Asamblea Regional del Prado. Agosto 2013

Categoría de nivel principal o raíz: Documentos
Visto: 1750

LA EVANGELIZACIÓN DE LOS POBRES,

FUENTE DE ESPIRITUALIDAD

 

 

 

Del cinco al diez de agosto de 2013 la Asociación de Sacerdotes del Prado Regional de España ha celebrado en la ciudad de Ávila su Asamblea quinquenal. La Asamblea ha elegido al nuevo responsable regional y su Consejo y ha trabajado en torno a La evangelización de los pobres, fuente de espiritualidad.

 

 

Desde nuestra experiencia misionera entre los pobres como fuente de alegría y esperanza (Asamblea Regional 2008) escuchamos una nueva llamada de Dios a cultivar una fuerte espiritualidad arraigada en la misión.

 

 

La evangelización de los pobres

 

“Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (EN 14). La misión de la Iglesia es acoger de nuevo a Jesucristo, el Evangelio del Padre, para convertirse, por la gracia del Espíritu Santo en signo y pregonera de ese Evangelio. La Iglesia es la comunidad congregada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en permanente estado de evangelización y permanentemente enviada a evangelizar.

 

Siempre y en todo lugar, la evangelización es esencial en la vida y misión de la Iglesia. Benedicto XVI al instituir el Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva evangelización decía: “No es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia”.

 

Uno de los signos mesiánicos de que el Reinado de Dios ha llegado a nosotros es que “los pobres son evangelizados” (Lc 7,22). La evangelización de los pobres es garantía de que la Buena Noticia de Jesucristo es ofrecida a todos los hombres y mujeres. Dios es Dios de todos y para todos desde los últimos, desde el amor preferencial por los más pobres. Al inicio de su pontificado (16-03-2013), el papa Francisco confesaba: “¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres”.

 

 

La espiritualidad apostólica

 

La evangelización de los pobres hoy exige evangelizadores profundamente arraigados en el dinamismo del Espíritu Santo que “se anticipa visiblemente a la acción apostólica” (AG 4).Si el sacerdote del siglo XXI no vive una fuerte espiritualidad, arraigada en el encuentro con Jesucristo en la Iglesia, corre el riesgo de disolverse en una religiosidad ética o intelectual (cf. DCE 1).

 

La evangelización de los pobres, fuente de espiritualidad

 

El trabajo y la búsqueda de nuestra Asamblea se ha centrado en laarticulación de evangelización de los pobres y espiritualidad. Una fuerte espiritualidad cualifica la acción evangelizadora y el ejercicio evangelizador se convierte en fuente de espiritualidad.

 

“Es esencial, para una vida espiritual que se desarrolla a través del ejercicio del ministerio, que el sacerdote renueve continuamente y profundice cada vez más la conciencia de ser ministro de Jesucristo” (PDV 25).

 

Evangelizar a los pobres es la misión específica que El Prado ha recibido del Señor en el corazón de la Iglesia; esta misión nos configura, nos hace, nos alimenta… La misión entre los pobres no es sólo un encargo que nos han encomendado, sino sobre todo una gracia, una oportunidad de crecimiento espiritual, un kairós. La actividad pastoral entre los pobres no es sólo el terreno en el que se expresa la espiritualidad del presbítero, sino también la tierra nutricia de la que se alimenta.

 

 A.- “EL SITIO QUE PISAS ES TERRENO SAGRADO” (Ex 3,5)

 

Junto a los demás presbíteros de la Iglesia que peregrina en España, venimos procurando que el ejercicio del ministerio pastoral alimente, postule y configure nuestra espiritualidad presbiteral (cf. Congreso de Espiritualidad Sacerdotal, 1989, Documento final). Procuramos alimentar nuestra espiritualidad teniendo muy en cuenta “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren” (GS 1).

 

1. Dios nos asocia a su compasión y nos da entrañas de misericordia ante el sufrimiento y el deterioro humano de las víctimas de la presente crisis. Cáritas Española habla de una pobreza más extensa, más intensa y más crónica. En esta dura situación resuena de nuevo con fuerza la pregunta del Señor en el Génesis (4,9): ¿dónde está tu hermano? Seguramente, en la presente situación, estamos siendo requeridos a hacer una nueva experiencia de Dios y a “cruzar el puente” como el P. Chevrier para compartir la vida de los más pobres y seguir “más de cerca” a Jesucristo (cf. Escritos Espirituales, pág. 59).

