Domingo 15º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. Santiago Domingo Pampliega

Comienzo del capítulo 13 de Mateo en el que están recogidas 7 parábolas que explican de forma plástica el misterio del Reino, un reino que ya se está haciendo presente en las palabras, las acciones y los milagros de Jesús, y que sigue adelante a pesar del rechazo de los fariseos y maestros de la ley, de la posibilidad de que sea discutido o ignorado por algunos, y también aceptado por otros. La Palabra de Dios no produce fruto automáticamente, es una propuesta, y corre el riesgo de no ser aceptada. Espera una respuesta amorosa y, por tanto, libre.

 

12 de julio 2020. Mateo 13, 1-23
 
 El texto se centra en una parábola y puede dividirse en tres momentos: la parábola en sí misma; la justificación del uso de parábolas; la explicación del sentido de la parábola.
 
1. Jesús se dirige a una multitud, está en medio de la gente, donde los hombres y mujeres viven, trabajan, se afanan: hoy en el lago, mañana en la montaña, en los pueblos que recorre, en las sinagogas... allí donde está el ser humano. Es significativo el hambre de la gente, la necesidad de escuchar una palabra distinta, que enseña, ilumina, entendible, con autoridad, no complaciente pero con sabor a verdad, que tiene que ver con su vida.
 
¿Qué búsquedas orientan los pasos de muchos hoy?. ¿Dónde sacian ese hambre?.
¿Dónde se anuncia el Reino hoy, sólo de puertas para dentro o se hace presente en los diferentes areópagos de esta sociedad?.
 
Destaca la fuerza de la semilla, llamada a dar fruto pero que queda condicionada por la respuesta libre de quien la acoge. La diferente respuesta está en función de las condiciones del terreno que puede acogerla. Nos centra la mirada en lo que condiciona que la palabra de fruto, en los diferentes tipos de respuesta que se dan.
 
2. El uso de las parábolas como método y pedagogía, además de participar de la mentalidad oriental, supone ponerse a la altura del oyente, conocer lo que forma parte de su vida, haberse empapado de una realidad que ha hecho suya, unido a una profunda experiencia de Dios y del mensaje a transmitir. La comunicación implica un emisor, un contenido a comunicar y un receptor: los tres deben estar en sintonía.
 
La dificultad de muchos para poder entender se sigue dando hoy, mentalidades y lenguajes ajenos donde parece que la sociedad va por un lado y la Iglesia por otro. ¿Dónde se da el cortocircuito en la comunicación?, ¿en el conocimiento del otro, en el mensaje a comunicar, en el receptor?. A veces será en el mismo emisor. La cita de Isaias se orienta al receptor: un corazón embotado, miran sin ver y escuchan sin oir ni entender; un corazón sin voluntad para convertirse "para que yo los cure".
 
3. La Palabra anunciada, sembrada, encontrará diferentes tipos de tierra, de persona, de oyente. Todos la escuchan pero con diferente respuesta en función de lo que cada uno es y cómo ha configurado su vida,
         - hay quienes la escuchan sin entenderla
         - otros viven sin raíces, sin consistencia personal, son inconstantes, superficiales
         - algunos viven ahogados entre tareas, compromisos, activismos, obligaciones, exigencias, búsqueda de bienestar material
         - otros la escuchan y son tierra buena: la escuchan, la entienden y fructifica en ellos con resultado variable.
 
"Discípulo es aquel en quien la palabra da fruto. Aquel que traduce el Reino de amor en gesto permanente y solidario hacia los demás... La fuerza del mensaje está en Dios, si lo acogemos se convertirá en alimento de nuestras vidas" (G. Gutiérrez).
 
Santiago Domingo Pampliega. Diócesis de Madrid