Las cartas de Chevrier

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CARTAS DEL P. CHEVRIER

 

Se han conservado 560 cartas del fundador del Prado, de la enorme cantidad que escribió a seminaristas, a compañeros sacerdotes, a las primeras religiosas, a personas a las que dirigía espiritualmente y a otras que le ayudaban en su Obra de la Primera comunión. La mayoría escritas desde Lyon o Limonest, sus lugares casi exclusivos de residencia. Hay dos excepciones importantes: las cartas escritas de Roma, donde se desplazaba para acompañar a los que allí se preparaban para la ordenación, y desde Vichy, donde residió una temporada para reparar su salud maltrecha.

En sus misivas habla a menudo de los pequeños detalles de la vida cotidiana del Prado, de los niños, de los seminaristas. Todo ello enmarcado en un discurso espiritual evangélico de gran autenticidad y ardor. Todos sus biógrafos han confesado que en sus cartas desvela lo mas hondo del alma y del corazón, expresando los sentimientos que su carácter de lionés reservado hubiera reprimido.

Veamos algunos ejemplos.

Escribe a Camile Rambaud, el carismático laico fundador de la Ciudad del Niño Jesús, cuando éste fue a Roma a prepararse para ser sacerdote, dejando al P. Chevrier la plena responsabilidad de la Ciudad. Ahí empezó a descubrir que debía dedicarse completamente a los muchachos y eso le llevó a fundar el Prado.

“A los niños, como a todo el mundo, les gusta estar en su casa, les gusta que se hagan cosas para ellos, les gusta estar solos. Sin embargo aquí no se puede decir que estén en su casa, no pueden decir que sólo nos ocupamos de ellos, cuando se ven mezclados con tanta gente.[…] Por mi parte, me meto a veces en sus juegos para animarlos, pero comprendo que no es decente que yo corra tas la tranca con los niños en una Ciudad maligna que se mofa de todo y que espía todos nuestros movimientos”. (Carta n.23. 1859)

Al P. Bernerd, primer sacerdote auxiliar de A.Chevrier, le dice:

“En la casa todo sigue más o menos igual. El señor Jaillet tiene la boca poco bien, su dentadura le hace sufrir de vez en cuando; (los dientes ajenos no son mejores que los propios); también le envía sus saludos. Los latinistas se marcharon de vacaciones, excepto cuatro que se han quedado a hacer el trabajo de la casa y al mismo tiempo disfrutar algo de las vacaciones” (Carta n.39. 1869)

Al P. Duret, uno de los cuatro jóvenes que fueron los primeros sacerdotes del Prado:

“Los domingos tenemos actualmente cerca de 150 niños que vienen al Prado, y a veces deseo que estéis aquí para trabajar con estas jóvenes almas, para que les enseñarais a conocer a Dios y a su hijo Jesús ¡Qué hermoso es saber hablar de Dios y de nuestro Señor! Ah, aprended, meditad mucho, para que podáis encontrar, en el retiro y en el estudio, las gracias necesarias para trabajar con provecho después en su obra”.

(Carta n.103. 1874)

A Sor Verónica, segunda superiora de las hermanas del Prado:

“De donde viene que entre nosotros haya tantas pequeñas miserias, susceptibilidades, celos, maldad, negligencia? Sencillamente, de que no tenemos el espíritu de Dios. Cuando tengamos el espíritu de Dios, habrá unión, caridad, amor, celo, renuncia a si mismo. Pídalo para usted misma y que todas lo pidan para todos; recen bien cada día con fe y humildad la oración al Espíritu Santo para que el espíritu de Dios venga sobre nosotros.” (Carta n.188. 1877)

La pasión por Jesucristo, la centralidad del Espíritu Santo, el estudio del Evangelio, la evangelización de los pobres, los grandes misterios de la Encarnación, la Redención y la Eucaristía, o sea los grandes temas de la espiritualidad apostólica del P. Chevrier aparecen en muchas de sus cartas, todas ellas contextualizadas en una vida pobre, sacrificada y entregada. Muestra también su fina y rigurosa pedagogía espiritual cuando se dirige a seminaristas, sacerdotes, laicos y laicas y religiosas que desean seguir a Jesucristo más de cerca.

Florenci Costa i Padró

2011-04-09