Domingo 18º T.O. - A

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Estudio de Evangelio Francesc Triay Vidal

Jesús, al recibir la noticia del asesinato de Juan Bautista, se retira a un lugar solitario, marcha solo en una barca; los poderosos persiguen a los profetas y a los que con su vida denuncian su manera de actuar; en cambio, la gente sencilla busca a Jesús, aunque para encontrarle tenga que hacer una larga caminata. Esta búsqueda y seguimiento contrasta con el rechazo de los poderosos y los que quieren imponer sus criterios religiosos.

 

2 de agosto 2020. Mateo 14, 13-21

Este texto comprende dos partes, una (14, 13-14) describe la situación precisa y la otra (14, 15-21) da cuenta de la milagrosa comida para una multitud. Esta segunda parte empieza con el diálogo de los discípulos con Jesús (14, 15-18) que conduce al punto central: la bendición de los cinco panes y los dos peces que Jesús parte y entrega a sus discípulos para que los repartan a la gente (14, 19). Concluye (14, 20-21) remarcando el éxito de la actuación de Jesús: sobraron doce cestos, habiendo comido cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.

 

1ª Se nos presenta un Jesús que se retira, huye, ante la noticia del asesinato de Juan. Los profetas y él mismo son rechazados por los poderosos, y para Él no ha llegado su hora (cfr Jn 7, 30; 8, 20). Al desembarcar y ver la multitud que le busca se compadece y cura a sus enfermos (14, 14).

 

¿Cómo compadece Jesús a la multitud que, a veces, de manera anónima, acude a Él? ¿La Iglesia es una comunidad compasiva? ¿Es Cristo que se compadece de los que sufren? Cáritas, Manos Unidas…

 

2ª El diálogo de los discípulos con Jesús plantea el problema de la gente que, después de estar todo el día con Jesús, no tiene qué comer. Jesús no desatiende el problema, pero tampoco quiere resolverlo de una manera cuasi mágica, quiere la implicación de los discípulos, no únicamente el planteamiento: “Dadles vosotros mismo de comer” (14, 16). Sed creativos, implicaos, no hay por qué despedir-los. “No tenemos aquí mas que cinco panes y dos peces” (14, 17). Esta es siempre nuestra realidad, tenemos poca cosa, somos poca cosa, para resolver las necesidades del mundo que nos rodea. Para Jesús es suficiente que pongamos lo poco que somos y tenemos en sus manos: “El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará” (Mt 10, 39), les dice: “Traédmelos acá (14, 18). No quiere dejarnos al margen de su obra, quiere necesitar nuestros valores.

 

Una vez que los discípulos se han implicado, bendice los panes y los peces, los parte y se los da a los discípulos para que los repartan; este gesto nos recuerda el de la última cena en que Jesús se da Él mismo en el pan partido (Mt 26, 26-29).

 

Cuando todos han comido y han quedado satisfechos recogen doce cestos de lo que ha sobrado; si el pan (la comida) se reparte y comparte hay suficiente para todos, no se agota (cfr 1Re 17, 11-16). Durante ese tiempo de pandemia del Covid-19, cada día nos dicen los muertos que ha habido a causa del virus porque aún no se ha hallado la vacuna contra él. Cada día en el mundo mueren muchas más personas por la pandemia del hambre contra la cual existe la vacuna, la comida. A los poderosos no les interesa que se proclame esta noticia. Podemos orar, dialogar con Jesús exponiendo la urgencia del hambre de la multitud, y Él también nos dice a nosotros: “Dadles vosotros mismos de comer”. Pongamos nuestros valores, nuestros bienes en manos de Jesús, Él los bendecirá y nos los devolverá diciendo que los repartamos. Esta vacuna Dios la ha puesto en nuestras manos cuando ha dicho: “Creced multiplicaos y dominad la tierra” (Gn 1, 28); y Jesús nos ha dado la receta perfecta: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13, 34).

 

Francesc Triay Vidal, Diócesis de Menorca