Domingo XVIII T.O. - B. 2021

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Estudio de Evangelio. Serafín Fernández Rodríguez.

En el episodio que contemplamos este domingo, nos situamos como discípulos que quieren escuchar, aprender e imitar al maestro, que quieren dejarse enseñar por sus palabras y gestos. 

 

1 de agosto de 2021. Jn 6,24
 
La gente acaba de ser alimentada milagrosamente por el Señor. Le buscan y le encuentran. Y el Señor quiere aprovechar la ocasión para enseñar a la gente y a nosotros que significa el banquete que les ha dado.
 
El Señor inicia la enseñanza partiendo de la experiencia que han tenido de ser alimentados con pan y peces. Un alimento que es solo temporal y perecedero. Y da la razón por la que lo buscan: es por ser saciados de pan. Y les invita a que no nos quedemos sólo en lo material, sino que veamos lo que significa ese signo del alimento. Porque fu fe es muy superficial.
 
Desde ahí, ofrece el Señor un nuevo pan. Ya duradero, y que da la Vida eterna. El Señor no rechaza la fe inmadura, los intereses materialistas, sino que enseña para que la gente pueda tener una visión más profundo de lo que se ve en la obras de Jesús. Les va educando para que le busquen no por los intereses materiales, sino porque descubran que es el Hijo del Padre, a quien este Padre ha acreditado con sus obras: “que creáis en aquél que él envió”.
 
Jesús, en la educación de la gente, va despacio y con calma. Porque la gente, y también nosotros, no entendemos a la primera: “trabajad no por el sustento que perece, sino por el sustento que dura y da vida eterna”.  Porque corremos el riesgo de ver solo lo material y olvidarnos del verdadero alimento. De fijarnos sólo en lo que se ve y ahogar las necesidades que anidan en lo profundo de nuestro interior.
 
Se encuentra Jesús con la incredulidad de sus oyentes: “qué señal haces? .... nuestros padres comieron el maná en el desierto”. La gente pide un signo para creer, y Jesús, una vez más, invita a ver más allá del signo: quien les dio el maná no fue Moisés, fue Dios. Y, es también Dios quien regala el pan que da Vida.
 
Estas palabras de Jesús provocan el la gente el deseo  de ser alimentados con ese pan. “Señor, danos de ese pan”. Y, al llegar en la gente el deseo de ese pan, Jesús ya les dice que él es ese pan. Que su misión es ser alimento de Vida eterna. Que él ha venido para entregársenos como alimento.
 
 En este nuestro acompañar al Señor fuimos escuchando ciertas voces  que nos van llamando a estar con Él, a dejarnos educar por Él, a dejar que Él nos ayude a descubrir quién está detrás de los signos que vemos, a dejar que Él sea nuestro alimento, y que nos transforme también en alimento para sus gentes.