Jesucristo, Rey del universo - A

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Estudio de Evangelio. Javi García López

La inversión más decisiva de los talentos que, como nos recordaba el evangelio del domingo pasado, nos ha regalado el Señor, es la que hacemos con las personas pobres y sufrientes. Mateo narra en este texto en qué consiste la esencia del cristiano, o traducido al lenguaje de la pandemia, los “servicios esenciales cristianos”. Comparto dos pistas con la esperanza de poder encontrarnos con Jesucristo en aquellas personas que peor lo pasan.

 
22 noviembre 2020. Mt 25, 31-46
 
1. UN MENSAJE UNIVERSAL
 
Jesús utiliza una potente imagen, un lenguaje muy accesible y unos ejemplos muy gráficos para recordarnos algo fundamental de nuestra fe. Con ello consigue que todo el mundo comprenda perfectamente el mensaje que quiere transmitir, creyentes y no creyentes. También logra crear un vínculo comunitario, una especie de “COMUNION UNIVERSAL” que se traduce en las obras de misericordia, que son semilla de justicia y fraternidad. Y, por fin, dibuja un horizonte luminoso para quienes viven en la oscuridad, sembrando esperanza para esta vida y confiando en la otra vida, porque sus palabras nacen de su experiencia personal y van acompañadas de obras. 
 
Este mensaje universal toca el corazón de las personas: desde las abuelas de la misa diaria, hasta el grupo de preadolescentes, pasando por las familias de la cate, por quienes se acercan a algún funeral. Es nuestra mejor carta de presentación. Animar a ponerlo en práctica, de manera personal o desde nuestra organizaciones, garantiza estar en el buen camino, nos centra en lo irrenunciable y nos ayuda a transmitir, con palabras y obras, el mensaje de Jesús a todas las personas.    
 
2. A MÍ ME LO HICISTEIS
 
En la invitación que me ha hecho llegar un amigo mío que va a ser ordenado diácono en breve, se resaltan estas dos palabras: A MI (me lo hicisteis). A mí me estremece pensar que le he podido dar un vaso de agua al mismo Dios. Me emociona que sea tan cercano. Me alegra tener un Dios así, que se identifica, especialmente, con los más pobres. Más allá de la indudable profundidad teológica y el alance pastoral de esta expresión, considero una gracia poder vivir así. Y, como tal, es imprescindible que Dios nos lo regale y que lo aceptemos. Es mucho más que una obra de caridad, es un gesto de adoración al mismo Cristo, cuyo Cuerpo comulgamos en la eucaristía y en cuyo Cuerpo vivimos y celebramos como iglesia. 
 
Me llama la atención, también, la segunda parte de la expresión: LO HICISTEIS. A veces me empeño (no sé si os pasa a vosotr@s) en ser yo quien dé de comer, quien dé el agua, quien haga las visitas...... con la consiguiente frustración, porque es imposible abarcarlo todo. Pero el texto habla en plural. Nos va a preguntar si “lo hicimos”. También en la tarea con los más pobres es necesaria una gran dosis de humildad (tal vez recordando que ni la tarea es mía, ni los pobres son míos), y de agradecimiento a lo que otros y otras hacen. Es una invitación personal, como toda vocación, que se desarrolla en comunidad. Un encuentro personal con Jesucristo que se plasma en un encuentro eclesial con quien más sufre.
 
3. SÍNTESIS
 
Ser cristiano siempre supone vivir en un cierto equilibrio. Entre el amor a Dios y al prójimo, al pobre. Entre lo que hago y lo que hacemos nosotr@s. Entre la contemplación y la acción. Entre las palabras y las obras, el lenguaje y la experiencia. Cada momento tiene sus subrayados, cada situación nos inclina hacia alguno de los lados, cada dimensión tiene su espacio y su importancia. Pero, en caso de duda, siempre con las preferidas y los preferidos de Dios, es decir, siempre con Dios.
 
Javi García López. Diócesis de Bilbao