Domingo 6º T.O. - A

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Pauta para un Estudio de Evangelio. Josep Maria Romaguera Bach

Este domingo nos adentramos en el "Discurso del monte". Las antítesis que Jesús propone no son contra la Ley sino que quieren superar la mentalidad legalista que impede el discernimiento. Y lo más importante es que el Padre del cielo es la referencia para la vida de todo discípulo de Jesús: los/as hijos/as de Dios son y obran como es y obra el Padre.

 

16 febrero 2020

 

Evangelio según Mateo (5,17-37)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

17 –No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

18 »Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. 19 El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos. Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.

20 »Os los aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

21 »Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado. 22 Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

23 »Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, 24 deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

25 »Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. 26 Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.

27 »Habéis oído el mandamiento no cometerás adulterio. 28 Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. 29 Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el Abismo. 30 Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al Abismo.

31 »Está mandado: El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. 32 Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer, excepto en caso de matrimonio ilícito, la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.

33 »Sabéis que se mandó a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus votos al Señor. 34 Pues yo os digo que no juréis en absoluto: 35 ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. 36 Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. 37 A vosotros os basta decir sí o no. Todo lo que se diga de más, viene del Maligno.

 

Pauta para hacer Estudio de Evangelio, personal o compartido

1

Oración para pedir el don de comprender el Evangelio y poder conocer y amar a Jesucristo y, de este modo, poder seguirle mejor y darlo a conocer

2

Anoto algunos hechos vividos esta última semana

3

Leo/leemos el texto. Después contemplo y subrayo

4

Ahora anoto lo que descubro de JESÚS y de los demás personajes, la BUENA NOTICIA que escucho...

Con Jesús intento descubrir la verdad que hay en mi corazón.

5

Desde el evangelio, vuelvo a mirar la vida, los HECHOS vividos, las PERSONAS de mi alrededor...

¿Qué hechos y situaciones encuentro en qué hay que ir más allá de la ley?

6

Llamadas que me hace –que nos hace– el Padre hoy a través de este Evangelio y compromiso(s)

7

Oración. Diálogo con Jesús dando gracias, pidiendo...

 

Notas por si hacen falta

 

Notas para situar el texto

 

  • Seguimos con el Sermón del Monte.
  • En textos como éste, de tipo discursivo, nos puede parecer que no podemos hacer lo que propone el Estudio de Evangelio, “fijarnos” en Jesús, porque no lo vemos en acción. Sin embargo, démonos cuenta de que lo que Jesús dice es lo que hace. En cada mensaje de su discurso, entonces, podemos ver su quehacer. El mensaje de Jesús es inseparable de su acción, de toda su persona.

 

Notas para fijarnos en Jesús y el Evangelio

 

