Domingo 4º Adviento - B

Visto: 102
Estudio de Evangelio. José Mª Huerva Mateo
El Dios omnipotente pide el concurso de la libertad de la criatura para hacerse presente en nuestro mundo, como uno de nosotros. Aceptar como María es comenzar un nuevo Éxodo de liberación, que, entre avances y retrocesos, nos ha de llevar hacía la plenitud de nuestra humanidad. Cuando nos hacemos disponibles a la llamada del Señor, también a nosotros como a María, se nos da más de lo que se nos pide, pues somos fecundados con el Espíritu Santo, protegidos y guiados por la sombra del Altísimo
 
 
20 diciembre 2020. Lucas 1, 26‑38
 
“A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo:
—Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo:
—No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
—¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó:
‑El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
—Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
 
El cuarto domingo de Adviento, es el domingo de la Encarnación, tal como lo expresa la oración colecta de Misa. En el ciclo B que iniciamos contemplamos: el anuncio del Ángel a María y su aceptación  para ser Madre del Salvador, una realidad, que como todo misterio nos supera, nos sorprende y nos interpela.
 
Lucas como buen historiador, utiliza el género narrativo que es el que tiene más posibilidades de ser acogido por todo tipo de personas, para que posteriormente pueda ser contemplado y sacar consecuencias según los dones que cada uno ha recibido de Dios.
 
“A los seis meses”, del anuncio de la concepción del Bautista, Dios vuelve a tomar la iniciativa, por medio de su mensajero para anunciar sus designios de amor y benevolencia con la humanidad. La primera palabra del ángel es: “Alégrate”. La alegría que viene de Dios ilumina  la capacidad, receptiva de María para atender un mensaje que le trasciende;  una vez que ella ha recibido este don , se le comunica la bendición de Dios: “llena de gracia, el Señor esta contigo; bendita tú entre las mujeres”, aquí resuena el eco del domingo anterior, la causa de nuestra alegría.  Y prosigue la narración diciendo  que, “ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba que saludo era aquél”. Dios la sorprende, rompe los esquemas de su comprensión intelectual, para ir más allá, abriendo al infinito la dimensión de su fe.
 
El ángel, antes de anunciarle el contenido íntegro de su mensaje, refuerza la confianza de María con estas palabras: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios”. Cuando Dios se acerca  a la criatura, con acontecimientos que trascienden nuestra comprensión, lo primero que hace es expulsar cualquier temor que pueda impedir su acogida. Así  ocurre en todos los relatos de la resurrección (Mt 28,11; Mc 16, 6; Lc 24,38; Jn 20,19.26), o ante hechos de índole semejante, como la presencia de Jesús caminado sobre las aguas del lago de Galilea: “No tengáis miedo” (Mt 14, 17c; Mc 6, 50;Jn 6,20). ¡Qué admirable es la pedagogía de Dios!
 
Una vez que a María se le ha comunicado el designio de Dios sobre ella: ser madre del Salvador, cuyo reino no tendrá fin, María vuelve a preguntar: “¿Cómo será eso, pues no conozco varón? El ángel le contestó: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios”.
 
María, fecundada por el Espíritu es protegida con la sombra del Altísimo, ante los malos entendidos que le puedan venir como madre soltera (cf Mt 1,21-25). Esa presencia protectora, nos hace pensar en aquella nube (Shekiná) de la gloria de Dios, que protegía  y guiaba al pueblo de Israel durante el Éxodo (cf Ex13,21;14,19.24), y que se manifestará también en los relatos de la Transfiguración (cf Mt 17,5; Mc 9,6; Lc 9,34). Símbolo de la presencia cierta e inequívoca de Dios.
 
Hijo de Dios e Hijo de María ¡Misterio de benevolencia y de anonadamiento de Dios! que se acerca a la humanidad haciéndose uno de nosotros y “pasando por uno de tantos”(Fil 2,6).
 
