Trigésimo Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Categoría de nivel principal o raíz: Estudio del Evangelio
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LAS PROPIEDADES CURATIVAS DE LA FE

 

La pedagogía de Dios mantiene viva la esperanza de todo el pueblo que él ha escogido como heredad: los exiliados volverán a la patria reuniendo a los dispersos –“os congregaré de los confines de la tierra”- y seré para ellos un padre (Jer 31,7-9). El salmista nos invita a repetir en todo momento que, “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125,3); alegres porque al llanto le sucede el canto, porque Dios cuenta con nosotros y no nos abandona. Alegres porque la última palabra de Dios sobre la tierra y el destino del ser humano no es la muerte y la desesperación, sino la vida y, la vida en abundancia. Esta esperanza se mantiene viva por la fe y por eso, podemos decir que, la fe tiene propiedades curativas, propiedades de consolación, propiedades de esperanza, de estímulo, cuando se vive en profundidad y sin infantilismos. Pero, es en la persona del Hijo (Jesús), “Sacerdote eterno según el rito de Melquisedec” (Hb 5,1-6) donde somos acogidos por Dios. Nosotros, como el ciego Bartimeo que nos presenta el Evangelio, caminamos con fe detrás de Jesús. Una fe que nos hace ver con claridad y nos da fuerzas para seguirle en cualquier circunstancia.

 

“¿Qué quieres que haga por ti? Maestro, que recobre la vista” (Mc 10,46-52) le dice el ciego; que sea tu discípulo y te siga podemos decir e interpretar nosotros. Jesús se para, escucha y quiere conocer las necesidades reales de aquellos que le llaman y siguen porque, como vimos el domingo pasado, Él viene a servir, sin imponer, y a estar atento a las necesidades de los otros. Jesús, amigo de la vida, se deja interpelar por los que la tienen más difícil o la tienen perdida. Conecta directamente con ellos en sus necesidades y esperanzas. Hermoso ejemplo para una pastoral basada en las demandas reales de los que, sinceramente, quieren seguir a Jesús en su camino a Jerusalén (muerte y resurrección) y buscar un auténtico sentido a su vida, con exigencia y sin dobleces.

 

A punto de llegar a Jerusalén, una vez que Jesús ha explicado a sus discípulos lo que implica seguirle, nos aparece la figura de un ciego que reconoce a Jesús como el “Hijo de David”, el Mesías, al que sigue por el camino, una vez que ha sido curado e integrado en la comunidad, pues normalmente, vivían en la miseria, el desamparo y la desesperanza, no quedándole más salida que la mendicidad y esperar, al borde del camino, a que alguien les ayudara. Le sigue, sabiendo que ello implica dar la vida, ponerse en el último lugar y optar por el servicio como estilo y norma de vida; cosa que los discípulos no habían entendido en ningún momento y, por eso, se oponían; hasta que Jesús, en este itinerario a Jerusalén y en el momento final del Evangelio, los coge a parte y empieza a instruirlos de una manera más personal e individualizada.

 

Con esta catequesis elaborada por San Marcos, se nos invita al cambio y se nos urge a la conversión. Si nos fijamos detenidamente en cada versículo del texto, vamos descubriendo la situación de Bartimeo con rasgos muy detallados. “Bartimeo es un hombre ciego al que le falta la luz y la orientación. Está sentado, incapaz de dar ya más pasos. Se encuentra al borde del camino, descaminado, sin una trayectoria en la vida. Es mendigo, su vida y subsistencia depende de los demás, pero dentro de él hay una fe capaz de hacerle reaccionar y ponerlo de nuevo en el verdadero camino” (F. Ulibarri).

Quizás en ello podamos ver muchas situaciones nuestras o de aquellos que nos rodean, y podamos ofrecer un rostro de Jesús que les puede ayudar, porque Jesús, así lo percibe el ciego, y nuestra fe también, no está lejos de los que le buscan con sincero corazón y con el deseo de seguirle en el camino.

 

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

PREGUNTAS:

 

 

  • ¿Cuáles son mis “cegueras” que necesitan ser curadas para poder seguir mejor a Jesús?

 

 

 

  • ¿Qué motivos para la esperanza encuentro en la Palabra de Dios de este domingo?

 

 

 

  • ¿Cómo vivo el don de ser discípulo de Jesús? ¿Qué personas animan mi fe?