Domingo 5º T.O. - B

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Estudio de Evangelio. Aurelio Feliciano Sosa

 

Marcos presenta una jornada típica de Jesús: sana a los enfermos de diversos males y expulsa a los demonios; se retira muy de madrugada a orar en un descampado y ejerce de predicador itinerante.

 

7 de febrero de 2021. Mc 1,21-39.

Al salir de la sinagoga, Jesús fue inmediatamente a la casa de Simón y Andrés con Santiago y Juan. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, por lo que en seguida le hablaron de ella. Jesús se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. Se le quitó la fiebre y les estuvo sirviendo.

Antes del atardecer, cuando se ponía el sol, empezaron a traer a Jesús todos los enfermos y personas poseídas por espíritus malos. El pueblo entero estaba reunido ante la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase y expulsó muchos demonios; pero no los dejaba hablar, pues sabían quién era.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario. Allí se puso a orar.

Simón y sus compañeros fueron a buscarlo, y cuando lo encontraron le dijeron: "Todos te están buscando". Él les contestó: "Vámonos a las aldeas cercanas, para predicar también allí, pues para esto he salido". Y Jesús empezó a visitar las sinagogas, recorriendo toda Galilea. Predicaba y expulsaba a los demonios.

 

Acogemos la luz del Espíritu: “Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego”.

 

Notas.

La casa es espacio de reunión y encuentro familiar, lugar privilegiado de la comunidad.

Jesús, informado de la fiebre de la suegra de Pedro, entra en la habitación interior, la toma de la mano y la levanta en gesto de evocación pascual.

Después, es ella misma la que toma la iniciativa de su casa (su iglesia): interpreta su curación como llamada a un servicio que no se puede entender como simple trabajo servil, propio de mujeres dominadas por varones ociosos, sino como ministerio mesiánico, vinculado a la comida, entendida no sólo como mero servicio alimenticio, sino como creadora de vínculos de encuentro y comunión. Ella es la primera resucitada y servidora en la Iglesia.

Cura a los enfermos de diversos males, después del sábado y fuera de la sinagoga y de la casa (Iglesia doméstica), rompiendo la sacralidad del tiempo y del espacio, borrando toda frontera entre lo profano y lo sagrado.

Se deja impresionar por la necesidad de aquella gente y los cura en silencio, mostrando su autoridad, comunicando vida, salud, sin dejar que propaguen de manera pública sus gestos.

Lo vemos orando, en la noche, en un lugar desierto, como si quisiera retomar su experiencia de encuentro con su Padre en el bautismo, para zafarse de la insistencia de sus discípulos en convertirlo en un mero curandero doméstico al que acudirían los enfermos. Busca el encuentro personal con su Padre para redescubrir y afianzarse en el camino que debe recorrer.

 

Dios se muestra en Jesús como el Dios compasivo ante el dolor, que va al encuentro y levanta al pobre de su postración, invitándole a servir gratuitamente. Un Dios al que se le encuentra en el silencio y tiene un plan de salvación integral y universal.

 

La Buena Noticia: Jesús viene a inaugurar la “revolución de la ternura”, a cargar con nuestros dolores, a levantarnos, a darnos nueva vida, para que ejerzamos nuestro servicio no de una forma servil, sino como continuadores de su obra en la Iglesia, con una mirada universal.

 

Hoy nuestra Iglesia se siente llamada a continuar la obra de Jesús, mediante el ejercicio de la caridad, que quiere sanar en profundidad a la persona y a la sociedad, sin buscar el aplauso fácil, con una mirada universal, como lo hacen tantos agentes socio-caritativos.

Como los apóstoles, muchas personas están atentas, con el corazón despierto, la mirada atenta, el oído abierto, para captar el dolor de nuestra gente y presentárselas a Jesús.

Muchas personas rehabilitadas de la adicción al alcohol, la droga, el juego, se dedican a trabajar en la recuperación de quien ha caído en esas dependencias.

Los militantes y cuantos trabajan pastoralmente de una forma más intensa al servicio de las personas vulnerables, son conscientes de la necesidad del encuentro con el Dios de la Vida en espacios de silencio y soledad, para ser fieles a su proyecto.

 

Sentimos la invitación a continuar la obra sanadora de Jesús, teniendo los oídos atentos al clamor de las personas frágiles; a hacer de nuestras comunidades “hospitales de campaña” donde acoger a quien esté postrado/a y ponerle en pie; a propiciar espacios de oración para dejarnos encontrar por Dios que nos mantiene en la dirección correcta en nuestra tarea misionera; a anunciar el Reino, con una mirada universal, con palabras y acciones liberadoras.

 

Dialogamos con el Señor con éstas o parecidas palabras: “Te bendecimos, Padre, por tu Hijo Jesús que, con la fuerza de su palabra y de sus gestos, venció la enfermedad.

Recorrió las aldeas para conjurar la fiebre y levantar a hombres y mujeres de su lecho y ayudarles a que se dispusieran a servir. En las noches entraba en comunión contigo y se sentía amado y enviado a llevar la Buena Noticia a toda persona necesitada.

Que quienes seguimos a tu Hijo, experimentemos la urgencia de dejarnos tocar por tu Espíritu y así, con su luz, fortaleza y consuelo, seamos testigos de tu amor fiel, gratuito y universal. Amén”

 

Aurelio Feliciano Sosa. Diócesis de Tenerife