Octubre 2019
Cristian –joven de entre 25 a 30 años- cada vez que lo veo me conmueve. Vino al barrio con su padre, hace seis años. Murió su madre y los desahuciaron de su vivienda. Ahora comparten el piso familiar con el tío.
Carecen de ingresos. El padre pedía a veces en las puertas de las Iglesias del centro de la ciudad. También venían los dos a por los alimentos de Caritas.
No sé lo que habrá estudiado Christian. Pero en cierta ocasión manifestó que entendía de informática, que incluso podía hacer páginas Web.
La semana pasada me dijo que su padre había fallecido después de estar unos dos meses en el Hospital. El sigue viviendo con su tío.
Aprovecho cuando viene a Caritas para ofrecerle información de cursos de Caritas. Y se interesó por el de ayudante de cocina y cuidador de mayores, porque en el Hospital le dijeron que tenía mucha paciencia con su padre y podría servir para cuidador. Aunque su tartamudez –se atasca al comenzar a hablar- será un hándicap para posibles trabajos.
Siempre lo veo solo por el barrio. Me cuesta mantener la conversación con él, esquiva el seguir hablando y muestra casi siempre prisa en irse.
Hablamos de la posibilidad de hacer algún trabajo de informática, pero ya no tenía Wifi. Y su objetivo ahora es encontrar trabajo sea como sea.
Una cosa creo haberle dejado clara. Mi interés en ayudarle. Que contara conmigo si necesitaba algo sobre todo para desarrollar algún trabajo.
Muchos jóvenes como Christian pueblan nuestros barrios. Sin un futuro prometedor, con escasas posibilidades de poder realizarse. El ahora sin la compañía de sus padres. Son los nuevos pobres de nuestro siglo. Donde podemos contemplar el rostro de Cristo que reclama nuestra atención y cercanía. Que le aportemos esperanza y luz.
No sé cuándo lo volveré a ver. Pero seguro que reiteraré mi interés por él y mi generosidad si muestra alguna necesidad.
Manuel Vida Ruiz. Córdoba