Domingo 2º T.O. - A

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach

Con el Domingo del Bautismo del Señor (ayer) se abría paso la primera semana del tiempo ordinario, el tiempo "normal", el de la vida cotidiana. El próximo domingo, por lo tanto, será ya el segundo domingo del año A. En este tiempo es bueno celebrar que Dios-está-con-nosotros cada día, acompañándonos. Y proponiéndonos que lo sigamos de cerca. ¡Hagámoslo!

 

19 enero 2020

 

Evangelio según Juan (1,29-34)

En aquel tiempo, 29 al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:

–Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es aquél de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo.» 31 Yo no lo conocía, pero ha salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.

32 Y Juan dio testimonio diciendo:

–He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. 33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que ha de bautizar con Espíritu Santo.» 34 Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

¿Qué caso hago, en la práctica, de esta invitación a mirar a Jesús? Es decir, ¿me detengo a mirar, a escuchar, a leer el Evangelio, a orar dialogando con Jesús?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

A la luz de la humanidad del Hijo de Dios, me fijo en todo aquello que he visto de verdaderamente humano en las personas y en los acontecimientos. Y en aquello que deshumaniza y que es preciso cambiar.

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas para enmarcar el domingo y el texto

 

  • El pasado domingo, con el ‘Bautismo del Señor’, dábamos por terminado el tiempo de Navidad–Epifanía. Pero el Evangelio de este domingo tiene continuidad con los de las dos fiestas anteriores: es el tercer ‘cuadro’ de un ‘tríptico’ que comenzaba con la fiesta de la ‘Epifanía’ y que seguía con el ‘Bautismo del Señor’.
  • Son ‘cuadros’, estos tres evangelios, que ‘pintan’ a Jesús manifestándose (31) como “Hijo de Dios” (34) –o “el Cordero de Dios” (29)–. De hecho, este texto es el paralelo joánico a los relatos del Bautismo que hacen los demás evangelistas.
  • El texto del evangelista Juan hace aparecer al otro Juan, el Bautista, como testigo enviado por Dios. Nos lo presenta así ya en el prólogo: Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe (Jn 1,6-7).

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • Jesús es presentado como el “que venía” hacia Juan Bautista, que representa a las esperanzas de Israel (29). Es la primera vez que Jesús aparece en este evangelio. Jesús, que “viene”, da cumplimiento a las promesas de Dios (Is 40,10). “Viene” a hacer realidad que el dominio del pecado será quitado del mundo (29) como había anunciado el profeta Isaías (Is 40,2).
  • El evangelista destaca que el Bautista es un testimonio enviado por Dios. Primero ha sido instrumento humilde para que “sea manifestado a Israel” (31). Ahora da testimonio de él (32.34), lo muestra a toda persona que quiera fijarse en él (29). Hay que fijarse en Jesús (Jn 1,29.35) e ir a vivir con él (Jn 1,39.46) para conocerlo (Jn 1,26; 8,19; 10,14; 14,7ss; 17,3), amarlo (Jn 14,15.21ss; 16,27; 21,15ss), seguirlo (Jn 1,37ss; 1,43; 8,12; 10,4.27; 12,26; 21,19.22) y ser su apóstol (Jn 20,21).
  • Otra característica de este evangelio es que pone un acento especial en la acción del Espíritu Santo sobre Jesús (32-33). Con este acento se pone de manifiesto que en Jesús se cumple otro anuncio de Isaías: Reposará sobre él el espíritu de Dios... (Is 11,2). Jesús es, entonces, el Mesías. El Espíritu es quien hace de Jesús “el Hijo” (34) (ya lo expresaba el texto del pasado domingo, Mt 3,13-17). Juan Bautista da testimonio de que Jesús lo ha recibido (32) y de que bautiza con el Espíritu (33); es decir, el Bautista tiene interés en decir que Jesús da el Espíritu Santo a toda persona que lo quiera recibir. Y el fruto del bautismo de Jesús, que transforma en lo más íntimo, es que quien lo recibe se convierte en hijo/a de Dios.
  • Como en todo el ‘tríptico’ que contemplamos (Mt 2,1-12 || Mt 3,13,17 || Jn 1,29-34), esta escena se centra en la identidad de Jesús. Por boca del Bautista se le llama “el cordero de Dios” (29). Resuena ahí lo que Isaías dice sobre el Siervo de Dios (Is 53) que cargó con la culpa de todos nosotros (Is 53,6) y que, como un cordero al degüello era llevado, no abrió la boca (Is 53,7). Y también resuena el tema del cordero pascual de Ex 12,46 y citado por el mismo Juan en 19,36 y que aparece, también, en 1Pe 1,19: cordero sin mancha ni defecto, condiciones exigidas al cordero que tiene que ser comido en la cena pascual y que se dan en Cristo. El “testimonio” de Juan culmina al decir que el hombre Jesús es “el Hijo de Dios” (34).
  • El evangelio joánico tiene interés en decir que Jesús es “un hombre” (30). Antes, en este mismo capítulo (Jn 1,14), con la palabra carne, ha destacado la condición humana de Jesús en su vertiente de debilidad y de limitación. Más adelante, muchas veces, Jn presenta a Jesús como un hombre (Jn 4,29; 5,12; 7,12.46; 9,11.12.16.24; 10,33; 18,17.29; 19,5.12). De todas estas hay que destacar la proclamación de esta ‘verdad’ de la fe cristiana que el evangelista pone en boca de Pilato: ¡Aquí está el hombre! (Jn 19,5). En Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, tenemos la verdadera imagen de Dios y la verdadera imagen de la humanidad tal como Dios la creó (Gn 1,27).