MI EXPERIENCIA EN CATEQUESIS

Categoría de nivel principal o raíz: Contemplación de la Vida
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Última actualización: 14 Enero 2016
Creado: 06 Septiembre 2015
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El Padre Chevrier, en la carta 153 que escribe a Jean Claude Jaricot el 9 de abril de 1878, se lamenta de que no ha “conseguido hacer catequistas, aunque me parece que hoy es esta la necesidad del momento y de la Iglesia”.

Son muchos los años que nos separan y parece que seguimos igual y con las mismas dificultades para hacer buenos catequistas y dar bien la catequesis. No cabe duda que es una preocupación constante, porque en ello nos va la transmisión de la fe de la manera más genuina y atractiva para hacer presente el Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que se nos ha revelado en Jesús de Nazaret. Un Jesús de Nazaret que no ha perdido actualidad, pero que nos cuesta entender, seguir y transmitir.

Pues bien, esta ha sido y es mi tarea en cada parroquia a la que soy enviado en la diócesis de Guadix-Baza. Mi preocupación primera es, cómo hacer buenos catequistas y cómo dar bien la catequesis, porque es el mismo Jesucristo el que se nos da y el que quiere caminar con nosotros en todos los ámbitos de nuestra vida.

Con esta clave, en Jérez del Marquesado, en la Parroquia Nuestra Señora de la Anunciación, hemos puesto en marcha una formación continuada de catequistas (mujeres todas) en las que intentamos trabajar personalmente, contenidos y acciones, que luego nos ayuden a desarrollar mejor la catequesis con las personas que atendemos, unas 65 en total, de 7 a 17 años de edad.

La formación es semanal, y la hacemos en dos momentos. Un primer momento donde consensuamos dinámicas específicas que nos ayuden a desarrollar los contenidos a trabajar con las diferentes etapas y niveles de catequesis; y un segundo momento donde ya, con todas las catequistas juntas, trabajamos desde el estudio de Evangelio, la oración y la formación en algún tema específico (Jesús. Aproximación histórica; La alegría del Evangelio; Imágenes falsas de Dios, etc.). Este segundo momento, es el más valorado, porque nos sentimos discípulas y discípulos a la escucha de la Palabra de Dios que viene a iluminar nuestra vida y cada una de las situaciones que vivimos. También sacamos tiempo para resolver alguna dificultad que nos haya ocurrido al impartir la catequesis, así como alentarnos unas a otras y rezar unos por otros.

Hemos llegado a los siguientes acuerdos:

 

  1. Dar prioridad en nuestras catequesis y reuniones a la lectura y escucha de la Palabra de Dios a fin de “lograr que… se interesen realmente por el encuentro personal con Cristo que se comunica en su Palabra” (VD 73). “Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo” (Is 55,10-11).

 

  1. Necesidad de separar los grupos a distintas horas, pues descubrimos la dificultad de mantener una reunión en condiciones, dado el alto ruido y dispersión que hay.

 

  1. Plantear un proceso de formación para padres y madres. Esto es así, porque vamos descubriendo serias lagunas en la transmisión de la fe de una generación a otra.

 

  1. Mejorar los momentos de oración, sobre todo, con los catequizandos más mayores.

 

  1. Implicar a los niños/as y catequistas en la preparación de la Eucaristía dominical.

 

  1. Plantear experiencias para realizar durante el curso catequético: visitar enfermos, conocimiento de ONGs, experiencias de oración, lectura de la Biblia, celebraciones especiales, cursos específicos, encuentros, preparación de monitores, talleres diversos, campos de trabajo, preparación de las Eucaristías dominicales, etc.

 

Niños y catequistas arrodilladas en los bancos de la Iglesia.

 

Con todas estas claves, hemos planteado la catequesis de la siguiente manera:

 

  1. ETAPA DE INICIACIÓN EN LA FE: (Desde el inicio hasta la recepción del sacramento de la confirmación. De 6 a 16 años): El proceso es una iniciación integral a la vida cristiana. Es iniciación porque no puede perpetuarse, y acaba en la integración en la Comunidad Cristiana inmediata. Iniciación porque se introduce progresivamente en la vida de esta comunidad.

