Domingo 16º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. Santiago Domingo Pampliega

El texto recoge tres parábolas sugerentes, alternativas, que muestran aspectos diferentes del Reino. Descubrimos dimensiones que nos acercan a una realidad que es don, proyecto de Dios aunque implica acogida por nuestra parte. En general, prevalece la fuerza del don, supone un proceso, requiere tiempo, el Reino no llega súbitamente; y tiene una dimensión transformadora.

 

19 julio 2020 Mateo 13, 24-43 

 

1. El trigo y la cizaña.

Quizá responde a la pregunta: ¿por qué el Reino no se impone?, ¿por qué no se hace visible de tal manera que todos lo acepten y el mal quede superado?. La parábola no es un intento de explicación al problema del mal, es una llamada a la esperanza en medio de una realidad conflictiva y a descubrir en ella la presencia del Reino.

Con un recurso habitual en el mundo semita, enfrenta a dos contrarios. La buena semilla no es aquí la Palabra, son los ciudadanos del Reino; la cizaña, los partidarios del maligno. Y conviven. La convivencia con el mal, en  nosotros y en la realidad, supone no pactar con la mediocridad pero también no buscar realidades puras: al arrancar la cizaña se puede arrancar el trigo. Llegará el día en que todo quedará a la luz.

Hace referencia también a la paciencia de Dios. Dios sabe esperar, deja crecer, da tiempo, siempre concede una 2ª oportunidad. Nosotros tendemos a arrancar y echar al fuego lo que consideramos cizaña en los demás, lo que hemos declarado que es malo. "El trigo y la cizaña tienen raíces imbricadas: al brotar, los tallos se confunden. Hay que saber esperar, dejar crecer, dar tiempo a la conversión. Desde una perspectiva humana (no agrícola) la cizaña puede convertirse en trigo. Y esa potencialidad sólo la conoce Dios" (Julio Colomer).

 

2. El grano de mostaza.

Los inicios del Reino son modestos, como un grano de mostaza. Es una invitación a descubrir el valor de lo pequeño y, si es Reino, toda la potencialidad que encierra. Está llamado a crecer y dar vida, a albergar nuevas formas de vida. Se trata de saber ver el Reino, y al Dios de ese Reino, en lo que parece insignificante, en lo que no cuenta. Y confiar que irá creciendo, desarrollándose, visibilizándose. Tener una mirada contemplativa que ve más allá del número, la eficacia, los logros, las grandes expresiones.

 

3. La levadura.

La parábola de la levadura presenta otra dimensión del Reino: no sólo crece desde lo pequeño e insignificante, sino que tiene poder de transformación. Esa transformación requiere tiempo, sucede a un ritmo que es necesario respetar pero que es capaz de alterar la vida y la realidad desde la raiz. Y convertir en buen pan lo que en sí mismo no alimenta. Acoger su levadura en nosotros es aceptar una transformación que se realiza sin saber cómo y que hace de nuestra vida algo nuevo, comestible para otros, signo y expresión concreta de ese Reino.

 

Santiago Domingo Pampliega. Diócesis de Madrid