Tener el Espíritu de Dios, lo es todo

"La pobreza del sacerdote". Mons Alfredo Ancel

Descargar y leer en publicaciones-libros

Evangelio del Domingo

Domingo 29º T.O. - C

Propuesta de José María Tortosa Alarcón

CONSTANTES Y FIRMES EN LA ORACIÓN

Leer más...

Vigilia pascual

Visto: 114

Propuesta de Josep Maria Romaguera Bach

 

20/21 abril 2019

 

Evangelio según Lucas (24,1-12)

1 El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. 2 Encontraron corrida la piedra del sepulcro. 3 Y entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 4 Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. 5 Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron:

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? 6 No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, 7 cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar».

8 Y recordaron sus palabras.

9 Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. 10 Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. 11 Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. 12 Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Después de estos días de Semana Santa – Pascua quizás, como Pedro, “volvemos a casa admirados” (12). ¿Qué me ha marcado más de la celebración de estos días, de la contemplación de la pasión y muerte de Jesús...? ¿Qué expectativas se abren a mi vida?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

¿Qué me supone renovar las promesas bautismales, mi compromiso militante? ¿Cómo estaré atento/a para que esto pueda dar frutos en mi vida y en las de las personas con quienes convivo?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas sobre algunas palabras y símbolos
 

˗    “El primer día de la semana” (1) es la traducción literal del original griego. Es el día que nosotros llamamos ‘domingo’. Según la forma judía de contar los días, el domingo es el tercer día desde el viernes, día de la muerte de Jesús.

˗    La unción ritual con aceite se practicó en Israel desde tiempos antiguos a la hora de designar a algunas personas para determinados cargos o funciones; con el tiempo se convirtió en el signo de la presencia de la fuerza del Espíritu de Dios en la persona ungida. Inicialmente era reservada al rey (1Sa 10,1; 1Re 19,16), pero más tarde pasó también a formar parte del rito de consagración de los sacerdotes (Ex 29,7.21). También los profetas se consideraban «ungidos» por el Espíritu de Dios (Is 61,1-3). La palabra «ungido» («mesías») designaba a las personas que habían recibido la unción santa, particularmente al rey y al gran sacerdote.

˗    En el NT, la unción con aceite perfumado podía formar parte de la recepción de los huéspedes (Lc 7,46). La carta de Santiago recomienda que los enfermos sean ungidos y se ore por ellos (St 5,14). También se usaba la unción en el rito de sepultura (Mc 16,1; Lc 23,56; Jn 12,3.7).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

●  “El primer día de la semana” (1), sugiere nueva creación, comienzo. Para los cristianos el domingo es símbolo de esto: Dios nos recrea; Dios, por su amor, nos permite volver a empezar.

●  Las “mujeres” (1) ya habían sido testigos de la muerte de Jesús y del traslado de su cuerpo al sepulcro. Son las que habían acompañado a Jesús desde Galilea (Lc 23,55).

●  Estas mujeres, después de haber dado sepultura a Jesús, al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de acuerdo con el precepto (Lc 23,56). Por ello no van al sepulcro hasta la madrugada del domingo, terminado ya el sábado.

●  El hecho de que el sepulcro esté vacío (3) no es ninguna prueba de la resurrección de Jesús. Pero abre la pregunta por lo qué ha sucedido y la necesidad de responder a ella.

●  Los “dos hombres con vestidos refulgentes” (4), Locas los presenta de nuevo después de la ascensión: dos hombres vestidos de blanco (Ac 1,10). Hablar de vestidos refulgentes o blancos es una manera de relacionarlos con Dios. Las mujeres dicen, más adelante, que se trataba de unos ángeles (Lc 24,23). En cualquier caso, el hecho es que se trata de unos mensajeros que traen una interpelación y un anuncio de parte de Dios: “Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado” (6).

●  Las palabras de estos “hombres” (7) son el núcleo del evangelio, de la fe cristiana: Jesús, muerto en la cruz y sepultado, ha resucitado y vive por siempre.

●  Todo ello había sido ya anunciado: Lc 9,22; 9,43-44; 17,25; 18,32-33. En estos textos, las expresiones de obligación (tiene que..., va a ser...) indican que todo lo que Jesús vive forma parte de la voluntad de Dios.

●  A partir de lo que han experimentado en el sepulcro, las mujeres, mencionadas por sus nombres (10) y recordadas, por lo tanto, como aquellas que habían seguido a Jesús (Lc 8,1-3), son las primeras anunciadoras (9) de la resurrección de Jesús a pesar de que, probablemente, no entendían nada.

●  Que “no las creyeron” (11) es normal si tenemos en cuenta que en aquel contexto sociocultural la palabra de las mujeres no tenía valor de testimonio. Pero los evangelistas, los cuatro, recogen este hecho vivido por las mujeres: si el testimonio de las mujeres no hubiese provocado ninguna novedad, no hablarían de ello porque en el mundo judío no les sería útil –sería un descrédito– para anunciar el evangelio. Pero el testimonio de las mujeres provoca que Pedro “se levantara y fuese corriendo al sepulcro”, que “se asomase”, que “viese”, que “volviese admirándose” (12). Es decir, el anuncio de las mujeres provoca acción y tiene unas consecuencias que han llegado hasta nosotros.