Domingo 2º Adviento - B

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Estudio de Evangelio. José Mª Huerva Mateo

En esta sociedad donde la cultura ambiental   de los valores humanos está a la baja; donde se desconoce la fuerza renovadora del amor: una parte narcotizada por los ídolos de materialismo consumista y el hedonismo y otra que lucha denodadamente por sobrevivir; el anuncio de Jesucristo como Buena Noticia es muy difícil que sea significativo sino no le precede de nuestra parte, la acción de la misericordia.

 
6 diciembre 2020. Marcos 1, 1‑8
 
“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Está escrito en el Profeta Isaías: Yo envío mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino.
Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.
Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
—Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”
 
El comienzo del Evangelio, lo presenta Marcos como el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo amado, por medio de Juan el Bautista, el precursor, el que tiene el encargo de preparar el camino allanando sus senderos: “te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando la salvación y el perdón de los pecados” (Lc1,76).
 
La misión del precursor: llamando a la conversión y bautizando tiene por objeto que el pueblo de Dios pueda reconocer a Jesús como el Mesías prometido y esperado por los pobres, por aquellos que esperan la salvación de Israel y que acudían a él para ser bautizados en el Jordán.
 
El evangelista nos describe la figura de Juan en su austeridad para recordarnos que la fuerza y el poder del mensaje alcanza todo su significado cuando el que lo anuncia vive con sencillez y pobreza, cuando es testimonio de una realidad mucho mayor. Porque él sólo es la voz de la Palabra.
 
Juan es sólo un mensajero que anuncia al Hijo de Dios y su mensaje, su bautismo es sólo de conversión, de preparación que capacita para ser bautizados con Espíritu Santo. El bautismo de Juan tiene la virtud de preparar “a un pueblo bien dispuesto” (Lc 1,17) para recibir el bautismo de Jesús. La conversión hace real la receptividad y acogida de Jesucristo, como cumplimiento de las promesas de Dios; la voz y el testimonio del mensajero de la Palabra es el medio para escucharla y acogerla como Buena Noticia.
 
MENSAJE Y VIDA
 
1º.- El núcleo del fragmento del Evangelio de hoy es: “preparar el camino al Señor” en un mundo y una sociedad que ha perdido la cultura religiosa y que por consiguiente el lenguaje religioso no es significativo. Estamos muy lejos del ambiente cultural donde se expresaba el Bautista, donde un resto esperaba el cumplimiento de la promesa de Dios. Sin embargo, la necesidad de salvación de nuestra sociedad actual, sigue siendo la misma o tal vez más apremiante; el designio amoroso de Dios no ha cambiado: “Dios quiere que todos los hombres salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4): las personas que habitamos en este planeta, somos el Pueblo amado de Dios. Todos hermanos como nos recuerda el papa Francisco.
 
2º.- En esta sociedad de cultura ambiental indiferente al mensaje del Evangelio, por no decir adversa; en la que los valores humanos están a la baja; donde se desconoce la fuerza renovadora del amor: una parte narcotizada por los ídolos de materialismo consumista y el hedonismo y otra que lucha denodadamente por sobrevivir, el anuncio de Jesucristo como Buena Noticia es muy difícil que sea significativo si no le precede por nuestra parte la acción de la misericordia. La sociedad en su conjunto, saciados y hambrientos, necesitan el impacto del amor de Dios; los segundos por la experiencia de ser socorridos, ayudados en sus situaciones vitales; los primeros con la esperanza de que el signo de la misericordia les interrogue y cuestione su manera de vivir.
 
