Pepe Rodado

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     Pepe Rodado (4)

Ayer, antes de la eucaristía en la parroquia de sant Lluc, una mujer, Carmen (“pero todos me dicen Carmele”), me dice que tiene una pena: operaron a su hijo y ella ofreció a la Virgen que, si salía todo bien, le ofrecería un ramo de flores.

Todo fue bien y quiere traer las flores pero no encuentra floristerías abiertas… pese haber ido incluso a una de Hospitalet. Dice que ha pensado que a la Virgen le dará igual si da un dinero para los pobres, y cuando pueda, traerá algunas flores… La animo y le digo que está muy bien pensado, que a María le gustará su sentimiento de agradecimiento y el gesto que lo expresa; que el dinero para los hermanos necesitados le gustará todavía más que las flores. Ella se ha quedado más tranquila.

 

Después de misa, Omayra me explica que el domingo pasado no pudo venir. Resulta que está en un piso de acogida de una Fundación que trabaja con personas que tienen adicciones o padecen violencia de género. Ella ha tenido los dos problemas. Dice que hace tiempo que no bebe y el alejamiento de su pareja la tiene más tranquila. Pero está muy preocupada por su madre enferma en su país, ya que sus hermanas no pueden ayudarla. Ella no puede trabajar y no le puede enviar dinero para comer y para las medicinas que necesita. Dice que lleva 2 meses en el programa de la Fundación y ha de estar un año… y mientras esté no puede trabajar, pese a que le han salido posibilidades de hacerlo. Y eso la desespera. Omayra, el primer día que vino a sant Lluc me pidió una Biblia, que le regalé.

 

“Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y ellas me conocen a mí, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre (Jn 10,14-15)

 

Señor, gracias por permitir que vaya conociendo un poco mejor a tus ovejas, que son también las mías. Que a través mío puedan también conocerte mejor a Ti y tu amor por ellas. Gracias por el buen sentido común de fe de Carmele. Te confío también a Omayra en su difícil situación


Pepe Rodado (3)

Ayer me llamó por teléfono Luz, compañera de trabajo, boliviana. Me dice que sigue de baja y que está pendiente de la operación de estómago. El miércoles fue a su empresa, a hablar con Recursos Humanos. Le han dicho que cuando se recupere, la reintegrarán a su trabajo y con el contrato que tenía (tenía un contrato indefinido de 39 horas semanales en su empresa de limpieza, y con presión y amenazas le hicieron firmar la renuncia y que aceptara un contrato a media jornada. Esto la llevó a tener un ataque de ansiedad y un accidente laboral). Está muy contenta y más tranquila. Le dijeron que habían recibido dos cartas de compañeros apoyándola. Está muy agradecida de lo que hemos hecho por ella, convencida que las cartas han ayudado a la solución del problema. Ahora tienen que ir a Conciliación Laboral para acabar de resolver la situación. Le digo que también hemos de dar gracias a Dios. Y ella reafirma que sí, que ha de dar muchas gracias a Dios.
 
Estoy contento por la resolución final, por lo que representa para Luz y su familia, ya que dependen mucho de su trabajo y su sueldo. Y también por la acción que hemos realizado, a partir de la indignación inicial, de algunas compañeras (dos cartas: una dirigida a Recursos Humanos y otra al Comité de Empresa). También estoy decepcionado de los compañeros que no han querido saber nada… “porque son de otra empresa”. Nuestro gesto ha sido un pequeño triunfo de la solidaridad entre trabajadores compañeros pero de empresas diferentes. Esta es una de las dificultades que tenemos hoy en los trabajos: la externalización de algunas tareas a empresas diversas pero que compartimos lugar de trabajo. La versión neoliberal del “divide y vencerás”. Por eso creo que la acción tiene un alto valor simbólico, al menos para mí.
 
Te doy gracias Señor porque hemos sabido actuar como “buenos samaritanos” ante una Luz “tirada y maltratada” y hemos sabido acompañarla hasta el final de su restablecimiento laboral (Lc 10,25-37). Gracias por las compañeras que, con decisión, lo han hecho posible, especialmente Alina y Ángela. Te pido por los compañeros que no han querido ver la situación de Luz y han “pasado de largo”, y entre ellos, un miembro de nuestro Comité de Empresa. Que podamos leer este hecho de tal manera que sea un impulso para avanzar en solidaridad entre todos y todas, frente a tanta fragmentación e individualismo.




