15 octubre 2020

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15 octubre 2020
 
EL COVID 19
ESTÁ AFECTANDO
AL CORAZÓN
 
Mario Picazo

 

Hubo un tiempo en que el desarrollo y el progreso era la solución a nuestros problemas, todo estaba por hacer y había horizonte hacia el que caminar: la democracia, las organizaciones políticas, la participación ciudadana; teníamos por delante todo un mundo por estrenar de relaciones en libertad, creatividad, innovaciones tecnológicas, viajar, conocer otras culturas…

 

Nos movía el deseo de superación, de construir una sociedad de iguales donde se erradicarán las diferencias sociales, culturales, económicas. Nuestros líderes hablaban de libertad de expresión, de cultura popular, de trabajo colectivo, de integración, de solidaridad… transmitían convencimiento, coherencia, honradez, entusiasmo... Hubo un tiempo en el que la actividad política se ejercía fundamentalmente por vocación.

 

Hoy, desgraciadamente y muy a nuestro pesar, ni esta política, ni estos políticos están a la altura de las circunstancias. Se han quedado obsoletos, miopes, incapaces de dar respuesta a los desajustes del sistema, al callejón sin salida al que nos ha conducido la economía especulativa y depredadora en la que se asienta nuestra sociedad, incapaces de hacer frente a los retos que presenta la globalización, incapaces de suscitar esperanza.

 

Mientras tanto la gente en nuestros barrios lo pasa mal y sufre, se desencanta y desespera; solo unos pocos privilegiados siguen engordando sus cuentas, otros, la inmensa mayoría, sobre todo las familias trabajadoras, año tras año van perdiendo poder adquisitivo, derechos, calidad de vida.

 

Los efectos de la crisis sanitaria, económica y social se incrustan en la piel de las trabajadoras y trabajadores más precarios, de las familias que viven en el umbral de la pobreza, aquellos que, aun trabajando, no consiguen levantar cabeza. El COVID 19 amenaza con entumecer el corazón. Así lo percibo en la relación con mis vecinos.

 

Dan ganas de abandonarlo todo, de tirarlo todo por la borda, de abdicar de nuestras responsabilidades con respecto a la sociedad; sin embargo, la política es algo tan serio, tan crucial y decisivo que sería una irresponsabilidad dejar en manos de los políticos la gestión de lo que es de todos/as y afecta a todos/as.

 

Qué duda cabe de que estamos asistiendo a un cambio de época. Todo está por hacer. Es hora de superar la pasividad y la queja para ponernos manos a la obra y “gestar desde lo concreto” otro modelo de relaciones humanas, de economía que ponga a las personas en el centro, de organización social, de desarrollo, etc. Es hora de la creatividad colectiva, de la fraternidad afectiva y efectiva, es el momento de que emerja una conciencia y una gobernanza planetaria.

 

Así lo siento y lo sentimos en el “Proyecto Cometa” donde cada día acogemos y compartimos la vida con un grupillo de jóvenes dispuestos a dar lo mejor de ellos tejiendo relaciones, trabajando lo colectivo, cultivando valores como: el respeto, el diálogo, la colaboración, el deseo de superación, el cuidado a la madre tierra.

 

Son muchas las cosas que hace falta cambiar para orientar nuestras instituciones y nuestra economía hacia el cuidado y la protección social de todas/os, también de respeto y cuidado de la casa común. Es mucho el esfuerzo y la dedicación que hace falta para promover una nueva conciencia y una manera nueva de situarnos en el mundo.

 

Desde la vida rota y maltrecha de la gente del barrio siento la urgencia y la necesidad de cultivar otra manera de pensar, de sentir, de actuar, en definitiva, de ser. Un reto apasionante.

 

“¿Qué es más fácil decir: tus pecados están perdonados o anda coge tu camilla y echa a andar?” (Mt.9,1-8).

Es más fácil hablar que actuar, dejarse llevar que tener iniciativa propia, destruir que construir, morir que vivir.

Es más fácil quedarnos en la superficialidad de las cosas, en la dificultad que comporta cualquier cambio, en la negatividad, en la crítica que paraliza, en la indiferencia que nos asfixia…

 

Al Padre-Madre Dios le pido: en nombre de los que más sufren esta situación -por mucho que me duela e incomode- que no cierre los ojos y los oídos al sufrimiento de la gente y no deje de escuchar la invitación a ponerme en pie y caminar erguido. Desde Jesús de Nazaret y desde los últimos cabe la esperanza porque otra sociedad y otro mundo son posibles.

 

Mario S. Picazo. Párroco de La Paz y la Sgr. Familia de Granada.