3º.-Las comunidades eclesiales nos tenemos que replantear contantemente: ¿Cómo preparar el camino al Señor? y la respuesta nos la da la misma Palabra de Dios: “que las colinas se abajen”, y “los valles se allanen”, haciendo de la misericordia el centro de nuestra vida, tanto a nivel personal como comunitario; la misericordia es por definición el amor que actúa, que busca a su próximo herido y necesitado; Iglesia samaritana como comunidad   y cada uno de sus miembros personalmente, saliendo al encuentro de los que yacen al margen del camino, despojados de autoestima y dignidad con la esperanza de su rehabilitación; esta es nuestra contribución para “allanar los valles” de nuestra sociedad. Para nosotros los creyentes: la conversión permanente que nos introduce en la dicha del crecimiento sin fin; para los necesitados la experiencia de ser acogidos y amados. Es maravilloso lo que la Iglesia universal está realizando en este sentido a través de diversos organismos, pero insuficiente por la magnitud de necesidades. Ahí está la llamada constante del Papa Francisco a todas las personas de buena voluntad: creyentes y no creyentes. Para nosotros, como cristianos esta misión supone ensanchar constantemente nuestra capacidad de Dios como Absoluto de la vida y del amor; para los que se sienten amados la posibilidad de que Jesucristo pueda ser algún día significativo en sus vidas, que conociendo el Amor puedan creer en él (cf 1ª Jn 4,16); para los que viven el sopor de la indiferencia y en el desconocimiento del amor, la esperanza de que sean tocados por el testimonio de la misericordia.
 
4º.- Voy a poner algunos ejemplos que se están realizando en nuestra Diócesis de Barbastro-Monzón, una diócesis pequeña, con 100.000 habitantes, enclavado en un ámbito rural entre la rivera del Cinca y la montaña pirinaica, donde los cuatro núcleos urbanos suman 56.000 habitantes; también aquí la crisis económica a causa de la pandemia que estamos viviendo nos ha golpeado profundamente, añadiendo a las situaciones críticas ya existentes esta nueva realidad. Las necesidades de muchas familias son acuciantes. Caritas, en estos momentos necesita cada día 2.000 euros diarios, solo para darles de comer y pagar recibos de luz y de agua.
 
El primero: ante esta realidad la diócesis ha abierto una cuenta covid, para este empeño y la respuesta ha sido admirable, como botón de muestra todos los sacerdotes de nuestro Arciprestazgo Bajo Cinca ofrecieron un sueldo mensual de su paga, y algunos con una generosidad conmovedora, pues lo hicieron pidiendo un préstamo, porque no disponían de liquidez.
 
El segundo: la parroquia que tengo el gozo de servir, de 1.000 habitantes disminuida en su asistencia dominical a causa de la pandemia por su elevada edad, unos 70 miembros, ha contribuido con 2.200 euros.
 
El tercero: con motivo de la campaña de la Iglesia Diocesana, desde la Administración General del obispado, nos hemos propuesto iniciar el camino de la autofinanciación de nuestra comunidad eclesial con el lema “por una parroquia sostenible y solidaria” que intenta sensibilizarnos sobre nuestra identidad cristiana: corresponsable y solidaria.  Lo cual supone un esfuerzo de conversión: porque valoramos el tesoro de nuestra fe, la queremos sostener con nuestros bienes; porque el amor de Dios es el alma de nuestras comunidades, queremos compartir tanto como podamos con nuestros hermanos que más necesitan.
 
Signos pequeños, de una Diócesis pequeña que nos siguen animando a “preparar el camino al Señor”.
 
5º.-En estos, momentos que nos toca vivir, la conversión a Dios de nuestra realidad eclesial consiste principalmente salir al encuentro de todos nuestros próximos que sufren y pasan necesidad, creo que el mejor testimonio para preparar el camino al Señor.
 
ORACIÓN
 
Señor, concédeme el don de la conversión permanente, la gracia de crecer en tu voluntad mientras dure mi peregrinación en este mundo; que tu misericordia sea la que mueva mi corazón; que cuando me acerque a mis hermanos mensaje y misericordia coincidan, preparando así tu camino de salvación. Amen
 
 
José Mª Huerva Mateo
Diócesis de Barbastro-Monzón