17 mayo 2021

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     4 de abril de 2019

     Jauma Obrador

     El Llanto del niño

Hoy, domingo, he ido a celebrar las misas en la sucursal de Mutara. Durante la primera misa escucho un niño, fuera de la iglesia, llorando desesperadamente.

Me duele oír llorar a un niño. Seguramente me estoy volviendo viejo. Cuando termina la misa salgo fuera e intento calmar al niño que sigue llorando. Parece que se ensució la ropa y su mamá le pegó.

 

Vivimos en un país de niños. De los once millones y medio de habitantes, casi un 45% tiene menos de 15 años. Las mujeres tienen una media de 5,5 niños. El gobierno ofrece anticonceptivos y la Iglesia católica enseña los métodos naturales.

 

Para decir que un lugar es muy lejano, dicen: allí donde un bebé llora y su mamá no lo oye. El llanto se calma enseguida cuando la mamá le da el pecho. El llanto, para mi, es la expresión del desvalimiento y la indefensión. Y alguna vez me he identificado con este llanto. Ha sido cuando las cosas no iban bien y pensé en arrojar la toalla. Siempre hay alguien que escucha.

 

Pero ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues, aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15)

Pueblo de Sion, que vives en Jerusalén: ya no llorarás más. El Señor tendrá compasión de ti al oír que gritas pidiendo ayuda; y apenas te oiga, te responderá (Is 30,19).

Como una madre consuela a su hijo, así os consolaré yo, y encontraréis el consuelo en Jerusalén (Is 66,13).

 

Jauma Obrador Adover, diócesis de Mallorca, en Burundi