Domingo 4º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. José Luis Bolaños García

Jesús al proclamar las bienaventuranzas se convierte en el paradigma del cumplimiento de ellas mismas y en esperanza para los que la ponen en práctica.

 

1 “Al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; 2y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: 3«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. 4Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. 5Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. 6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. 7Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.  8Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. 9Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. 11Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. 12Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros” (Mt 5,1-12).

 

I.- JESÚS  PARADIGMA DE LAS BIENAVENTURANZAS

 

Jesús al proclamar las bienaventuranzas se convierte en el paradigma del cumplimiento de ellas mismas y en esperanza para los que la ponen en práctica.

De aquí que contemplemos a Jesucristo el “bienaventurado”. Él nos dice él: “Todo lo que tiene el Padre es mío”.

 

1. Jesús encarna en su persona todas las bienaventuranzas:

 “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soymanso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas”  (Mt 11,25-27).

-Jesús  revive al Siervo proféticamente anunciado: “Mirad a mi siervo, |a quien sostengo; |mi elegido,  en quien me complazco. He puesto mi espíritu sobre él,  manifestará la justicia a las naciones. No gritará, no clamará, | no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará,  la mecha vacilante no la apagará. Manifestará la justicia con verdad. No vacilará ni se quebrará,  hasta implantar la justicia en el país”  (Is 52,1ss).

 

-Pedro el pescador de Galilea confirmará: ”Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Act 10,38).

 

   * Contemplando a Jesús y su bienaventuranza:

      ¿En qué medida el Espíritu del Señor nos conduce, y nos dejamos conducir, a Jesús como modelo de felicidad y bienaventuranza?

 

2. Jesús promete la bienaventuranza del Reino a aquellos que le han reconocido entre los más pobres:

 “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. ….  Entonces los justos le contestarán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?’. Y el rey les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,).

- S. Pablo: “Jesús siendo rico se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza” (2Cor 8,9).

 

   *Contemplando a Jesús y su bienaventuranza:

    ¿Con qué señal de los pobres identificamos hoy a Jesús?

 

3. Jesús contempla, bendice y alaba al Padre por este don de las bienaventuranzas revelado a los sencillos:  

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.  Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 26-27).

 

-Pablo mira la realidad de la comunidad de Corinto y les escribe: “Fijaos en vuestra asamblea… Lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso. Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta… ” (1Cor 1,26-30). 

 

   *Contemplando a Jesús y su bienaventuranza:

    ¿Cómo el trabajo con los pobres nos va haciendo cambiar la mirada hacia ellos al descubrir sus riquezas?

 

 

II.- JESÚS CON LAS BIENAVENTURANZAS OFRECE EL PROGRAMA DE LA VIDA CRISTIANA

 

1. “Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos”.

- Jesús habla de que en el presente ya los pobres son dichosos. Esta no es una bienaventuranza para el futuro.

-Jesús valora y canta a la pobreza de espíritu y a la pobreza material: “Las aves del cielo tiene sus nidos y las raposas sus madrigueras y el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza” (Mt 8,20 ); y denuncia: ¡Ay de vosotros los ricos” (Lc 6,24); “Esta pobre viuda ha dado más que los otros porque ha dado todo lo que tenía para vivir” (Lc 21,3).

 

-S. Pablo: “Así, cuando os reunís en comunidad, eso no es comer la Cena del Señor,  mientras uno pasa hambre, el otro está borracho… ¿Tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los que no tienen? (1Cor 11,15 ss).

 

   *La pobreza de Jesucristo nos enriquece:

    ¿Qué entusiasmo supone en nuestras comunidades seguir creyendo que los pobres han de ocupar el centro de ellas y la prioridad en sus decisiones?

 

2. “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra”.

-Jesús es modelo de mansedumbre. El ceder sus propios derechos a favor de los demás,  la obediencia, la disponibilidad, la docilidad, y la misma humildad, que son hermanas de la mansedumbre, encuentran en Jesús la perfecta realización con respecto al Padre: tanto en lo cotidiano de su vida: “Yo hago siempre lo que le agrada al Padre” (Jn 8,29), como en el momento sublime de su entrega final: “¡Padre! Si es posible, aparta de mí este cáliz pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Mt 26,39).

 

-S. Pablo: “Cristo Jesús siendo de condición divina,  no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo  tomando la condición de esclavo,  hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo,  hecho obediente hasta la muerte,  y una muerte de cruz” ( Fil 2,5-11). 

 

-El premio a los mansos y humildes consiste en que  “poseerán en herencia toda la tierra”; de tal modo que a Jesús se le concede “que toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor”.

 

   *La mansedumbre y humildad de Jesucristo nos serena y reconforta:

     ¿Hay ánimos positivos en nuestras comunidades en tener con naturalidad los sentimientos propios de Jesús que nos lleve a rechazar toda actitud de arrogancia y  

     autorreferencialidad?

 

3. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”. 

- Jesús se lamenta por la hipocresía de los fariseos y escribas; siente pesar por la terquedad y miedo de sus discípulos; solloza repetidamente ante la tumba de Lázaro su amigo; Jesús llora ante Jerusalén por su resistencia a creer; en Getsemaní está triste hasta morir…  

- “Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna” (He 5,7-9).

- Jesús, conmovido, da a las gentes el consuelo de su palabra: “Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas”.(Mc 6,34).

