Domingo 5º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. José Luis Bolaños García

Hoy escuchamos a Jesús proponiendo a sus discípulos una llamada a ser agentes de transformación y testimonio en nuestro mundo para alabanza de Dios Padre.

 

“Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,6-7).

 

     1. Sal y luz: Ambas cosas, siendo tan distintas, tiene un doble y parecido significado:

-Un sentido vocacional: Ambas cosas están “llamadas a”. Que podemos llamar: vocación transformadora.

-Un sentido testimonial: Ambas han de ser “reconocidas” para ser identificarlas: Que podemos llamar: testimonio en el mundo.

- Un sentido práctico en la vida cotidiana: Ambas  son útiles y dan satisfacción: Que podemos llamar: alegría-celebración.

-Por tanto hoy escuchamos a Jesús proponiendo a sus discípulos

una llamada a ser agentes de transformación y testimonio en nuestro mundo para alabanza de Dios Padre.

 

      2. La sal: “Vosotros sois la sal de la tierra”

La sal tiene una similitud con la levadura.

-Jesús toma la levadura como un símbolo del poder transformador del Reino y lo explica en “la parábola de la levadura en la masa” (Mt 13,33). Jesús muy bien pudiera haber dicho: “El reino de los cielos se parece a la sal que alguien la tomó y la metió en la hoya con el cocido hasta que se diluyó y dio sabor a toda la comida”.

-La sal o la levadura siendo cosas insignificantes tienen la cualidad de transformar aquello que tocan, la harina o el caldo, dándole una textura y sabor completamente diferentes. Sin la levadura la harina no fermenta; sin la sal la sopa queda insípida.

 

2.1 Jesús pide a sus discípulos que sean actores de transformación capaces dar un sabor diferente a todas aquellas cosas y criaturas que han perdido el sentido para el cual fueron creadas. Seres que han perdido la razón de ser en el mundo y están perjudicando la marcha y el destino de la tierra y de los que la habitan.

 

2.2 Jesús pide que sus discípulos sean signos, testigos reconocibles de esa transformación: “si la sal no está donde debe estar, nunca se la reconocerá, sobra, ¿con qué se le devolverá la propiedad de salar?

-No basta, pues, la intención es necesaria la visibilidad del testimonio. Los testigos que han perdido la calidad y el sentido cristiano son como la sal que ha perdido el sabor. Las obras son las pruebas que dan autenticidad: “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,20).

 

2.3 Jesús pide que a través de las obras sea glorificado el Padre Dios. Siempre es posible una lectura creyente. Es necesario contemplar. No nos podemos quedar tampoco en los resultados y logros personales: “Siervos inútiles somos; hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,10);  “La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto (Jn 15,8).

 

-Esta llamada de Jesús a ser “sal de la tierra” va dirigida  permanentemente a todos los bautizados. Pablo VI animaba a los evangelizadores con estas palabras: “Conservemos, pues, el fervor espiritual. Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas” (EN 80).

Pero de una forma particular queremos dedicársela hoy a los seglares. Los laicos en la Iglesia y en el mundo están llamados a vivir una vocación transformadora según los valores de Jesús expuestos en las Bienaventuranzas del Reino.

 

*“Los seglares, dice Pablo VI, cuya vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales, deben ejercer por lo mismo una forma singular de evangelización. Su tarea primera e inmediata no es la institución y el desarrollo de la comunidad eclesial —esa es la función específica de los Pastores—, sino el poner en práctica todas las posibilidades cristianas y evangélicas escondidas, pero a su vez ya presentes y activas en las cosas del mundo. El campo propio de su actividad evangelizadora, es el mundo vasto y complejo de la política, de lo social, de la economía, y también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación de masas, así como otras realidades abiertas a la evangelización como el amor, la familia, la educación de los niños y jóvenes, el trabajo profesional, el sufrimiento, etc.” (EN 70).

* ¿En el conjunto de la Iglesia, en nuestras diócesis y particularmente en los laicos qué acogida ha tenido este legado que nos ha dejado el santo papa Pablo VI?

¿Por dónde trabajar en la recuperación de esas intuiciones?

 

    3. La luz: “Vosotros sois la luz del mundo”

3.1 Jesús luz del mundo:

Ya el domingo pasado con motivo de la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo nos fijábamos en Jesús como “Luz para todas las naciones”. Hoy nos podemos fijar cómo justifica desde sí mismo lo que pide para sus discípulos y les anima para ello.

