Salir al encuentro de los chavales más precarizados - cuaderno de vida

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Salir al encuentro de los chavales más precarizados

 

Anoche, pasadas ya las 11, regresaba a casa después de la reunión del Grupo de los viernes. Veo una pandillita de chavales con ganas de marcha y siento el deseo de pararme y establecer contacto con ellos… Pero pudo más mi timidez y pasé de largo con un apagado “buenas noches”. Nadie me contestó y personalmente ¡qué mal me sentí!... Otra ocasión perdida…, cuando no había avanzado aún diez pasos y una chavalilla desde el grupo, con voz decidida, me llama: “Oiga, señor, señor, ¿es Vd. el nuevo cura?” Todos me miran. Vuelvo sobre mis pasos y me acerco a ellos: “Sí, yo soy. ¿Os vais de marcha?”… “¡Guayyy!... ¡a LŽEliana, a 200 por hora!” Hablan todos a la vez, y mientras caminamos hasta llegar a la esquina de mi casa, saltan y se empujan bromeando entre ellos.

 

“Bueno, yo me quedo aquí. Me alegro un montón de conoceros”. “Nosotros también, ¡hasta la vista!”… “¡Hasta la vista! ¡Que os divirtáis!”

 

 

Mientras subía la escalerilla hasta el portal de casa, les fui mirando hasta que doblaron la esquina del colegio y bajaron por el descampado que da a la plaza de Benicarló. En esos momentos sentí una gran ternura por ellos… Y me acordé de aquellos otros chavales, ya lejanos en el tiempo, de mis primeros años de consiliario en la JOC. Enfundado en mi sotana y mi boina, salía a su encuentro mezclándome entre ellos en el bullicio joven de la calle S. Lorenzo allá en Alcoi… Y fueron pasando por mi memoria tantos y tantos chavales, chicos y chicas de barrios obreros, que fueron marcando mi existencia y mi talante de cura.

 

Ya en casa abrí los Evangelios: “Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas… Viendo a las gentes, sintió compasión de ellas… Y dijo a los discípulos: La mies es abundante y los braceros pocos; rogad al dueño que mande braceros a su mies” (Mt 9,35-37).  Y de nuevo percibí con gran fuerza la llamada del Señor. Salir al encuentro de los chavales más precarizados del barrio. Confiar en ellos, en sus capacidades personales. Escucharles. Renovar en mi la convicción de que ellos pueden, “entre ellos, por ellos y para ellos”, ponerse en marcha con la JOC y caminar hacia su encuentro con la persona de Jesucristo.

¿Sabré hoy, Señor?... ¿podré hacer este trabajo de servicio y acompañamiento?... aquí, en este barrio…, con mis limitaciones personales?... Ayúdame, Señor, y envía “braceros” que quieran trabajar en tu mies.