Domingo 14º T.O. - C

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Propuesta de José María Tortosa Alarcón

ANTE LA INMENSIDAD DE LA TAREA, NADIE ESTÁ DE MÁS

 

En los planes de evangelización se nos pide tener en cuenta la dimensión misionera de nuestra fe. Somos conscientes de que la realidad social y religiosa ha cambiado bastante en nuestros ambientes y que, como dice el papa Francisco, “no nos sirve el cómodo criterio pastoral de que siempre ha sido así”, pues las cosas no siempre han sido así y, además el tiempo va cambiando muchas de ellas.

Pues bien, ante esta realidad y ante la inmensa tarea que se nos avecina o que ya estamos viviendo, nadie está de más, de ahí el “rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!” (Lc 10,1-12.17-20), es decir, no dejéis para mañana lo que se puede hacer hoy, “a cada día su afán”. Y el afán en estos momentos concretos es testimoniar con nuestras palabras y con nuestras obras lo que Dios ha hecho y hace con cada uno de nosotros, como nos refiere el salmo 65 que hoy meditamos en la liturgia. “No es tarea fácil: el rechazo lo llegaremos a experimentar en propia carne. Pero también la certeza de que estamos cumpliendo con el plan de Dios. Haciendo posible el cielo en la tierra. Llevando a término la instauración del Reino de Dios”.

Y todo ello con alegría, “estad alegres porque vuestros nombres estén inscritos en el cielo”; estad alegres porque somos colaboradores en la creación de la Civilización del Amor, de la paz, de la acogida, del encuentro, del diálogo, de la humildad, etc. (Is 66,10-14c). Estad alegres con los que ríen y, también, con los que trabajan por una humanidad mejor, sean de la raza, sexo, política, credo o condición que sean, pues el cristiano vive inmerso en medio del mundo y trabaja, codo a codo, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad que buscan el bien común, especialmente el de los más pobres y vulnerables; por eso, ante la inmensidad de la tarea, nadie está de más, al contrario, nos necesitamos unos a otros y no podemos permanecer indiferentes. Este es el valor simbólico de universalidad que tiene el número setenta y dos que aparece en el evangelio. Reducir el encargo de anunciar el evangelio a sacerdotes y religiosos es reducir el pensar de Jesús. Es necesario que haya hombres y mujeres que tengan sentido de comunidad, que trabajen para que no se pierda el fruto, que asuman su misión y su responsabilidad que la Iglesia acepta y envía. Cuando se vive en sintonía con el plan de Dios no puede haber paro entre las comunidades cristianas. Toda comunidad es por sí misionera.

Los misioneros proclamamos la buena noticia, la llegada inminente del Reino de Dios y por eso deseamos la paz, curamos enfermos, compartimos vida y mesa más allá de prejuicios y escrúpulos legales. Todo ello con un estilo misionero: orando al dueño de la mies porque confiamos en que Dios llevará a cabo su obra y nosotros estamos disponibles; viajando con lo estrictamente imprescindible, relativizando la seguridad y la eficacia que ofrecen los bienes materiales frente al apoyo ofrecido por el Señor que envía; sin muchos saludos protocolarios que nos entretienen en las pequeñas cosas; y, muchos no nos entenderán “como corderos en medio de lobos”, pero no por ello los misioneros renunciaremos a actuar con mansedumbre, en coherencia con la paz que se quiere comunicar. Se nos invita a vivir de tal manera que toda persona pueda descubrir que la paz, la amistad, la bondad, la solidaridad y la benevolencia existen, y que la vida, a pesar de todo, es buena. “Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo” (Gal 6,14-18). Jesús está vivo y sigue hablándonos en nuestro hoy concreto.

José Mª Tortosa Alarcón. Presbítero en la Diócesis de Guadix-Baza

 

PREGUNTAS:

 

  • ¿Me siento enviado? ¿De qué manera integro la dimensión misionera en mi modo de vivir y de entender mi compromiso cristiano?
  • ¿Qué tipo de esperanza transmitiríamos a nuestro mundo si anunciásemos y viviésemos este mensaje según lo hemos visto reflejado en el evangelio de hoy?