 

2. En la presente situación de crisis, las comunidades eclesiales han reforzado el ejercicio de la caridad. Muchos bienes materiales y muchas personas se han movilizado al servicio de los más necesitados. Ha sido una reacción necesaria para paliar la escasez de muchos, pero sentimos una invitación a pasar de “dar cosas” a compartir con los pobres la perla preciosa que es Jesucristo (cf. Mt 13,46). Entendemos con la Iglesia que “la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización… la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana… es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo” (Benedicto XVI, Mensaje Cuaresma 2013).

 

3. A pesar de la gran acción caritativa de la comunidad cristiana, formamos parte de una Iglesia poco estimada socialmente. Para muchos de nuestros conciudadanos lo cristiano es lo “déjà vu”, lo ya sabido… En este contexto, nos resulta difícil encontrar el camino del anuncio del Evangelio; nos cuesta acertar en nuestro empeño por favorecer el encuentro de los pobres con Jesucristo. Sin embargo, experimentamos que la acogida honesta de Jesucristo humaniza y diviniza la vida de las personas y pueblos.

 

4. Constatamos con gratitud que nuestras comunidades cristianas se van poco a poco transformando evangélicamente; muy a menudo nos sorprende la acción del Espíritu Santo en ellas. Ese mismo Espíritu nos alienta a seguir construyendo comunidades pobres, sanantes y liberadoras y ayudándolas a crecer como escuelas de espiritualidad en la misión de evangelizar a los pobres.

 

5. Hablamos mucho de los pobres y la encarnación en medio de ellos, pero nos cuesta ser pobres; nos preocupa mucho la evangelización de los pobres, pero estamos más bien perplejos ante su alejamiento de la fe; hablamos con facilidad de los medios del Prado – Estudio de Evangelio, Revisión de Vida, Cuaderno de Vida…- y los practicamos poco. Somos conscientes de nuestras incoherencias. A pesar de ellas, y con ellas, Dios sigue contando con nosotros en su obra de salvación (cf. Constituciones 65).

 

6. En la mayoría de nuestras diócesis venimos asistiendo, a la vez, a una reducción del número de presbíteros y a una multiplicación de las tareas a realizar. Corremos el riesgo de caer en el activismo, la dispersión, el cansancio, la atonía espiritual… Seguramente, en esta nueva situación, somos convocados a centrarnos en lo nuclear, reforzar nuestra identidad de testigos del Resucitadoy convertir esta circunstancia en tiempo de gracia.

 

7. Algunos compañeros presbíteros nos hemos visto obligados a pasar, por razones de edad o de enfermedad, de una generosa actividad apostólica a un cuidado de nosotros mismos sin apenas actividad pastoral. Estas circunstancias nos permiten experimentar que sólo Dios basta y que la fecundidad pastoral no depende tanto de la actividad como de la calidad de nuestra vida teologal. Al final de su vida, cuando ya no podía hacer nada, el P. Ançel reconocía: “ahora vivo la experiencia de que es Dios quien me salva”.

 

 B.- “YO SOY EL DIOS DE ABRAHAN, EL DIOS DE ISAAC, EL DIOS DE JACOB” (Ex 3,6)

 

 La misión de evangelizar a los pobres brota de la contemplación del misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo y busca que los pobres confiesen a Jesucristo como Señor y Salvador universal. “Bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos” (Hch 4,12). La misión entre los pobres es un ejercicio de fe: nace de la fe, busca la fe y la hace crecer. “También hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido a favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe” (Benedicto XVI, Porta fidei 7).

 

 

1. Dios Padre ha enviado a su Hijo al mundo, con la fuerza del Espíritu Santo, para mostrarnos a todos sus entrañas de misericordia. El Enviado del Padre ha cumplido fielmente su misión desde la encarnación entre los últimos, desde el amor hasta las últimas consecuencias a los “pobres, ignorantes y pecadores” (cf. Constituciones 1) y desde una vida convertida en buen pan para todos. El presbítero es “enviado del Enviado”, presencia sacramental del Enviado del Padre, “alter Christus”. El sacerdote es signo de Cristo Cabeza y Pastor desde el pesebre, la cruz y el tabernáculo.

 

2. Jesucristo continúa activo en la Iglesia, en la sociedad y en los pobres gracias a la accióndel Espíritu Santo. “Nadie puede decir Jesús es Señor sino por el Espíritu Santo” (1Cor 12,3). El sacerdote es un humilde colaborador en la acción salvífica que el Espíritu inicia y completa entre los pobres (cf. Constituciones 9-11).

