LA EXPERIENCIA DE DIOS EN LA VIDA DIARIA

Categoría de nivel principal o raíz: Contemplación de la Vida
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Última actualización: 09 Enero 2018
Creado: 09 Enero 2018
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Soy José María Tortosa Alarcón, responsable de formación del Prado de España y Párroco en dos parroquias de la Diócesis de Guadix-Baza, provincia de Granada: Jérez del Marquesado y Albuñán.

 

Desde hace siete años, en la Parroquia de Jérez del Marquesado, estamos haciendo el estudio de evangelio semanal con el grupo de liturgia y también con el grupo de catequistas. Es una experiencia que está siendo muy enriquecedora para todos los que participamos, con nuestros más y nuestros menos, pero con una fidelidad bastante reseñable.

 

A su vez, desde hace dos años, varias personas han empezado una experiencia personal de acompañamiento a la experiencia de Dios en la vida diaria, siguiendo unos cuadernos editados por Sal terrae. En este caminar hay de todo: quien lo deja por situaciones difíciles de compaginar, quien interrumpe y luego se vuelve a enganchar tras pasar crisis personales y familiares nada fáciles; y quien ha continuado desde el principio sin interrupciones reseñables.

 

Desde diciembre de 2017, se han incorporado cuatro personas más a esta experiencia de Dios en la vida diaria, que hacen la experiencia en grupo.

 

En esta comunicación no voy a ser yo el que hable, sino que dejo la palabra a dos de las personas que están haciendo la experiencia desde el principio.

 

Así que, os dejo con Ana y con Dulce.

 

Me llamo Ana María Garzón, vivo en Jérez del Marquesado, un pueblecito de la provincia de Granada. José María Tortosa es mi párroco y amigo; él propuso en una homilía la posibilidad del acompañamiento personal para descubrir a Dios en la vida diaria. Contar mi experiencia de Dios es un poco el objetivo de este escrito.

 

Nací en el seno de una familia cristiana, mi relación con el Dios de mis padres ha sido un continuo en mi vida, Jesús ha sido para mí el modelo a seguir, por la noche al acostarme he reflexionado sobre mis actos diarios a la luz de su mirada, su palabra y su ejemplo siempre me han interpelado; A Él me he dirigido en mis momentos tristes, le he dado las gracias por las alegrías recibidas, le he pedido fortaleza en mis momentos de fracaso… Pero aunque estaba siempre en diálogo con Él, el día a día transcurría al margen de Él. Me costaba encontrarlo en las miradas de las personas que me miraban, en los comentarios de los demás, en sus reproches y en sus halagos… Mi relación con Él dependía más de mi voluntad en buscarlo que de su salida a mi encuentro.

 

Con el paso de los años y el estudio del evangelio, la figura de Dios Padre ha ido tomando forma en mi vida, el Padre amoroso y misericordioso que sale siempre al encuentro del hijo perdido, que se compadece del sufrimiento, que tiene siempre una palabra de cariño que interpela, cuestiona tu capacidad de amar y moviliza la conciencia del hombre a hacer el bien.

 

Necesitaba conjugar estas dos situaciones, ver a Dios, al Padre amoroso en quien Jesús confió su vida, en las personas que me rodeaban, en mi Galilea, en mi propio camino y no estática mirando el cielo.

 

Al comenzar el itinerario me sorprendió un primer ejercicio que pedía abrir los ojos, los oídos, la vista… Trabajar los sentidos para sensibilizarlos a todo lo que ocurre a tu alrededor… Me encantó, de pronto oía y veía cosas en las que no había reparado con anterioridad; También, el ejercicio que me pedía girar en torno a Dios y pararme ante Él, expulsar con la respiración todo aquello que no quería en mi e inspirarlo a Él y llenarme de Él, me sobrecogió, y cuando me siento sobresaltada con algo lo practico.