El ángel, le da una señal, el embarazo de la estéril Isabel,  “porque para Dios nada hay imposible”. María confiando en el poder Soberano de Dios, responde: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y ”La palabra se hizo carme y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, gloria del Hijo único del Padre, lleno de lealtad y fidelidad”(Jn1, 14)
 
 
MENSAJE Y VIDA
 
1º.- Dios viene en auxilio de la humanidad de una manera sorprendente e incompresible para la razón humana; este misterio es desbordante y sólo lo podemos acoger, adorar y celebrar con una fe virginal como la de María; es la fe que no duda, no desconfía, no se deja engañar por la falsa humildad; la fe que pone todo lo que es y tiene a disposición del Señor, en definitiva es dejarse afectar por un misterio que nos trasciende y que sólo se nos revelará en plenitud en la vida bienaventurada  más allá de la muerte.
 
2.-La divinidad se esconde en el ser humano; para hacernos capaces de Dios, para no aplastarnos con su poder y su gloria, “porque nadie puede ver a Dios y quedar con vida”(Ex 33,20); sin este anonadamiento nuestra fe perdería toda la libertad de acogida; Dios nos conoce bien, pues somos hechura de sus manos, y sabe como reaccionamos ante el poder: con  miedo que se manifiesta en  la rebeldía, o en  servilismo adulador, por eso se ha hecho accesible a nosotros para que “le encuentre el que le busca”( plegaria Eucarística IV): “Quién madruga por ella no se cansa. La encuentra sentada a la puerta”(Sab 6,13).
 
 
3.- El Dios omnipotente pide el concurso de la libertad de la criatura para hacerse presente en nuestro mundo, como uno de nosotros. Aceptar como María es comenzar un nuevo Éxodo de liberación, que entre avances y retrocesos, nos ha de llevar hacía la plenitud de nuestra  humanidad; entrando a formar parte de la familia de Dios: “Ahora somos hijos de Dios, pero aún no se ha manifestado lo que seremos, sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos tal cual es (1 Jn 3,2b). Cuando nos hacemos disponibles a la llamada del Señor, también a nosotros como a María, se nos da más de lo que se nos pide, pues somos fecundados con el Espíritu Santo, protegidos y guiados por la sombra del Altísimo
 
4.-Dios se hace mendigo de los seres humanos, porque siempre apela a nuestra libertad. Dios ha querido hacerse presente en nuestro mundo para llevar la salvación a todo el género  humano  contando con todos los que participamos de la fe del Pueblo de Dios;  conscientes que el don de la fe es ser agraciados ante Dios como María; si vimos las distintas llamadas durante el curso de nuestra historia con esta convicción, nuestra misión no sólo será más llevadera, sino que será una misión gozosa que nos hará vivir como ella,  cantando sus grandezas por que el Señor se ha fijado en nuestra pequeñez (cf Lc 1,47-48)
 
5.- Como reza un himno de Epifanía: “Dios se nos manifiesta, cuando más hondo se esconde”. En la encarnación se nos dan las verdaderas claves para acogerle y recibirle: en los lugares insignificantes sociológicamente como Nazaret; en las personas irrelevantes, pequeñas, sencillas, pobres; también en nuestras pobrezas: en las arideces de nuestros desiertos; en las soledades no deseadas; en los vacíos vertiginosos; en nuestros quebrantos de salud; en nuestros cansancios; en nuestros oprobios;  en la monotonía tediosa; en definitiva en todas las noches oscuras de nuestra existencia, que sin dejar de ser lo que son, vividas desde la  fe, quedan transfiguradas por su presencia. Esta realidad nos remite a la situación de alegría espiritual, a la que nos referíamos el domingo pasado.
 
6.-El Señor, por medio de su Palabra, este Adviento nos ha llamado a “Velar” en el primer domingo; “a preparar el camino al Señor” en el segundo; a “vivir la verdadera alegría” en el tercero, y “acoger al Señor” como María en este último. Si respondemos a sus llamadas nos llevará, sin duda alguna, a una ¡Feliz Navidad !
 
 
ORACIÓN
 
Señor, y Dios nuestro ¡Que admirable es tu benevolencia y tu misericordia con nosotros! En la persona de la Virgen María, has enriquecido con la presencia de tu Hijo a todas las generaciones que la llamamos bienaventurada; a todos que hemos conocido el misterio de tu Encarnación. Te rogamos que, mirándola siempre como: “vida y dulzura, esperanza nuestra”, vivamos en la tierra imitando su fidelidad y alcancemos con ella en el cielo las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amen
 
José Mª Huerva Mateo
Diócesis de Barbastro-Monzón