 

- S. Pablo: “Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde” (Rm 12,15).

 

   *El llanto de Jesucristo nos interpela, consuela y enseña:

    ¿Miramos con agrado cómo la situación y el llanto de los pobres, repercute efectivamente en las decisiones y en el trabajo pastoral de nuestras comunidades?

 

4. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados”. 

- Jesús siente hambre y siente ansiedad por el cumplimiento de su misión: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!” (Lc 12,49).

-Jesús siente hambre  y ansiedad por el cumplimiento de la voluntad de Dios. Él responde a la tentación: “no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4); “Mi alimento es hacer la voluntad del Padre que me envió”  (Jn 4,34).

-Jesús siente hambre y ansiedad por los que han de ser salvados: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Jn 19,10).

 

- S. Pablo: “Si me falta el amor no soy nada; Si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría…” (1Cor 13); “La caridad de Cristo nos urge” (2Cor 5,14).

 

    *El hambre y la sed de Jesucristo nos sacian en abundancia:

      ¿Cómo en nuestras comunidades alimentamos un clima y unos gestos de auténtica coherencia entre nuestras inquietudes apostólicas y la entrega generosa a la

       causa de los desfavorecidos?

 

5. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

-Jesús para hablar de la misericordia hace referencia prioritaria al Padre: “Sed misericordioso como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36).

-Jesús derrocha misericordia con muchos de los que se acercan a él diciéndoles: “Tus pecados sean perdonados” (el paralítico Mt 9,1-8; la mujer pecadora Lc7, 36-48; Zaqueo Lc 10, 1ss).

 

-S. Pablo: “Así pues, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia.  Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro- El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo” (Col 3,12-13).  

 

   *La misericordia de Jesucristo nos hace  nuevos por el perdón y nos capacita para perdonar:

    ¿La acogida al hermano o hermana que ha caído en la marginación por la droga, el sexo, el alcohol, el juego… nos conmueve y nos mueve a trabajar por su

    rehabilitación?

 

6. “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”.

-Jesús, el testigo fiel, se hace mediación y estímulo para los que han sabido mantenerse puros, ofreciéndoles el Reino: “Yo siempre hago lo que le agrada al Padre” (Jn 8,29); ¿Quién puede acusarme de pecado? (Jn 8,46); “Quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9).

-Somos bienaventurados si nos mantenemos en esa “luz” de Cristo: “Si tu ojo está limpio también lo estará tu corazón”; “La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; pero si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Si, pues, la luz que hay en ti está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!” (Mt,6,22).

 

-S. Pablo: “Nosotros ahora vemos como en un espejo entonces lo veremos cara a cara” (1Co 13,12).

 

-Suplicamos con el salmista al Señor: “Oh Dios crea en mi un corazón puro” (Ps.50).

 

    *La hermosa transparencia de Jesucristo se hace espejo para encontrarnos con su rostro verdadero, quien le ve a él ve al Padre.

     ¿Cómo en nuestras instituciones y comunidades cultivamos la transparencia como estilo de vida en todas las tareas pastorales?

 

7. “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. 

-Jesús es el Príncipe de la paz. Él se siente portador de una paz excepcional: “Mi paz os dejo, mi paz os doy. No la doy como la da el mundo” (Jn 14,27). Es el don que ofrece a sus discípulos como Resucitado (Jn 29,19).

- Jesús a los discípulos les recomienda que en la misión bendigam con la paz: “Al entrar en una casa, saludadla con la paz; 3si la casa se lo merece, vuestra paz vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros” (Mt 10,12).

 -Los que trabajen por la paz serán hijos en el Hijo, y hermano entre los hermanos.

 

-S. Pablo: “Cristo es nuestra paz… Él vino a anunciar la paz: paz a vosotros los de lejos, paz también a los de cerca. Así, unos y otros, podemos acercarnos al Padre por medio de él en un mismo Espíritu… Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu” (Efesios 2,14).

 

    *La paz de Jesucristo es la que trabaja en nosotros la reconciliación para sentirnos hijos y hermanos:

     ¿Qué iniciativas ponemos en marcha en nuestras comunidades para sentirnos obreros de la paz?

 

8. “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”

-Jesús no habla para el futuro, sino de manera general a los que trabajan ya por causa de la justicia y son perseguidos. El concede a ellos los valores del reino sin distinción de credos ni ideologías.

-Jesús reconoce también que las persecuciones y calumnias que sufrirán sus discípulos son por su causa, pero eso será la ocasión de dar testimonio y, el mismo, con su Espíritu, garantiza la fortaleza y la inspiración necesarias: “Os perseguirá y entregarán a los tribunales por mi causa. No preparéis vuestra defensa, el Espíritu Santo os dirá lo que tenéis que decir” (Mt 10,17-20).

-Jesús alienta a los discípulos para la entrega total: “Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, nadie me la quita, yo la doy voluntariamente” (Jn10,18); “Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros” (Jn 15,18).

 

-S. Pablo: “Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Cor 12,10); ¿Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?... (Rom, 6,35).

 

   *La pasión -el combate- de Jesucristo es nuestra fortaleza para el compromiso:

    ¿Qué logros celebramos y qué carencias vamos descubriendo en los laicos de nuestras comunidades en su compromiso temporal? ¿Qué acompañamiento tienen?