Evangelio del Día

Ordinario - A - 33 19 noviembre 2017

 

Evangelio según Mateo (25,14-30)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

14 –Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: 15 a uno le dejó cinco talentos de plata; a otro, dos; a otro, uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. 16 El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. 17 El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. 18 En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.

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EL ESTUDIO DE EVANGELIO

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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EL ESTUDIO DE EVANGELIO

 Antonio Chevrier insistió siempre que había que tomarse el Estudio de Evangelio como un trabajo para ganarse el pan. Ese es nuestro trabajo: estudiar el Evangelio cada día.

 

Estudiar el Evangelio es estudiar a Jesucristo. Y estudiar a Jesucristo es irle conociendo cada vez más. Tenemos que conocer más y mejor a Jesucristo para hacernos más eficaces a la hora de seguirle. Más y mejor. Más de cerca. Hacernos más eficaces en dar a conocer a Jesucristo, como él se daba (y se da) a conocer. Más eficaces en conseguir que los pobres conozcan a Jesús, y a su vez le sigan y le amen.

El Evangelio-Jesucristo es, para A. Chevrier, como una casa que se convierte poco a poco en un hogar. En nuestro hogar. Uno puede descubrir un día una casa y darse cuenta de que es muy bonita. Puede incluso pararse y observarla con detenimiento por fuera. Fijarse en todos los detalles que la hace aparecer una gran casa. Volver una y otra vez al mismo sitio para contemplarla. Pero uno puede entrar. Se le aparecerán entonces tantísimos aspectos que desde la calle no se ven: las salas y habitaciones, la distribución interior, la vida que allí dentro ha palpitado o puede palpitar. Es posible incluso que llegue a comprar esa casa y viva en ella.

Para entrar y vivir del Evangelio, vivir en el Evangelio, vivir el Evangelio, comunicar el Evangelio, A. Chevrier seguía un cierto método.

(1) Lo primero es disponerse para conocer a Jesús. Conocer a Jesús lo es todo. Antes que nada me centro en qué debo conocer más de Jesús. Ahí no se trata sólo de tomar una decisión. Hay que rezar. Hay que dejar que sea el Espíritu y la vida los que me digan qué aspectos de la persona de Jesús aún no conozco suficientemente. Tengo que darme cuenta de por dónde debería yo crecer más en el seguimiento de Jesús. Eso, la mayoría de las veces me lo tienen que decir. Por poner un ejemplo: aún no conozco suficientemente a Jesús en su autoridad, o en su abajamiento, o en su gloria, o en su intimidad con el Padre, o en lo que alimentaba su vida, o en sus enfrentamientos, o …

(2) Ese punto concreto guiará mi Estudio de Evangelio. Ya se ve que no me mueve la curiosidad sino la necesidad del contacto más rico con Jesús y la posibilidad de conversión que se me abre. Soy como un discípulo que se fija en su Maestro. No sólo en sus enseñanzas sino en todo su ser. Entonces escojo un Evangelio concreto. Y voy leyendo, despacio, muy despacio, sin perderme detalle. Leo y releo. Voy apuntando literalmente cada frase, palabra, que me da luz.

(3) Apunto la frase, palabra, párrafo y, al lado, le hago un pequeño comentario. Qué me sugiere, qué descubro ahí. Apunto otros fragmento del evangelio, ya conocidos, que van en la misma dirección. Otros sitios de la Palabra de Dios que apuntan a lo mismo. Anoto sobretodo cómo se me muestra Jesús en el trozo de Evangelio que he escrito.

(4) Al lado de eso aún tengo que apuntar más cosas. Voy por un momento a mi vida, a la experiencia diaria, a la gente que conozco o trato habitualmente, voy a los pobres. Con actitud contemplativa miro cómo se me muestran. Lo escribo. Justo ahí al lado tengo ya cómo se me muestra Jesús. Los contemplo juntos, a la vez. ¡Cuántos maestros no me van acompañando cotidianamente junto con el Maestro¡ Lo agradezco.

(5) Así voy continuando hasta terminar el Evangelio que he escogido. Ya se ve que esto no es cosa de un día. Al acabar de leer el Evangelio vuelvo sobre todo lo que he recogido. Es el momento de formularme todo eso ordenadamente. De darle forma. De que concrete mi conversión. Tengo que volver a rezar. No quiero un simple resumen. Me tiene que salir algo con contenido. El contenido es Jesús mismo. Tiene que ser algo profundo. Para ello es muy útil expresar la fe que tengo en Jesús. Creo en él y el Estudio de Evangelio que estoy haciendo me facilita el decir mi fe.

(6) Mi fe en Jesús, mi conocimiento de Jesús, mi amor por Jesús que he adquirido son también para los demás. Habiéndome hecho discípulo de Jesús, ¿me haré ahora maestro de otros, con toda la humildad pero con toda la eficacia?