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La Santísima Trinidad - A

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Estudio de Evangelio. Pako Etxebeste

El anhelo de vida es el deseo más hondo y universal del ser humano. Todos anhelamos una vida sana (lo verificamos estas últimas semanas); una vida feliz, fecunda, plena, definitiva… ¿Hasta qué punto es realista tal anhelo desde la experiencia humana?

 

 7 junio 2020. Jn 3, 16-18

1. El evangelio de hoy, domingo de la Santísima Trinidad, pone en boca de Jesús, en su diálogo con Nicodemo, autoridad judía, el núcleo de la experiencia humano-cristiana: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna
Dios es amor. Lo suyo es amar plena y definitivamente: al mundo, a la humanidad, a todas y a cada una de sus criaturas...¿Nos lo creemos?
 
Un día nos encontrábamos en la misa familiar. Unos niños sentados en las escaleras del altar escuchaban el eco de la palabra evangélica de boca del cura. En esto, Aitor, de unos 9 años, pregunta: ¿Dios me ama a mí?
El cura le dice: ¡claro! Aitor replica: Pero, ¿tú sabes cuántos niños hay en el mundo?
El cuestionamiento de Aitor es de pura lógica humana. Pero, ¿y si a Dios, que quiere y puede amar sin límites de espacio o tiempo, se le ha ocurrido amarnos a todos y a cada uno de nosotros, ofreciéndonos su vida? Con el Amor no se discute. Sólo cabe un agradecimiento humilde… y corresponsable.
 
2. Prueba del Amor sin límites de Dios a sus criaturas es que “no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él
Dios nos ha hecho seres libres para acoger o no el regalo de una vida plena que se manifiesta en su Hijo y Hermano nuestro Jesús. Éste no ha sido enviado a juzgar al mundo para condenarlo, sino para salvarlo.
 
Lo propio de Dios es dar vida, liberación, salvación. Lo suyo es ser comunión de vida en el amor. Gloria suya es que la criatura humana participe libre y  voluntariamente de su Amor. ¡Qué bueno vivir en Él… hacer proceso de vida de amor con Él y para Él! 
 
 3. Jesús es el gran signo del Amor de Dios al mundo. En Jesús Dios se humaniza. Jesús es la humanización de Dios. Creer en Jesús, amarle afectiva y efectivamente, supera todo juicio humano. Creer en Jesús es fruto del Espíritu Santo. Creer en Jesús es don que nos abre a Dios, comunión de Amor.
 
Levantemos el corazón a Dios, comunión de amor trascendente, que se ha hecho inmanente a toda criatura humana, y digamos juntos, desde el corazón y la vida de cada día: ¡Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo!
 
Pako Etxebeste. Diócesis de San Sebastián.