 

En este trabajo continuado que llevo de forma semanal con José María, se va afianzando en mi la oración, la reflexión, la confianza y el perdón. Me siento cada vez más humana, no consigo eliminar de mí todo aquello que me lastra, pero empiezo a ver mis defectos como una posibilidad de redención; Él me quiere como soy, con mis luces y sombras, y yo agradecida de ese amor no merecido, tengo que aprender a amar a los demás como son.

 

Mi valoración sobre esta experiencia es muy positiva, a veces me cuesta encontrar un hueco en mi agenda para realizar los ejercicios que se me piden pero entonces alargo el tiempo de trabajo hasta la entrevista. No quiero prisas quiero sosiego y paz en este camino de encuentro.

 

Creo, como muy bien dice José María, que estos procesos individuales son la nueva vía de evangelización y deberían de ofrecerse en las parroquias. Yo le agradezco enormemente a él que me lo haya propuesto, y le agradezco su tiempo, su preocupación y preparación, así como su confianza en mí.

 

Soy Dulce, viuda desde hace poco, tengo un hijo y una hija. Cuando comencé esta experiencia, estaba en una situación delicada porque mi marido padecía un cáncer de pulmón y se estaba tratando con quimioterapia. Yo estaba muy preocupada, muy nerviosa temiéndome el final. Yo me sentía débil, impotente, frágil como una muñeca rota, y empecé a pensar como quiere Jesús; y haciendo esta experiencia siempre acompañada de tu guía espiritual con el cual tienes que ser sincera y escucharlo. Trabajas sobre lo que él te va diciendo y te guía y, poco a poco, dando pasos pequeñitos, apoyándote en la vida de Jesús, abriendo tu corazón a esa manera de ser a la que nos invita Jesús, con amor, perdón, alegría, aceptando los problemas de la vida que son duros. Así empiezas a enfocar los problemas de esta vida tan bonita, pero a veces, tan dura, de otra manera, y poco a poco, día tras día, voy trabajando mi manera de ser para acercarme lo máximo posible al objetivo de saber vivir, o por lo menos intentarlo y ver las cosas desde la fe en Cristo.



Cuesta mucho, pero cuando llegó el momento duro, muy duro, en el que mi marido fallece, yo no sabía lo preparada que estaba y cómo afronté esos momentos tan duros. Entonces me di cuenta de que mi trabajo sobre mi manera de pensar y descubrir a Dios en la vida diaria, me había hecho más fuerte pese a que se fue la mitad de mi corazón, de mi vida, o sea todo, pero descubres que tienes a Jesús contigo y te puedes apoyar en la fe y no te sientes tan sola porque, sabes que el amor de Dios está contigo y nunca te faltará y eso es un gran consuelo. Estás sola por fuera, pero hay algo por dentro, una fuerza que te ayuda a seguir adelante aunque cuesta mucho. Y aquí sigo cada día trabajando un poquito la fe de Cristo que tanto me ayuda en este año tan duro y seguiré trabajando hasta que pueda.



Jamás dudaré que la fe mueve montañas, solo tienes que abrir tu corazón y dejar que entre Jesús y no sólo te engrandeces como ser humano, sino que a los que te rodean también le influye llegándoles tu amor que puede ser de muchas maneras si tratas a las personas, animales, plantas y todo ser vivo con amor. Esto te engrandece a ti y a ellos aunque no se den cuenta. Cuanto más amor das, más amor tienes, el amor de Jesús es inagotable. Siento pena que algunas personas no sepan lo que es el amor de Cristo, pero yo seguiré aprendiendo las enseñanzas de Jesús poniéndolas en práctica porque es algo que no hay palabras para explicar la paz y la tranquilidad que sientes. Es algo grande, muy grande que no se te puede escapar.



Doy gracias a Dios por dejarme hacer esta experiencia que, sin duda, se repetirá todas las veces necesarias porque es maravillosa.



Desde que empecé este trabajo de experimentar a Dios en la vida diaria, mi vida ha cambiado, poco a poco, para mejor. La paz, el amor y la calma han llegado a mi vida y doy gracias por ello.