Domingo 5º T.O. - A

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach

Después del paréntesis por la fiesta de la Presentación del Señor, retomamos el evangelio de Mateo habiéndonos perdido las bienaventuranzas (Mt 5,1-12). Será bueno tomar el Nuevo Testamento y leerlas antes de entrar en el pasaje del próximo domingo, que es su continuación, y donde Jesús nos invita a ser sal y luz. La sencillez, la acción constante, el trabajo escondido (que no cubierto), entonces, son condición de la misión evangelizadora de la Iglesia, de los discípulos de Cristo. Esta es la “luz” que “el mundo” necesita. Y esta es la misión que nunca recibirá los aplausos que recibe un espectáculo bien hecho, sino la única “recompensa” que vale la pena, la de vivir dichosos en la pobreza (Mt 5,3-12) participando ya ahora del Reino que el Padre ofrece generosamente a toda persona que quiera acogerlo.

 

9 febrero 2020

 

Evangelio según Mateo (5,13-16)

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

13 –«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

14 Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 15 Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 16 Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

¿Qué descubro de la misión y acción de la Iglesia y de cada discípulo de Cristo?

Mi vida–acción en el ambiente que me es propio, ¿es de este estilo?

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

En esta vida contemplada, ¿he descubierto la presencia de Dios? ¿A quién he encontrado que actúe como “sal”, como “luz”, como “levadura”?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas para enmarcar el texto

 

  • Estas palabras de Jesús, Mateo las pone justo a continuación de las bienaventuranzas (que no tuvimos el pasado domingo por ser la fiesta de la Presentación del Señor). Jesús ha comenzado a enseñar a sus discípulos que se le habían acercado (Mt 5,1-2).
  • Este marco indica que Jesús está dibujando las líneas básicas de la identidad de sus discípulos. Escuchando estas palabras, entonces, podemos darnos cuenta de qué implica seguir a Jesucristo. O, dicho de otra manera, vemos qué es lo que Jesús espera de sus discípulos y, por lo tanto, sobre qué nos quiere enseñar.

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • “La sal” (13) sirve para dar sabor a los alimentos. También para conservarlos. Jesús, aquí, poniendo el acento en la función de la sal, remarca que si “se vuelve sosa” deja de servir. Y lo refiere a los discípulos: son discípulos si están en relación con “el mundo” con su testimonio y con el anuncio del Evangelio; si pierden esto, pierden su identidad, pierden lo que les hace ser discípulos. De hecho, son discípulos de un Maestro que está en medio del mundo.
  • Joseph Cardijn, fundador de la JOC, a propósito de otra parábola de Jesús, la de la levadura dentro de la masa (Mt 13,33), dice: la definición única del militante es la levadura dentro de la masa; pero dentro de la masa, no al lado, ni un milímetro al lado; no, sino dentro. La imagen de la sal sugiere lo mismo: para que la sopa tenga sabor, la sal tiene que estar dentro de la olla, no cerca. La identidad de los discípulos de Jesús pasa por estar en el mundo, entre la gente.
  • La expresión “la luz del mundo” (14) es aplicada aquí a los discípulos. En el evangelio según Juan, Jesús se la aplica a si mismo: Yo soy la luz del mundo (Jn 8,12). Hay una identificación entre Jesús y el grupo de los discípulos.
  • “Una ciudad puesta en lo alto de un monte” (14) puede ser una referencia a Jerusalén que, en el Antiguo Testamento (Is 60,1-3), es signo de la luz que viene de Dios y es llamada a transmitir esta luz a los demás pueblos. Así, aplicada a los discípulos, la imagen indica que estos tienen que ser testigos visibles de Alguien que no son ellos mismos. Y que lo tienen que ser para “la gente” (16), especialmente para aquellas personas que todavía no conocen la luz verdadera que ya estaba en el mundo (Jn 1,6-10).
  • “Una lámpara” (15), en la Palestina del tiempo de Jesús, ilumina a “todos los de casa”, porque las casas solían tener una sola habitación. “Un celemín” (15) es un recipiente útil para calcular volúmenes de sólidos y de líquidos.
  • La imagen de “una lámpara” debajo de “un celemín” (15) sugiere, inmediatamente, que los dos instrumentos han perdido su utilidad. Aplicada a los discípulos, la imagen apunta hacia el comportamiento, a la vida concreta, a la práctica cotidiana, a lo que se “ve” porque se vive: es eso lo que será referencia para la gente (16), lo que les dará “luz”. Pero tienen que ser conscientes de que, si ellos mismos han perdido la referencia, Jesucristo, pueden manifestar justo lo contrario, que su vida es tan absurda como una luz encendida y cubierta.
  • El testimonio de los discípulos de Jesucristo, entonces, se realiza a través de su manera de vivir: “vuestras buenas obras” (16). Y en la relación de tú a tú. Es la propia experiencia de fe la que comunica el Evangelio – la fe. Y esta “luz” hará posible que la persona que la percibe pueda descubrir la presencia de Dios en “el mundo”, en la vida. ‘Una fe se enciende en otra fe’, como una vela se enciende acercándose y tocando a otra vela ya encendida. Éste viene a ser el mensaje del n. 46 del documento de Pablo VI sobre la evangelización en el mundo contemporáneo.
  • El objetivo del ser “sal”, del ser “luz” (y del ser levadura) siempre es que “den gloria al Padre” (1 6) (también lo dice 1Pe 2,12). El mismo evangelio de Mt se preocupa de advertir que esto no tiene que entenderse mal: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial (Mt 6,1). La sencillez, la acción constante, el trabajo escondido (que no cubierto), entonces, son condición de la misión evangelizadora de la Iglesia, de los discípulos de Cristo. Esta es la “luz” que “el mundo” necesita. Y esta es la misión que nunca recibirá los aplausos que recibe un espectáculo bien hecho, sino la única “recompensa” que vale la pena, la de vivir dichosos en la pobreza (Mt 5,3-12) participando ya ahora del Reino que el Padre ofrece generosamente a toda persona que quiera acogerlo.

Josep Maria Romaguera Bach

Diócesis de Barcelona