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Domingo 19º T.O. - A

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Estudio de Evangelio. Francesc Triay Vidal

El texto que estudiamos se compone de tres partes: 1ª Vinculación con la narración anterior, la multiplicación de los panes y los peces para alimentar a más de cinco mil personas (Mt 14, 22-27); 2ª El caminar de Jesús sobre las aguas y el salvamento de Pedro (14, 18-31) y 3ª Narra brevemente la salvación de los discípulos (14, 32-33) concluyendo con el poder de Jesús (14, 34-36)

 

9 de agosto 2020, Mateo 14, 22-36

1ª. Vinculación con la narración anterior y la oración a solas de Jesús. No se motiva el porqué del apremio de Jesús a que los discípulos pasen a la otra orilla en barca, mientras él se queda despidiendo a la gente (14, 22). Para Jesús es importante orar en soledad al Padre. Su oración en soledad marca la necesidad de descubrir, en cada momento, cual es la voluntad del Padre. Le encontramos orando en el desierto después de su bautismo (Lc 3, 21); antes de la elección de los doce (Lc 6, 12); antes de la enseñanza del Padre nuestro (Lc 11, 1); antes de la confesión de Cesarea (Lc 9, 18); en la Transfiguración en el monte (Lc 9, 28-29); en Getsemaní (Mt 26, 36-44; Lc 22, 42) i en la cruz (Mt 27, 46; Lc 23, 46).

 

2ª. Las revelaciones de Dios, en un primer momento, dan temor, inseguridad (cfr Ex 3, 6c; Is.6, 5; Jr 1, 6; Lc 1, 28-30); ver a Jesús caminado sobre las aguas espanta a los discípulos y se ponen a gritar, por eso Jesús les dice: “Ánimo, soy yo, no temáis” (Mt 14, 27b); en esta afirmación, “soy yo”, resuena la revelación de Dios a Moisés en el Sinaí (Ex 3, 14). Al escuchar a Jesús, Pedro coge confianza y le dice: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti sobre las aguas (Mt 14, 28); en principio Pedro pone su confianza en Jesús y cuando le dice: “Ven”, baja de la barca y se pone a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús (29), pero le entra miedo por la violencia del viento y empieza a hundirse y grita: “Señor, sálvame” Mt 14, 30). Jesús le tiende la mano agarrándole y le dice: “¿Hombre de poca fe, por qué dudaste?” (14, 31).

 

A nosotros nos pasa cuando en un momento de fervor nos comprometemos, pensando que nada nos puede pasar si estamos con Jesús, pero las cosas que van mal, las incomprensiones y las dificultades en la vida del compromiso, nos hacen perder la seguridad, porque, como Pedro, pensamos más en nuestro éxito, que en la fuerza que nos da el Señor. Por eso, también nosotros hemos de orar, en estos momentos, con confianza, diciendo: “Señor, sálvame”.

Es decir, cuando ante las dificultades, nos desanimamos y estamos a punto de lanzar la toalla, hemos de acudir a Jesús, quien seguro nos dará la mano y nos salvará. Jesús, que significa “Dios salva”, en este episodio se manifiesta salvador con Pedro y con los discípulos, cuando, en medio de la tempestad, sube a la barca y el viento desaparece y el mar se calma.

 

 

Concluye el evangelio con las palabras de los discípulos: “Verdaderamente, eres el Hijo de Dios” (14, 33).

La planificación pastoral la hemos de hacer, siempre, a partir de la oración y continuarla de la mano del Señor, pues Él es nuestro Maestro y guía. Él, ante nuestro desánimo, nos dirá una y otra vez: “No temáis… yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

Francesc Triay Vidal, Diócesis de Menorca