Domingo 2º T.O. - A

Visto: 62

Estudio de Evangelio. José Luis Bolaños García

 JUAN BAUTISTA, TESTIGO Y TESTIMONIO

 

19 enero 2020

Jn 1, 29-34

29 “Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 31Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». 32Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. 34Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios»”

 

I.- JUAN BAUTISTA, TESTIGO DE JESÚS

6 “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: 7este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.9El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo”. (Jn 1,6-9).

 

1. Juan aparece en el texto como alguien transformado. Juan ha tenido una gran experiencia de encuentro con Jesús y no puede dejar de hablar desde ella: “He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él” (v32).

 

   - Una experiencia parecida a la que tuvo Pablo en el camino hacia Damasco y que él lo expresa al reivindicar su condición de apóstol: “¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús? (1Cor 9,1).

 

   - Sabemos, también por experiencia, la relación que existe entre experiencia de Jesucristo y eficacia en el testimonio cristiano y la evangelización. Solo se puede testimoniar a Jesucristo cuando se le ha experimentado. Esta convicción no es algo estático, sino que está llamada a desarrollarse en un proceso de crecimiento permanente. Importante a tener en cuenta en los momentos de declive,

       

         *¿Cómo sigo cultivando las experiencias que he tenido de Jesucristo a lo largo de mi vida?

 

 

2. Juan el Bautista ha podido confesar y testificar sobre Jesús porque le ha sido dado desde lo Alto. Por eso se siente enviado a anunciar lo que ha visto y ha oído, y habla, desde una llamada, desde una vocación. Él insiste que no lo conocía, pues este conocimiento de Jesús no le viene de sí mismo sino que lo ha recibido del que lo envió: “Yo no le conocía, el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo"’(v. 33).

 

   - El don del conocimiento de Jesucristo lo tenemos que pedir siempre al Espíritu del Padre. Es él, el que nos da y forma en nosotros la condición de “enviado” y “evangelizador”.

 

   - Si se nos da la gracia del “conocimiento de Jesucristo” es para abundar y crecer en la misión.

        

         * ¿Según aumento en años voy también relativizando las fuerzas del Espíritu que sin embargo me siguen invitando a seguir a Jesucristo más de cerca?

 

 

3. Juan se siente llamado pues a proclamar y testimoniar su experiencia de Jesús. Lo nuclear de su anuncio y testimonio se concreta en lo siguiente:

 

3.1. Señalar a Jesús como El Cordero de Dios: “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (v.29). El evangelista funde en una sola realidad la imagen de “Siervo” de Is 53 que carga con los pecados de los hombres y se ofrece como “cordero expiatorio” y el rito del cordero pascual Ex 12,1 símbolo de la redención de Israel.

 

   - Permanecer en el camino del Siervo nos dará la sensibilidad para descubrir donde se siguen dando hoy las heridas de los hombres y mujeres de la tierra.

 

   - Y, a la vez, nos permitirá acompañar a muchos en el dolor suscitando procesos de liberación y de plenitud.

     

            * ¿Cómo evalúo mi estar y acompañar a los pobres?

 

 

3.2. Testimoniar y confesar que Jesús es el Hijo de Dios: “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios” (v.34). Juan, a partir de su experiencia teologal, profundiza y reconoce a Jesús en la condición de Hijo. Así fue contemplado en el momento en que él lo bautizara en el Jordán: “Este es mi Hijo, mi predilecto en quien me complazco” (Mt 3,17).

 

   - Es también predilección del Padre por toda la humanidad representada en Jesús para darnos el Reino: “Porque tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único…” (Jn 3,16). Somos hijos reconocidos en el Hijo y hermanos entre los hermanos.

        

         *¿Cómo me abro a los emigrantes y a los diferentes que vienen de todas las partes del mundo?

 

 

3.3. Confirmar que Jesús es quien bautiza con Espíritu Santo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo” (v 33). Su bautismo de agua solo fue algo exterior y provisional.

 

   - El bautismo en el Espíritu -Mateo añade “y fuego” (Mt 3,11)- es el que consigue radicalmente la conversión interior y la filiación divina de los que lo reciben: “En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios…” (Rm 8,14). Es lo que nos hace exclamar ¡Abba, Padre!

         

         *¿En quién tengo puesta la confianza en este momento delicado para la Iglesia y para nuestro ministerio evangelizador?

 

(Continuará)