Llevar la cruz todos los días

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Es necesario que llevemos cada día nuestra cruz. Hay que volver a comenzar todos los días. Cuando por la noche la dejamos, tenemos que tomarla nuevamente en la mañana y llevarla como el día anterior y aún mejor: cada día, sin cansarse, con perseverancia. Si la dejamos caer, hay que tomarla nuevamente hasta el final.

No hay que desanimarse en el camino de la cruz. Hay siempre algo que sufrir hasta la muerte. Será necesario morir sobre la cruz; dejarse clavar a la cruz como nuestro Señor; caer algunas veces, pero levantarse por la oración y continuar la marcha.

 

La perseverancia es necesaria. Nuestro Señor nos dice estas palabras porque se rebela a menudo la pobre naturaleza, con frecuencia se cansa y quiere dejar la cruz. pero no, una vez que hemos comenzado es necesario perseverar y llevar su cruz todos los días.

     Todos los días enseñar el catecismo,

     todos los días ser pobre,

     todos los día aguantar al prójimo, al mundo,

     todos los días resistir con la gracia al cansancio de la naturaleza.

La cruz era el amor de los santos. Especialmente San Pablo amaba tanto la cruz que de ella hacía su gloria

 

"El Verdadero discípulo", pp 332-333, A. Chevrier