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SI ME FALTA EL AMOR

Queridos todos los que seguís, domingo a domingo, este comentario: Seguro que habrán notado cómo, con relativa frecuencia, me sirvo de letras de cantos para dar título al texto comentado; o bien, utilizo frases de ellas para apoyar mi argumentación. Esto es así, por varios motivos. Entre ellos, porque me gusta la música, porque creo que a través de ella se dicen, se sienten y se viven infinidad de sensaciones, emociones y experiencias, además de que te invitan a la reflexión, a la oración y a la acción.

 

Pues bien, hoy me ocurre lo mismo, es otra letra de la canción “Si me falta el amor” que recoge el texto de 1ªCor 13 –Himno a la caridad-, la que puede apoyar la reflexión a la Palabra de Dios de este domingo y, quizás también, de los siguientes, porque las lecturas que escucharemos los domingos que nos quedan hasta el final del Ciclo Litúrgico B en el que nos encontramos, son concretas y exigentes, mostrando a un Jesús que en su caminar hacia Jerusalén, no para de instruir a sus discípulos y constantemente, se está revelando en lo que Él es y quiere de nosotros. Su pasión es el Reino de Dios: la acción y opción a favor de la vida para todo ser humano, venga de quien venga. Así, se aceptará a quien la defienda, o se recriminará a quien la desprecie y maltrate.

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Evangelio según Marcos (9,30-37)

En aquel tiempo, 30 Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, 31 porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:

–El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.

32 Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:

–¿De qué discutíais por el camino?

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LA BENDICIÓN DE DIOS PASA POR LA ENTREGA Y EL SERVICIO

Escribo estas letras para tu reflexión, y en el marco de la Jornada Mundial de las Migraciones, seguimos recibiendo en una continua oleada a personas que llegan a nuestras costas, pobres en busca de un futuro y de una vida mejor. Se juegan, literalmente, la vida por salir de la miseria y se dejan a expensas y en las manos de los que se aprovechan de esta situación.

 

Nuestro país, que ha vivido de la emigración, sabe mucho de esto, pero nunca hasta tal extremo, creo yo. Pero, me da la impresión de que estamos perdiendo sensibilidad ante estas situaciones y otras parecidas, llegando a verlas normales y, olvidando, en muchas ocasiones, que el ser cristiano nos exige estar al servicio de todos para llegar a ser los primeros (Mc 9,30-37). Además, se nos exige oponernos a todo tipo de acción que vaya contra la dignidad humana, echando en cara los pecados que se comenten (Sab 2,12.17-20) contra cualquier persona; y, también, acoger al que no cuenta, porque ello es acoger a Jesús y al mismo Dios.

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Evangelio según Marcos (8,27-35)

En aquel tiempo, 27 Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos:

–¿Quién dice la gente que soy yo?

28 Ellos le contestaron:

–Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.

29 El les preguntó:

–Y vosotros, ¿quién decís que soy?

Pedro le contestó:

–Tú eres el Mesías.

30 Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

31 Y empezó a instruirlos:

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EL REINO DE DIOS ES LA TAREA DEL CREYENTE

“La fe que no tiene obras, por sí sola está muerta” (Sant 2,14-18). Además, para que esa fe no se vacíe de contenido y sea correctamente entendida, necesitamos responder con frecuencia la pregunta que Jesús hace a sus discípulos “¿quién decís que soy yo?” (Mc 8,27-35). Ni el mismo Jesús se libra de hacerse esa misma pregunta porque es vital y conecta con lo más profundo de la persona. Además, la respuesta no se puede hacer esperar porque en ella nos jugamos el sentido de la vida y la orientación que a ella queremos dar.

 

Necesitamos clarificar nuestra fe y la misión, igual que Jesús necesitó aclarar, poco a poco, su misión, así como tener que redefinirla constantemente. Son las crisis vitales a las que continuamente nos enfrentamos, máxime cuando nos parece que las cosas no van bien o no van como estaban previstas.

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Lectura de algunas páginas del Antiguo Testamento

a partir del Magníficat de María

(Lc 1,46-55)

Para contemplar el amor de Dios a su Pueblo,

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