 

3. La evangelización de los pobres se realiza “con temor y temblor” (Fil 2,12) “en el nombre del Señor” (cf. Lc 5,4), con el espíritu y las actitudes del profeta (la iniciativa es de Dios y es Él el que marca el qué, el cómo y el cuándo). En la contemplación diaria de Jesucristo, el Evangelio y el Evangelizador, se nos van revelando los nuevos caminos de la misión entre los pobres (cf. Constituciones 37).

 

4. Así como el Hijo Amado, movido por el Espíritu Santo, ha salido del Padre para anunciar la buena noticia a los pobres encarnándose entre los últimos y descendiendo hasta los infiernos, del mismo modo los enviados del Enviado recorren de nuevo el camino del Éxodo: salen a las periferias desde el corazón de la Trinidad, comparten la vida con los más pobres y les anuncian a Jesucristo.“Iré en medio de ellos y viviré su propia vida; esos niños verán más de cerca lo que es el sacerdote, y les daré la fe” (Escritos Espirituales pág. 59).

 

5. La contemplación diaria de Jesucristo pobre permite al presbítero reconocer a Jesucristo entre los pobres. Los pobres son los preferidos de Dios, el lugar que Dios elige para revelar a todos sus entrañas de misericordia. El sacerdote cultiva sobre todo la pasión por Jesucristo pobre (conocimiento, atracción, gozo, entusiasmo…)y desde Jesucristo cultiva también la pasión por los pobres (fuente de gozo y espiritualidad…). Y la tarea misionera entre los pobres reaviva la pasión por Jesucristo. “El Prado nació en San Andrés. Meditando la noche de Navidad sobre la pobreza de Nuestro Señor y su abajamiento en medio de los hombres, tomé la resolución de dejarlo todo y vivir lo más pobremente posible... Me convirtió el misterio de la Encarnación” (Proceso de Beatificación, t. 2, 7 y 97-98).

 

6. Anunciar a los pobres la insondable riqueza de Jesucristo (cf. Ef 3,8, Asamblea General 2013) es una gracia, pero también una cruz. En la evangelización de los pobres hay mucho de alegría y gozo (cf. Asamblea Regional 2008), pero también de sufrimiento y renuncias. El don y la cruz pueden ser asumidos teologalmente desde la experiencia del misterio pascual. La evangelización acontece siempre en la fragilidad del enviado del Enviado; “la fuerza se realiza en la debilidad” (2Cor 12,9).

 

7. La evangelización de los pobres es fuente de espiritualidad para el sacerdote, pero también lo es para las comunidades a las que es enviado. Por eso, estamos muy atentos a la construcción de comunidades eclesiales significativas (cf. Constituciones 28) donde se pueda experimentar que el Evangelio se cumple hoy y que la evangelización de los pobres es fuente de gracia.

 

8. El sacerdote pradosiano es servidor de todo el Pueblo de Dios y de todos los carismas que el Espíritu ha suscitado en la Iglesia, pero lo es desde la fidelidad y el cultivo de su vocación pradosiana (cf. Constituciones 66). Es necesario seguir avanzando en “la espiritualidad de la comunión” en la Iglesia local desde la fidelidad al carisma del Prado (cf NMI 43).

 

 

 

 

C. “Y AHORA MARCHA, TE ENVIO AL FARAÓN PARA QUE SAQUES A MI PUEBLO, A LOS HIJOS DE ISRAEL” (Ex 3,10)

 

 

Es el Señor quien nos envía de nuevo a acompañar a su pueblo en el largo camino de la liberación. La evangelización de los pobres es, antes que nada, un acto de obediencia y colaboración con el Señor.

 

Los miembros de la Asociación de Sacerdotes del Prado hemos recibido la gracia y la misión de evangelizar a los pobres siguiendo más de cerca a nuestro Señor Jesucristo en nuestra condición de presbíteros diocesanos.

 

A la luz del Mural que el beato Antonio Chevrier nos legó en la capilla de Saint Fons, se han articulado estas llamadas que Dios nos dirige para vivir la misión entre los pobres como fuente de espiritualidad

 

 

C.1. Llamados a hacer experiencia espiritual de Cristo Pobre en el ejercicio de la misión

 

“Nuestro Señor Jesucristo siendo rico como era, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza” (2Cor 8,9)

 

1.1. Cuidar el encuentro diario con Jesucristo como fuente de nuestra vocación y misión que nos envía a “cruzar el puente”, ir a las periferias, preferir los “no-lugares”, establecer relaciones de amistad con los pobres. “Que vayan a Galilea, allí me verán” (Mt 28,10).