Es iniciación en el conocimiento del misterio de Cristo y del designio salvador de Dios, que ilumina el sentido último de la existencia, la inspira y la juzga a la luz del Evangelio. Se trata del conocimiento de la fe que no se refiere sólo a lo intelectual sino que abarca nociones, valores, experiencias, acontecimientos... Es iniciación en el estilo de vida evangélica, según las Bienaventuranzas. Iniciación a la experiencia religiosa genuina, en la oración y en la celebración sacramental.

Iniciación en el compromiso apostólico y misionero de la Iglesia como “confesión de su fe”.

 

Consta de tres niveles:

 

NIVEL: DESCUBRIMIENTO: Pretendemos descubrir personal y en grupo los elementos básicos del Evangelio: el amor de Dios a todas las personas, la llamada que nos dirige a transformar el mundo según el Evangelio, la invitación de Jesús a cambiar para convertirnos en seguidores suyos y la participación en la Comunidad cristiana a través del grupo y en solitario. Culmina con la recepción de la PRIMERA COMUN-UNIÓN.

 

NIVEL: CRECIMIENTO: Se trata de una llamada a personalizar la fe: ser persona al estilo de Jesús y con Jesús como único Señor. Iniciamos a la búsqueda del sentido de la vida y proponemos el Evangelio como alternativa ante los estilos del mundo. Asumir el protagonismo en la construcción de la propia personalidad y aproximación a la comprensión del Reino de Dios, de sus urgencias y necesidades, y llamada a sentirse aludido por ellas.

 

NIVEL: PROFUNDIZACIÓN: Periodo catecumenal, que intenta lograr una completa personalización de la fe: vivirla conscientemente en libertad, en referencia a los otros, en disposición de compartirla, en actitud de búsqueda y de conversión continua, dejándose cuestionar por ella, haciendo que llegue a todas las manifestaciones de la persona, con creatividad y responsabilidad.

 

En este nivel se puede recibir el sacramento de la Confirmación, según se encuentren o no preparados si han hecho una opción global de su vida por Jesús y su Mensaje, planteando un proyecto de vida en coherencia con su fe asumiendo la comunidad como elemento esencial en su vivencia cristiana. Tienen capacidad para “dar razón de su esperanza” (1Pe 3,15) y para expresar su fe en la oración, en la celebración y en el compromiso apostólico.

 

  1. ETAPA DE CONSOLIDACIÓN EN LA FE (Pertenencia a la Comunidad. De 16 años en adelante): Desarrollo pleno de la fe, dotándola de rigor teológico, sentido crítico, carácter profético y expresividad mediante la oración y celebración. Se concreta el compromiso vital en una proyección social o un ministerio eclesial. Experimentación en las diversas formar de compartir en la comunidad.

Consta de dos niveles:

 

NIVEL: MADUREZ (16-18 años en adelante). Es la Pastoral juvenil.

 

NIVEL: INTEGRACIÓN. Es la participación en la vida de la comunidad parroquial en cualquiera de sus ámbitos: formación, celebración, caridad.

 

 

Si bien, la etapa de iniciación en la fe la desarrollamos y mantenemos más o menos bien, la etapa de consolidación en la fe nos da muchos quebraderos de cabeza y no somos capaces de armonizar todo un proceso que mantenga cierta estabilidad y compromisos en los jóvenes que acceden a ella. Nuestra experiencia es que abandonan muy pronto y ya no contamos con ellos (con poquísimos) más que para momentos y experiencias muy puntuales.

 

En todo ello, hemos descubierto que ser catequista es una auténtica vocación, una llamada que Dios dirige al corazón de cada persona y que, por lo tanto, hay que responder a ella con prontitud, solicitud y deseo de desarrollarla lo máximo posible, pues es el mismo Dios el que ha querido comunicarse de corazón a corazón y el que ha contado con cada uno de nosotros dándonos esa responsabilidad.

 

José Mª Tortosa Alarcón

Responsable de formación

de la Asociación de Sacerdotes del Prado