Tener el Espíritu de Dios, lo es todo

"La pobreza del sacerdote". Mons Alfredo Ancel

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Evangelio del Domingo

Domingo 29º T.O. - C

Propuesta de José María Tortosa Alarcón

CONSTANTES Y FIRMES EN LA ORACIÓN

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Domingo 5º cuaresma - C

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Propuesta de José María Tortosa Alarcón

“MIRAD QUE REALIZO ALGO NUEVO”

 

“Hay un largo camino hacia la libertad, pero vale la pena descubrir que se puede llegar”, es la letra de una excelente canción que bien nos ayuda a adentrarnos en este final de Cuaresma, al que vamos llegando guiados por la Palabra de Dios. Es más, la conquista de la libertad, nos aparece en lectura de Isaías (43,16-21) porque el pueblo de Dios está recibiendo del profeta la esperanza suficiente para mantenerse fieles en el destierro y poder conquistar la tierra prometida.

San Pablo, también se encuentra en esta dirección hacia la libertad al considerar que “cualquier cosa tengo por perdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías mi Señor” (Flp 3,8-14), por el que sigue corriendo con la mirada puesta en la meta que es Cristo y, éste, crucificado y resucitado.

Y Jesús, en el Evangelio de Juan 8,1-11 (que según los entendidos hay razones para suponer que es un texto más propio de San Lucas por la temática que trata), no condena, sino que devuelve a la mujer su dignidad y su libertad, colocándola en una actitud personal para poder decidir sin depender de nada ni de nadie.

En este quinto domingo de Cuaresma seguimos viviendo y experimentando cómo Dios es misericordioso y compasivo, pendiente de la felicidad de cada persona; y, Jesús, se encarga de hacérnoslo ver con sus actuaciones públicas contra una ley que oprime a las personas y discrimina por razón de sexo. Consciente de que su misión es liberar de todo aquello que esclaviza al hombre y a la mujer, no teme enfrentarse a los que, guiados por el fanatismo y la ley, no quieren ver más allá y se oponen a la misión que Jesús nos trae. Buscan cualquier pretexto para ponerlo a prueba y poderlo condenar porque les estorba y los pone continuamente en entredicho, “a ver, el que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”.

¡Qué fácil es lanzar piedras y condenar a cualquiera sin antes haber analizado nuestro comportamiento! ¡Qué fácil es lanzar piedras sin ponernos antes en el pellejo del otro! Hay mucha gente a nuestro alrededor –marginados, drogadictos, prostitutas, inmigrantes, refugiados, mendigos, ancianos, pederastas, víctimas de pederastia- que más que nuestra condena y rechazo de antemano, necesitan nuestra acogida y restitución de su dignidad y, posiblemente, después tenga que venir el “ninguno te ha condenado, pues tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar”.

Producida una auténtica rehabilitación como persona, ante uno mismo, ante los demás y ante Dios, es más fácil emprender un camino que lleve a la integración total y a vivir conformes al estilo de vida que Jesús propone. Así lo experimentó el pueblo de Israel con la llegada a la tierra prometida; así lo vivió San Pablo dejando su pasado de perseguidor para vivir el presente al estilo de Cristo; así lo experimentó la mujer adúltera que quedó liberada y perdonada; así lo sienten aquellos y aquellas que “esclavizados” por las drogas, se acercan a los centros de rehabilitación buscando ser acogidos sin juzgarlos para poder salir de ese mundo donde están metidos; así lo viven sus familiares que quieren se les acoja y se les entienda, liberándolos de la culpa que dicen tener. Pero, también, hay otras muchas realidades como el paro, violencia, discriminación de la mujer, soledad, ancianos, disminuidos físicos y psíquicos, etc. que esperan de nosotros el ser acogidos y tratados con la dignidad que merecen. Otros cometen errores y también se nos pide una mirada de respeto, de cariño y de solidaridad sin condenas, sin muertes. “Mirad que realizo algo nuevo: ya está brotando, ¿no lo notáis? (Is 43,19).

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 


PREGUNTAS:

 

  • ¿Qué situaciones y personas de tu entorno también juzgas y condenas? ¿Cómo puedes ofrecerles comprensión, perdón y, así, una nueva oportunidad?
  • ¿Qué cosas estimo por “basura” para poder correr más ligero hacia la meta que propone Cristo? ¿Cómo me desprendo de ellas?
  • Gesto para el camino: colocar una señal de prohibición que diga “no juzgar”.