"Mi casa"

Categoría de nivel principal o raíz: Contemplación de la Vida
Última actualización: 06 Agosto 2013
Creado: 12 Diciembre 2010
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"MI CASA"

"El Señor ha visitado y redimido a su pueblo".[1]

Eran los últimos muebles que sacábamos... No me había fijado. Noté que pisaba algo. Me vuelvo y.... estaba allí. Era la Paca. Sacaba un pañuelo de su pechera y se enjugaba las lágrimas:

-"Vendrás por aquí, verdad hijo"

-"Claro, Paca,... No te preocupes..."

Me emocioné un poco. Yo me di media vuelta y salí corriendo a mi casita como para decirle el último "adiós" .... ¡Tantos años!..

Entré, la casita estaba vacía; me quedé paralizado. Por mi interior pasaron muchos años de experiencia, de vida, de...Iba recorriendo con la mirada y el corazón aquella casita que había sido mi hogar durante trece años:

"A la derecha, una habitación de seis metros cuadrados. Allí, durante muchos años dormimos los tres que formábamos el equipo. Durante el día hacía también de capilla. Por las noches, los tres repasábamos y presentábamos al Señor la experiencia de cada día, a las personas, los grupos, la acción... El barrio pasaba en ese momento por esos seis metros cuadrados como en la pasarela ante el Jefe... Allí aprendimos un poco más a convivir... Veníamos de trabajar y ya nos esperaban los aprendices reunidos..

La entrada, de cinco metros cuadrados, hacía de cocina... Recordé cada una de las cosas que había habido allí y, en ese momento todas ellas me evocaban la experiencia, la vida, el misterio de la misma...

A la izquierda, la otra habitación de otros cinco metros cuadrados. La teníamos reservada para leer, estudiar, para reunirnos. Y recordé:"Ahí, mi mesa de despacho en estos últimos años. Solo ella sabe las horas de reflexión, de oración, de soledad"

Mi casa... Todo era evocación de la vida de muchos jóvenes del barrio. ¡Cuantas horas siguiendo acompañando procesos de militantes de JOC!. Allí aprendí a ser consiliario de JOC. Allí se iniciaron muchos militantes.. Allí los aprendices se encontraban "en su casa". Un día, en la puerta de entrada, los aprendices colgaron una cisterna W.C. y dibujaron un aprendiz. Al pie pusieron una frase: "un aprendiz vale más que todo el oro del mundo".

Mi casa, ya vacía, me reenvió a lo inefable de la vida. A partir de ella empecé a ver de una manera determinada a mis vecinos. Los empecé a querer "desde ella". Desde mi casa llegue a mirar mi patio vecinal de forma muy particular. Y desde mi casa, mi patio y mis vecinos descubrí mi barrio y a sus gentes de forma muy distinta a como antes los había conocido. Desde mi barrio aprehendí a Madrid de otra manera. Había sido la gente de mi barrio, vista desde mi patio, observado desde mi casa quienes me habían enseñado a encarnarme entre ellos. Allí hice mi gran experiencia espiritual pradosiana. Y desde mi casa, enclavada en aquel barrio, vi y conocí de una manera especial a la Iglesia de Madrid. En mi casa y con mis vecinos aprendí a ser cura, a vivirme como cura, a creerme que era cura. "Mi casa" en esos momentos era para mi un sacramento. Me evocaba la vida, la experiencia, el misterio del hermano pobre y pequeño, del Cristo encarnado, del Señor de la historia.....

Alguien llamó a la puerta. Me sequé una lágrima que se me deslizaba por la mejilla izquierda y abrí:

-"Tienes los ojos rojos, ¿te pasa algo?", me dijo.

-"¿Ya ha marchado la furgoneta?", le pregunté..

El sonrió y me contestó:

-"Cuesta dejar un jirón de tu vida y de los tuyos, ¿verdad? Ha sido y sigue siendo tu gran símbolo...Parece mentira que una casita tan vieja y pequeña sea la expresión mejor de algo tan grande!"

-"¡Vamos! -le dije-. Ahora hay otra gente que me moldeará como Manolo vecino-cristiano-cura..."