  • La primera cuestión que plantea Jesús es que “no ha venido a abolir la ley o los profetas” (17). Es decir, no ha venido a quitar valor al Antiguo Testamento.
  • Que Jesús lleva al Antiguo Testamento “a la plenitud” (17) no significa que Él cumpla con lo que estaba anunciado ahí ni que Él lo perfeccione. Nos está diciendo que la Escritura es significativa cuando se hace vida de ella. Él es la Palabra hecha carne (Jn 1,14). Por lo tanto, Jesús ni cuestiona ni sobrevalora la Escritura, sino que plantea qué hacemos con la vida: “si no sois mejores que...” o, literalmente, “si vuestra justicia no sobrepasa...” (20). Ser justo significa cumplir fielmente la voluntad de Dios (Mt 3,15; 5,6.10). De lo que se trata es de hacer la voluntad de Dios. La Escritura nos ha sido dada para ayudarnos a descubrirlo. Pero no es suficiente con cumplirla en la letra: cada uno tiene que discernir, leyendo la letra y leyendo la vida, qué es lo que Dios quiere que haga.
  • Anunciado este planteamiento, el Sermón del Monte propone seis antítesis (vv. 21-47), la conclusión de las cuales –sed perfectos como lo es vuestro Padre celestial (Mt 5,48)– indica el objetivo de Jesús, el objetivo del Evangelio. El Padre del cielo es la referencia para la vida de todo discípulo de Jesús: los hijos de Dios son y obran como es y obra el Padre.
  • En las antítesis Jesús contrapone algunas sentencias significativas de la Ley de Moisés con actuaciones concretas. Así nos ayuda a descubrir cual es el contenido de fondo de la Ley.
  • La sentencia sobre el homicidio (21) cita Ex 20,13 y Dt 5,17, respecto del “no matarás”, y Ex 21,12; Lv 24,17 y Nm 35,16-18, respecto de la condena.
  • El v. 22, con los casos concretos que propone, muestra la gravedad del odio y de las desavenencias. Y los vv. 23-26 urgen a resolver los conflictos, a “reconciliarte”, a “procurar arreglarse” antes de que la situación empeore y no tenga retorno. La reconciliación es importante, y urgente. La oración –la personal y la litúrgica–, saliendo de un corazón reconciliado, es agradable a Dios.
  • Sobre el adulterio, (27) Jesús cita Ex 20,14 y Dt 5,18. Más explícito que en el caso del homicidio, Jesús sitúa la cuestión en el corazón (28). Es decir, no hay bastante con la Ley.
  • En la mentalidad bíblica, el corazón, además del lugar de los sentimientos, es lugar del pensamiento y de la voluntad. A menudo se identifica con la persona. El corazón puede planear una acción y promoverla. Por eso Dios quiere poner su alianza en el corazón de la persona (Jr 31,33). La rectitud de la acción sale del corazón (Mt 15,18). Lo mismo el amor que el pecado, entonces, radican en el corazón. Es Dios quien conoce de verdad el corazón de las personas (Lc 16,15; Rm 8,27; 1Te 2,4).
  • Jesús no propone la mutilación del cuerpo como solución a nada (29-30). Es evidente que, si el pecado radica en el corazón, sacándose el ojo no extirpamos al pecado. Más bien, con una imagen provocadora, Jesús remarca la gravedad del adulterio y nos dice que hay que ir a la raíz del pecado con la voluntad de extirparlo.
  • Sobre el divorcio (31), Jesús cita Dt 24,1 que trata del derecho que tenía el marido de repudiar a la mujer: echarla de casa y oficiar el divorcio. La mujer, en cambio, según la Ley no tiene ningún derecho a divorciarse de su marido. Jesús va a la raíz, no se conforma con resolver las cuestiones importantes de la vida por vía legal, por más que la legislación también sea necesaria: a causa de la dureza de vuestro corazón Moisés consintió que os separaseis de vuestras mujeres... (Mt 19,8). La interpretación del v. 32 es muy discutida. En cualquier caso, Jesús pone la importancia del hecho por delante de todo. Y no deja de recordar las responsabilidades de los hombres, en la Ley menos contempladas que las de las mujeres.
  • La antítesis sobre los juramentos (33) hace referencia a Nm 30,3; Dt 23,22; Ex 20,7 y Lv 19,12.
  • Los juramentos pretenden implicar a Dios en las afirmaciones. Son, entonces, ocasión para manipular a Dios, cosa que la humanidad ha hecho y hace a menudo. Si se dice la verdad, el juramento es innecesario. Y las obras, el conjunto de la vida de la persona, son la verificación de lo que se dice.
  • La afirmación de Jesús, “lo que se diga de más...” (37), nos cuestiona el uso que hacemos del habla. Podemos ser factores de bendición –decir-el-bien– o de maldición –decir-el-mal–. Hacer el bien o hacer el mal. Igualmente hay que considerar aquello a lo que llamamos ‘tirar de la lengua’ a otra persona: la podemos inducir a decir-hacer el mal. El Evangelio, la Buena Nueva, es bendición.
  • En Jesús la palabra y los hechos siempre van unidos, indisolublemente. En Él, en Jesús, contemplamos la Verdad que es Dios mismo (Jn 14,6).

       Josep María Romaguera Bach. Diócesis de Barcelona