17 enero 2021

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17 enero 2021. Mario Picazo. “Mujeres portadoras de perfumes”.

 Viuda, con más de setenta años y viviendo sola, en un contexto totalmente adverso y en un ambiente que difiere mucho de lo que ella necesitaría a estas alturas de la vida, sufriendo diariamente los cortes de luz que la limitan y condicionan tanto,

Manuela no deja de mantenerse activa y de estar pendiente de la gente más necesitada del barrio. Dispuesta siempre a echar una mano, acompañar a alguien, hacer un recado, mantiene una actitud de disponibilidad y generosidad que le lleva, a pesar de su edad, a ser una persona imprescindible en la comunidad parroquial, un referente.

Atenta a la vida, sabe detectar y comunicar discretamente aquellas situaciones de carencia que encuentra, nadie mejor que ella sabe ponernos en contacto con situaciones de debilidad que padecen muchas personas mayores en nuestro entorno.

 

Manuela es todo un ejemplo de mujer de oración y de activismo generoso que convierte en luz muchas situaciones existenciales donde se ha perdido la esperanza. Con generosidad de Espíritu acude lo mismo a la Eucaristía que a las movilizaciones que organizamos para reclamar atención y derechos para el barrio.

Jesús les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.» (Mc.12,38-44).

 

En estos días de frio y debido al confinamiento ella no ha salido del barrio para visitar a sus hijos que la llaman de continuo y le traen lo que va necesitando, pero, a pesar de todo, no deja de preocuparse y de acercarse a la casa de Pepa, una vecina con más de 95 años, totalmente dependiente y que también vive sola. Cada día la llama por teléfono y la vista, Manuela suele llevarle casi a diario lo que ella guisa para comer, con lo cual, Pepa, que ha sido también una mujer batalladora y que a pesar de su edad está muy lúcida, no puede sentirse más acompañada y afortunada.

 

¿A qué se parece un/a cristiano/a de hoy, a qué lo compararé?

Es semejante al dinamismo que produce el roce del aire en las aspas de un molino que se resisten a dar vueltas o la dificultad que ofrece la turbina que al ser golpeada por el agua la hace girar posibilitando el milagro de la luz eléctrica. De manera semejante es la vida de aquellos que movidos por los impulsos del Espíritu de Jesús de Nazaret permanecen fieles al mensaje central del Evangelio expresado en gestos pequeños: “Lo que le hagáis a uno de estos pequeños a mí me lo hacéis” (Mt.25,40).

 

Manuela no sabe de teología, pero es experta en humanidad aprendida en la escuela de la vida. El creyente, no se distingue por su forma de vestir, ni por las aficiones que tiene, ni las tradiciones que práctica, sino que comparte con sus vecinos las inclemencias de la historia y a pesar de las limitaciones y de todos los confinamientos y de todas las pandemias, explicita su fe estando atento a la vida, protegiéndola, alentándola, cuidándola, aprovechando cada oportunidad para hacer de su relación con los demás un encuentro con el Señor, que, a su vez, el Señor convierte en una ocasión para difundir y hacer gustar el “buen olor de Cristo”. “Doy gracias a Dios, que nos asocia a la victoria de Jesucristo y por medio nuestro difunde por todas partes la fragancia de su conocimiento” (2Cor.2,14).

 

Ciertamente tomar conciencia de la realidad y su complejidad, de la cerrazón y la ceguera de la gente que compone nuestro barrio, tan rota, con heridas de todo tipo, tan expuestas a mil peligros, obsesionada por lo material y lo inmediato, ajenos a la gravedad del momento, resistiéndose a cualquier tipo de cambio, no es nada agradable, incluso es muy doloroso, porque asistimos impotentes a la crónica de una muerte anunciada. Pero, lo cierto es que cuando desde la luz que aporta el Evangelio sabemos situarnos ante estas situaciones tan complejas, que compartimos día a día con ellos, no surge la condena, ni el rechazo, sino la compasión y la necesidad de hacer más oración y de salir a su encuentro y como Manuela “arremangarse” para echar una mano y mitigar un poco su sufrimiento y su desesperanza.

 

Los cristianos en nuestros ambientes estamos llamados a ser “buen olor de Cristo” y si estamos atentos veremos en medio de la incertidumbre y de la confusión del momento presente a muchos hombres y mujeres que se comportan como “chispas en un cañaveral” manteniendo actitudes y gestos que suponen destellos de humanidad, bocanadas de Evangelio, “luz que brilla en las tinieblas”. Si estamos atentos, si leemos la vida desde la luz del Evangelio, la dificultad será ocasión para asentar nuestros convencimientos, depurar lo que no vale, emprender nuevos caminos y ejercitarnos en un estilo de vida autentico, en definitiva, será ocasión para confiar y adorar en silencio.

 

Padre-Madre-Dios que nuestra vida se haga oración y la oración nos lance a la vida con olor a Evangelio. Amén.

 

Manuel Picazo. Diócesis de Granada