  1. Jesús se define como alguien con vocación para el mundo: “Mientras estoy en el mundo soy la luz del mundo” ( Jn 9,5). Él es laLuz de las naciones” (Lc 2,32).
  2. Jesús se  presenta como testigo de la verdad la única luz capaz de disipar la oscuridad y vivir en la claridad: “Yo soy la Luz del mundo. Quien camina conmigo no anda en tinieblas” (Jn 8,12).; “Yo he venido al mundo para ser testigo de la verdad” (Jn 18,37).
  3. Jesús es la lámpara que glorifica al Padre eternamente: En los cielos nuevos y la tierra nueva donde brilla cono victima sacrificada pues  “La lámpara es el Cordero” (Ap 21,13);  El es  “El lucero radiante de la mañana” (Ap 22,16);  “El es la luz de la gloria de Dios mismo. En su calidad de Hijo de Dios es “el resplandor de la gloria” (Heb 1,3).

 

3.2  Jesús pide que sus discípulos sean signos visibles y reconocibles de su Luz transformadora en el mundo:

-Jesús pide a sus discípulos participar de la luz de su Espíritu llevando a cavo su llamada: “Vosotros sois la luz del mundo” Es una llamada vocacional. “Es Dios, nuestro Señor quien “nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable (1Pe 2,9s); para compartir la suerte de los santos en la luz (Col 1,12s).

-Los bautizados estamos llamados a una tarea transformadora según su Espíritu. Jesús pide a sus discípulos que sean actores de transformación;  “La característica propia de la luz de la fe es la capacidad de iluminar toda la existencia del ser humano” nos dice Francisco (LF 4).

 

3.3 Jesús pide que sus discípulos sean testigos, que caminen como “hijos e hijas de la luz” (Ef, 5,8); “Mientras tienen la luz, crean en la luz para que sean hijos de la luz (Jn 12,35).

-Dando testimonio de luz en el mundo; pues ella no se puede ocultar cuando está en lo alto; que alumbre a todos los de la casa; con las obras; que estas sean “reconocidas” y verificables; no con las obras de la carne sino del “fruto del Espíritu que es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí” (Gal 5,22).

 

3.4 Jesús pide que a través de las obras demos gloria al Padre que está en los cielos:

-Jesús pone en relación las obras de la luz con el agrado del Padre Dios: “Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios” (Jn 3,19-24).

-Pablo nos exhorta a ofrecer con nuestras obras un verdadero culto al Padre: “Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios; este es vuestro culto espiritual. 2Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Ro 12.1ss). 

-Pablo también  nos invita a la alabanza a aquel que nos ha mantenido en las obras de la luz: “Damos gracias al Padre … que nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor” (Col 1,13).

 

-Con la llamada de Jesús a que seamos “luz del mundo”, el Papa Francisco reta a toda la Iglesia y espacialmente a los laicos ser consecuentes con el bautismo que hemos recibido y replantearse permanentemente su presencia en el mundo:

“Los laicos son simplemente la inmensa mayoría del Pueblo de Dios…

Si bien se percibe una mayor participación de muchos en los ministerios laicales, este compromiso no se refleja en la penetración de los valores cristianos en el mundo social, político y económico. Se limita muchas veces a las tareas intraeclesiales sin un compromiso real por la aplicación del Evangelio a la transformación de la sociedad. La formación de laicos y la evangelización de los grupos profesionales e intelectuales constituyen un desafío pastoral importante” (EG 80).

 

*El Papa Francisco hace permanentemente autocrítica de las instituciones eclesiales y a sus agentes invitándolos a una conversión pastoral y misionera:

¿Qué autocrítica y qué pasos se van dando en las diócesis y en los agentes de pastoral para acometer esta conversión?

¿Cómo afrontar los fenómenos de autocomplacencia y autoreferencialidad que tanto denuncia Francisco?

¿Qué plan serio y qué acompañamiento estamos ofreciendo a los laicos para que sean verdaderos signos de transformación, testimonio y contemplativos en la acción?

¿Qué demandas están pidiendo los laicos de nuestros ambientes eclesiales para canalizar sus inquietudes humanas y creyentes?

 

José Luis Bolaños García

Diócesis de Canarias