Hacía mucho tiempo que no volvía por mi antigua casita. Después de muchos meses me acerqué. La miré desde el patio. Fui a ver a mis antiguas vecinas...Llamé puerta por puerta y no con-testaron. "Estarán vendiendo el cartón" -me dije para mí-. Y no me acerqué a la puerta de la antigua "mi casa". Me parecía como profanar aquel sacramento...

Meses más tarde, salía de casa de unos amigos míos que viven en mi antiguo barrio. Eran las dos de la madrugada. Al volver una esquina con el coche reconocí a la Paca. Recogía cartones "como todas las noches". Paré el coche y le llamé. Pero la Paca no me oyó. Por fin me baje del coche y fui hacia ella. Antes de llegar la vuelvo a llamar. Me miró con la cara asustada. No me reconocía. Por fin me planté delante de ella:

-"Pero si es Manolo. Hijo, ¿como estás?". Y cada vez lo repetía gritando y gritando más y más. Me abrazó. A los dos se nos cayeron algunas lágrimas. Los vecinos salían a las ventanas al escuchar aquellos gritos. Ya hacía buen tiempo y era sábado.

-"Hijo, ¿no has vuelto a ver tu casita?... ¡Claro, estás tan lejos...!Hijo, la han convertido en almacén...". -Y al decírmelo, la Paca bajó la cabeza como junto a su pecho, me miró a los ojos y abrió sus brazos en señal de resignación... Yo callé.. Al final le dije:

-"Ya lo sabía, Paca".

En aquel momento la Paca encarnaba para mí "el sacramento de mi casa". Era como el abrazo que nos dábamos lo inefable de mi casa y yo mismo...

-"Paca, te invitaré a que conozcas mi nuevo barrio" -le dije. Y ella se llenó de alegría...

-"Cuanto me acuerdo de ti, hijo. Cómo te va por allí?. ¿Qué tal la gente?"... Y no dejaba de hablar. Ella seguía:

-"¿De verdad que me llevarás?". -Y me abrazaba-...

Nos despedimos.. Subí al coche y la vi como se alejaba con su carricoche lleno de cartones. Por algunos momentos reviví de nuevo toda una experiencia profunda–mente humana y espiritual y de fe de muchos años. El Señor había pasado por "mi casa-vecinos-barrio-Madrid-Paca". Pero el Señor seguía pasando por la Paca que con su abrazo me había significado el abrazo que Dios me dio en esos años de esfuerzo, de opción, de gozo, de miseria, de pecado, de gracia, de liberación..."Gracias, Paca", -exclamé-. "Gracias, Señor". Y me vino a la memoria y al corazón una de las tres veces que vi a Paca por la parroquia en todos los años que estuve de cura allí. Recordé que me había encargado una misa por su hermana. Al final de la celebración la vi entrar en la sacristía con su mejor ropa. Entraba como asustada, despacio, como si estuviera metiéndose en un lugar que no era el suyo.. La acogí , le di un beso... y en ese momento metió la mano en su pechera, sacó unos billetes de cien pesetas todos arrugados y me los ofreció:

-"No Paca, a nadie les cobramos las misas y menos a ti". Ella me miró como suplicante y me dijo:

-"Cógelo, hijo, que siempre habrá más pobres que yo y le harán falta".

Me llené de alegría. Se los cogí como el mejor donativo que nadie me ha dado para los pobres. Era el precio de más de una noche de recoger cartones. "Esa viuda que termina de echar en el cepillo, ha echado más que nadie".

Arranqué el coche y marché lleno de alegría.

"El Señor ha visitado y redimido a su pueblo".

 


[1] Cuando me cambié de casa en el barrio de Lucero de Madrid al barrio de Vallecas. Octubre 1.985. Llevaba viviendo en la chabolita unos trece años. Paca era una vecina muy mayor. No sabe ni leer ni escribir. Está sola. Por las noches recoge cartones para venderlos y ayudarse en su pobre economía. Nos llegamos a querer mucho. Ella ha sido para mi "mi vecina", "la abuela", "signo de la presencia de Dios en los pobres de mi barrio",.....Ha sido para mí "la Paca".