuestión muy seria en la vida.

“Llegamos hoy al final del capítulo sexto del evangelio según San Juan. Después de realizar el signo de la multiplicación y durante cuatro domingos, Jesús se nos ha revelado como el enviado del Padre que se ofrece para la vida del mundo. Acoger este don implica entrar en la dinámica de una vida sin término. Pero creer en Jesús no es tan sencillo y la fe de quienes lo siguen, incluso la de algunos de sus discípulos, entra en crisis”… Las crisis en la vida de fe son inevitables, son necesarias, son momentos privilegiados que nos invitan a tomar una decisión, a definir nuestro modo de ser y de estar en la vida ante Dios y ante los demás (La Casa de la Biblia). “¿También vosotros queréis marcharos?

Y es que ante Jesús no podemos permanecer indiferentes e indecisos, hemos de estar continuamente tomando opciones, tomando decisiones que exigen de nosotros un profundo discernimiento para no andar dando palos de ciego, para tener lo más claro posible la opción tomada en algún momento. Hoy no podemos permanecer en la fe porque es una cosa de tradición o porque en mi familia y en mi pueblo se hace, sino que nos está exigiendo tomar una decisión personal, tomar partido y tener razones de nuestra esperanza (cf. 1Pe 3,15). Dios no obliga a nadie. La vida cristiana se ha de vivir en plena libertad hasta llegar a decir como el discípulo Pedro “Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios” (Jn 6,60-69).

Las opciones y decisiones en la vida son muy importantes. Mantenerse en una indecisión permanente acarrea muchos problemas personales y colectivos, pues da la sensación de que no eres una persona de confianza y con la que se pueda contar contigo, porque no acabas de dar una respuesta que llegue a comprometerte. Algo de esto está pasando en nuestras iglesias, sobre todo en las nuevas generaciones que se acercan a pedir algún sacramento. Es decir, no hay opciones concretas ni personales ni familiares, sólo existen inclinaciones del momento, algo puntual, pero que no te comprometan mucho, pues sus vidas están en otras cosas. Se suele decir “si no hay algo mejor, pues…”. Por eso se nos hace muy difícil mantener procesos de crecimiento en la fe que lleguen a una maduración clara y consciente de por qué uno quiere recibir tal o cual sacramento. Esto lo llevamos viviendo desde hace mucho tiempo en nuestras catequesis, pero no alcanzamos a ponerle solución; nos conformamos con ir tirando y que sea lo que Dios quiera. Nos conformamos con decir que nosotros sólo sembramos y que no nos corresponde recoger el fruto, pero no nos preguntamos si la siembra, si la semilla que echamos es de buena calidad y si la tierra está bien preparada. Por eso hay tanto malestar en las personas que voluntariamente se ofrecen de catequistas. Además, se han perdido valores básicos de convivencia que hacen muy difícil mantener la atención y ofrecer algo de calidad a los que vienen para prepararse a la recepción de algún sacramento.

Podemos decir que, sacramentalmente en la Iglesia, estamos en una profunda crisis a la que no sabemos enfrentarnos con valentía y a la que no encontramos respuestas que nos ayuden a avanzar de alguna manera. Seguimos con una pastoral de mantenimiento que no provoca ningún tipo de interrogantes ni ofrece oportunidades para crecer. Todo esto lo vamos viviendo, principalmente en la asistencia a la Eucaristía dominical y semanal.

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza.

PREGUNTAS:

 

  • Repasa en tu vida los momentos de crisis en los que has sentido la tentación de abandonar a Jesús y concreta las razones que te hicieron y te hacen permanecer en la fe en Jesús.
  • ¿Qué vivencias de la fe te resultan duras de entender y seguir?
  • ¿Qué es lo que en la Iglesia te provoca crisis y piensas en abandonarla?