 

1.2. Permanecer en la contemplación de Jesucristo pobre (cf. Constituciones 12) nos permite testimoniar que Él es nuestra única riqueza y que es posible avanzar hacia un empobrecimiento progresivo de la mano de la “regla de lo necesario” (cf. VD 295). Por lo tanto, la contemplación de Cristo pobre nos empuja a organizar nuestra economía personal, eclesial y pradosiana a la luz del que “siendo rico se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza” (2Cor 8,9). ¡”Qué libertad, qué poder da al sacerdote esta santa y hermosa pobreza de Jesucristo”! (VD 322).

 

1.3. Apostar por una vida de equipo de calidad (cf. Constituciones 66-72) que permita una lectura teologal de la misión entre los pobres y que también sea apoyo mutuo y lugar de interpelación para permanecer y crecer en esa misión.

 

1.4. Comprender y vivir nuestro ministerio como un proceso personal, eclesial y pastoral que reconoce la presencia de Dios en los gestos de solidaridad y en la promoción de la justicia y que aspira a compartir con los pobres la fe en Jesucristo como único Señor y Salvador.

 

1.5. Construir comunidades cristianas sencillas donde los pobres “se sientan como en su casa” (NMI 50) y los pastores podamos entonar un cántico de alabanza porque los pobres son reconocidos y amados, sus heridas comienzan a ser curadas, toman la palabra y comienzan a ser sujetos.

 

 

 

 

C.2. Llamados a hacer experiencia espiritual del Cristo Crucificado-Resucitado en el ejercicio de la misión

 

“Quiero conocer a Cristo, experimentar el poder de su resurrección, compartir sus padecimientos y conformar mi muerte con la suya” (Flp. 3,10)

 

2.1. Permanecer a la escucha de Jesucristo identificándonos con Él en la acogida, la lucha por la justicia y la solidaridad con el sufrimiento de los pobres.

 

2.2. Consentir que el Prado, con sus medios propios (equipo, estudio de evangelio, guía de A. Chevrier, revisión de vida, cuaderno de vida), nos ayude a identificarnos con Cristo crucificado, integrando las cruces propias y las de nuestro pueblo como gracia para seguirlo más de cerca.

 

2.3. Vivir nuestras enfermedades, limitaciones y fracasos como experiencia de pobreza y sufrimiento y como acción y servicio pastoral.

 

2.4. Hacer en nuestras comunidades y diócesis la experiencia de la “kénosis”, la “minoridad”, el abajamiento en la escuela del Cristo siervo y crucificado, superando así toda tentación de notoriedad y dominio ministerial.

 

2.5. Cargar, alegre y amorosamente, con las tensiones y renuncias que conlleva una pastoral que cultiva especialmente la “novedad evangélica” (cf. Constituciones 10).

 

 

C.3. Llamados a hacer experiencia espiritual de Cristo-Pan Comido en el ejercicio de la misión

 

“Tomad y comed, esto es mi cuerpo” (Mt 26,26)

 

3.1. Dejarnos acompañar por Jesucristo en el camino de la vida y experimentar que arde nuestro corazón en la evangelización de los pobres, la escucha de la Palabra y la celebración de la Eucaristía (cf Lc 24,13-35).

 

3.2. Cultivar la gratitud ante lo que Dios realiza entre los pobres y la gratuidad en el ejercicio del ministerio (cf. Constituciones 55).

 

3.3. Comprender y vivir el celibato apostólico como un don de Dios que nos envía a amar en su nombre a los que nadie ama y nos ayuda a vivir en libertad radical (cf. Constituciones 11, 62-65, 86).

 

3.4. Celebrar en la Eucaristía y los demás sacramentos la intervención de Dios en la vida (alegrías, sufrimientos, esperanzas…) de todos los hombres, especialmente de los más pobres (cf. GS 1).

 

3.5. Escuchar y acoger la voz de Dios que nos habla desde las distintas demandas de “pan” que formulan los pobres de hoy –pan material, pan de fraternidad y justicia, pan de trabajo, pan de sentido, pan de Dios…- y que nos llama a transformarnos en buen pan a la manera de Jesucristo, el pan bajado del cielo para darnos vida.

 

 

 

Al finalizar esta Asamblea, acogemos de nuevo con gratitud y responsabilidad las palabras del beato Juan XXIII con ocasión del Centenario del Prado (10-12-1960): “Si la gracia del sacerdocio es fuente permanente de santidad, el ejercicio del ministerio es una constante ocasión de santificación”. Verdaderamente, la evangelización de los pobres es fuente de espiritualidad.

 

 

 

 

 

Ávila, 10 agosto 2013

Asociación de Sacerdotes del Prado