      

 Pepe Rodado (2)

Me encuentro a “Chechu” en la calle y me dice si le puedo ayudar, que estamos a día 15 de mes, le ha llegado el recibo del seguro del piso y “me he quedado temblando, ya no tengo nada para el resto del mes”. Chechu es un vecino del tercero de mi escalera. Hace un par de años se le murió la mujer de cáncer. Tiene un hijo menor que está estudiando, y otro en la cárcel.

Chechu hace tiempo que no trabaja. Cobró el paro que le correspondía y se le acabó. Ahora recibe la ayuda familiar de 400€. Una vez al mes va a DISA (Distribución Solidaria de Alimentos) a buscar alimentos, derivado por Servicios Sociales. Ha solicitado el Ingreso Mínimo Vital pero se lo han denegado. Ahora tiene cita para pedir la Renda Garantizada de Ciudadanía. Dice que siente tener que pedir pero que no tiene alternativa, que es un sufrimiento cada final de mes.

Estos días rezábamos con el Salmo 71:

1 Concede, oh Dios, al rey,

tu propia justicia y rectitud,

2 para que con rectitud y justicia

gobierne a tu pueblo y a tus pobres.

4 ¡Que haga justicia el rey a los pobres!

¡Que salve a los hijos de los necesitados

y aplaste a los explotadores!

 

*Señor, cuántos Chechus trabajadores pobres, que sufren para llegar a fin de mes, antes y durante la pandemia! Y cuánta burocracia humillante! Ayúdanos a tus seguidores, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a trabajar incansablemente para que la política esté al servicio de tu pueblo necesitado.  



 

 Pepe Rodado (1)

El sábado pasado, después de muchos meses (por la pandemia), visito a Rosario, en la residencia de Calella. Las medidas preventivas son estrictas. Puntualmente la han bajado al vestíbulo, en silla de ruedas. La visita es de 30 minutos. Nos vemos a través de una pantalla de metacrilato. Ella no habla. Tiene la mirada perdida. Le cuesta focalizarla en mí, y cuando lo hace, sólo por unos segundos, y vuelve a perderla. Le van cayendo los mocos y las babas. Intento decirle cosas, pero no responde, lógicamente. Con la mascarilla, que me dicen que no me puedo quitar, es más difícil que me reconozca y me entienda. A diferencia de otras veces, que la podía sacar a pasear por el jardín, cogerle la mano y darle algún beso (y algún cigarro), ahora eso es imposible, y me hace sentir incómodo. A los 20 minutos vienen a llevársela. Pregunto por Marta, la trabajadora social, pero está de vacaciones.

 

Como otras veces, pero agravado por la falta de contacto físico, me pregunto qué sentido tiene visitarla en estas condiciones. Hoy me duele especialmente la imposibilidad de expresarle ternura, cogiéndola de la mano. Y de hecho es ésta la razón y el sentido de mis visitas, desde hace años: mostrarle proximidad, respeto y cariño,  como un signo del amor Dios. Aparentemente no tiene mucho sentido, pero así lo vivo yo. Rosario es una llamada a la pura gratuidad del amor; lejos de toda eficacia. Como aquel conocido relato del marido que visita a su esposa con alzheimer, ella tal vez ni tan solo me conoce ahora, pero yo sí que la conozco a ella. Y todavía más el Señor, que la reconoce como hija suya. A ella, que durante su vida de prostituta y drogadicta, tantos se le han acercado para aprovecharse, sin respeto.

 

“Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo". (Jn 3,16-17)

 

*Señor, ayúdame a mantener fielmente las visitas a Rosario, como expresión de tu amor gratuito por tus hijos e hijas, especialmente por los pequeños y pecadores. Creo que sólo un amor así puede salvar y llevar a la vida, más allá de las apariencias. Ayúdame, y ayuda a tu Iglesia, a ser signos de este amor, que pasa por la cruz y lleva a la vida.